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domingo, septiembre 01, 2013

Septiembre


La luz lejana de septiembre, su eco deshilachado, el azul de todo lo que se desvanece y es del aire y no es casi nada, y no es de nadie.

Lo que me dije y no recuerdo, lo que ya no está, lo que olvidé junto a las fuentes.

Todo lo que no encuentro estos días de tierra y cobre.

Un telegrama urgente desde el centro de una luz que no se debiera extinguir.

La luz de la lámpara en la madrugada, lo que queda de la tarde, todo lo que echo de menos.

Por esto, por esto, y por esto, he salido a mi encuentro.

lunes, marzo 28, 2011

¿Más de lo mismo? (con Sin Fang y Summer echoes)


No sabrías teclear esa sensanción de ir vaciándote a la vez que te llenas de todo lo que queda. Época de descreimiento, sabes que casi todo es nada.

Una semana antes de cumplir los 44, allá por enero, me recetaron gafas para ver y mirar de cerca, para leer. ¿Otro ciclo? ¿Más de lo mismo? ¿El argumento de Gil de Biedma?.

Un niño de 2 años y una mujer de 67 merendando en una terraza, tomando un batido. ¿Hablando de qué?. Lo hipnótico de ese encuentro en mitad de una tarde atónita de tanta magia.

Una novela en la que sólo se cuente lo previo.

Un poema que cuente todo lo posterior, lo que está más allá de todo esto.

Esperas el calor y, con los años, has llegado a detestar el frío, la lluvia, lo oscuro. ¿Otro síntoma?.

Encontrarle un sentido, sí, pero, ¿a qué?

Un paseo entre los pinos. Las lluvias últimas han dejado los caminos repletos de barro.

El día se ha alargado y la tarde debería ser un columpio desde el que ayudas a subir, desde el mar, a una chica desnuda.

Eso sí: sobrevives a base de Sin Fang, y de su disco Summer Echoes.

viernes, noviembre 26, 2010

La carne en el asador (con Nothern Howl)

Siempre me inquietó la expresión poner toda la carne en el asador y ahora pienso en ella.

A estas alturas, conforme se va acercando mi cumpleaños (apenas quedan dos meses), me hago un firme propósito: que no queden ni las migas. Ir a por todas. Como esta música que descubro gracias a Los mundos de Fede, Nothern Howl, esa música que empieza tras la música, lo que viene detrás de lo que llega tarde, mi vida tras mi vida.

No sé si me explico, pero se trata de eso: de poner toda la carne en el asador, no sabría decirlo mejor.

Feliz fin de semana.



miércoles, octubre 27, 2010

Fuera (The Pines: Tremolo - II -)

Me acuerdo de ellos y sonrío.

¿Qué sienten, qué piensan, cómo son, qué les mueve para acceder al día desde el juego y cerrar los ojos tras el juego, el ir y venir, las risas, la actividad frenética del que sabe, desde el desconocimiento, que no hay que parar, que hay que seguir, y jugar, y reír, y disfrutar, que no tiene sentido dormir la siesta, sentarse, reposar, si hay cerca un columpio, una rampa que subir corriendo, alguien al que hablar, un simple plato que golpear con el tenedor ?

¿En qué momento dejamos de buscar el juego?

¿Por qué no buscamos el juego todo el tiempo?

¿En qué momento, cuando tuvimos delante un plato y un tenedor dejamos de pensar en hacer ruido y pensamos en comer?

Es ese momento el que busco.

Para saber qué pasó.

¿Para darle la vuelta?

¿O será que ahora el juego es justo esto: anotar, al compás de una melodía dulce que te bate en el pecho, que hubo un tiempo de juego, que ya no está?




Hace un año y un día: Casa de citas: Juan Bonilla

lunes, octubre 18, 2010

Del tiempo




De entre las historias que prefiero, hay una que, cuando pienso en ella, me estremezco y quiero extraer siempre una lección que seguramente la propia historia no contiene. No sé dónde la leí ni a quién pertenece, pero la dejo aquí.

Habla de un alpinista que encontró la muerte en una expedición invernal a los Alpes y cuyo cuerpo nunca pudo ser rescatado por lo complicado de la zona donde cayó. El alpinista dejó viuda una mujer embarazada. El niño que nació, creció con una obsesión por su padre, muerto en las montañas, desaparecido, sin una tumba en la que poder recordarlo y llorarlo, como le había contado su madre. Así que un buen día decidió que iría a los Alpes a encontrar ese cuerpo que, según le habían contado, permanecería intacto por el frío abrumador y perpetuo del glacial.

Pero pasaron los años y el niño, ya adulto, no supo encontrar ni el tiempo, ni el dinero suficiente para lanzar esa expedición que daría con el cuerpo del padre; sin embargo, ya casi anciano, un cúmulo de casualidades hizo posible el desplazamiento hasta los Alpes. Tras muchas semanas, debajo de los hielos, donde excavaron siguendo los testimonios de los que sobrevivieron, aquel niño, ya anciano, encontró finalmente a su padre. Pero su padre, que se había conservado con los 23 años de su muerte, en ese momento podría haber sido su nieto o incluso él mismo, por el tremendo parecido físico, muchos años atrás. Él había buscado a su padre, pero su padre, después de tantos años, ya no era su padre, no podía ser su padre, pues era casi 60 años más joven que él. Y, sin embargo, pese a todo, era su padre.

Hoy cumple mi madre 67 años (¡¡¡ felicidades !!!). Cuando murió mi padre -con 66 años- ella iba a cumplir 63. Ahora mi madre es mayor que mi padre, al que nunca podré recordar como un anciano. Si todo va bien, habrá un momento en que mi madre, anciana, sea mucho mayor que mi padre; incluso, si todo va muy bien, llegará un día en el que yo seré mayor que mi padre, que seguirá para siempre ahí, en ese esplendor de una vida que amó y por la que fue amado. El tiempo, además de tirano, es un misterio. Y no carece de magia, de dolor y de belleza, de mucha belleza.

Hace un año y dos días: Publicidad: Lo real y lo irreal + Un discazo de girls, Album

lunes, octubre 04, 2010

Una mudanza


Espero sepan disculpar esta prolongada ausencia, pero he estado mudando mi domicilio profesional.

Qué cosas.

Una cajonera que ha perdido sus cuatro ruedas, un mueble bajo ya, irremediablemente, sin sus dos puertas, tres cortes en las manos (edito: y uno en la cabeza que me he descubierto esta misma mañana), la cintura destrozada y media espalda dolorida, al menos me consuelo pensando que en la última mudanza la sacrificada fue una impresora, con lo que tiene eso de contrariedad para el laboro. Pero sigo vivo; eso sí, destrozadito ya para varios días.

Así que mañana lunes me incorporo a un sitio nuevo, unos pocos metros cuadrados pintados de azul claro, dos ventanas grandes, un árbol impresionante a la vista, una sala de espera tapizada en rojo, una pared (a mi espalda) que está pidiendo un Rothko y los papeles de siempre, los libros de toda la vida (¿tiro o no los aranzadis de 1995 y 1996?) y cierta ilusión. Que todo esté ordenado y que no haya un papel a la vista es un reto que trato de conseguir, aunque sé que no me lo termino de creer y tampoco sé para qué serviría.

Así que ya saben, si pasan por ahí (enlace), no dejen de avisarme. Hay tres o cuatros barecillos interesantes (muy interesantes) al lado. Ya saben: tomaremos unos vinos, unas patatas bravas y hablaremos de la vida, ese extraño abordaje, y alabaremos a la Michelle Rodriguez de Machete.



Hace un año y seis días: El cielo gira, de Mercedes Álvarez

Hace un año y cuatro días: Sangre joven, de Carlos Marzal

Hace un año y dos días: Good morning, Mega + Publicidad + The Phenomenal Handclap Band

viernes, septiembre 24, 2010

¿He hecho bien o he hecho mal? + Alazne Bilbao + Irvine Welsh

Pues eso, no sé si he hecho bien o no. Les cuento:

Ayer, cuando paseaba con Mus, un chico (de unos 16 años) me pidió un cigarro. Yo le dije lo que suelo decir: que tenía ducados, negro. Generalmente ahí termina la cosa pues los chicos de esa edad tienen la buena y sana costumbre de jincharse (Pichanube dixit) de porros. Pero este me dijo que perfecto, que le diera uno. Yo lo miré, lo vi muy joven y le dije: lo siento, no puedo darte, eres menor. Y ahí quedó la cosa. Un rato después me acordé de cuando yo tenía esa edad y no teníamos cigarrillos y los pedíamos por ahí (de hecho, alguna vez hicimos competiciones a ver quién conseguía más) y no recuerdo nadie que me dijera esa tontería. Y, sin embargo, a pesar de ser yo un fumador empedernido, el chico me pareció demasiado joven. No sé si he hecho bien o mal, no tengo ni idea, pero se me ha quedado esa sensación de ser un pureta retrógado, un gilipichas. En fin... la próxima le doy el paquete entero y el encendedor.

En otro orden de cosas, in the other hand, o como sea, me tropiezo con Alazne Bilbao, la top que más ha destacado en Cibeles, según los muy expertos (que son los que sigo y leo, hay que tener cuidado con eso, que hay mucha opinión ligera). Bilbaína, les dejo un retratrillo (de perfil tiene su naricita y todo, no vayan a creerse) con el cigarrillo que no le di al pobre chico.



Y como no sólo de tops vive el hombre, he estado leyendo dos trozitos de un libro de Irvine Welsh que no he leído (Acid House), en el blog O mejor...¡Denme el librillo entero!. Nunca he traído por aquí lo que disfruté leyendo Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo, genial, una literatura que, ahora mismo, me parece esencial. A ver si se ríen y disfrutan tanto como yo de estos dos trocitos (a mí el primero, particularmente, me parece delirante, genial.)

"De todos modos, en la mierda esa de Disneylandia, un tontolculo con traje de oso se nos pone delante de un salto, ¿sabes? Sacudiendo los brazos por todas partes y tal. La cría empezó a gritar que te cagas, le dio un susto de verdad, ¿sabes? Así que le meto una hostia al cabrón, le pego un puñetazo en la boca al puto vivales, o donde creía que tenía la boca, debajo de ese traje, ¿entiendes? ¡Joder, vaya que si lo hice! Ni Disneylandia ni putas hostias, eso no le da al cabrón ningún derecho a ponerse de un salto delante la cría, sabes."

- - -

"Qué tiempos, ¿eh, tío? Fueron unos tiempos bastante desastrosos en realidad, pero el hogar siempre parece mejor cuando estás lejos, y más aún desde detrás de una neblina de hachís."

Y poco más, mis queridos niños y niñas. Ya en otoño, ojito que viene un finde frío, lo cual, si uno lo piensa, no está nada mal. Gracias, besos y abrazos.



Hace un año y un día: Anatomía de un instante, de Javier Cercas

miércoles, septiembre 22, 2010

Mi estado actual

Después de tantos días sin venir por aquí, resumo (no puedo hacer otra cosa) mi estado:

Me estoy riendo, y sonriendo, con algo que me escribió ayer mi primo César (un abrazo fuerte, primo, y muchas gracias) y que me permito copiarles:

"Ya he visto que has estado en la costa da morte y ahora, como todos, en la cuesta de la muerte, menuda broma."

Estoy pensando desde la semana pasada en aquello que escribió Parreño:

Todo hombre es una guerra civil

Y quizá me siento como el andobas de abajo.

No sé si me explico y, lo peor de todo, no sé si me aclaro.



Hace un año y seis días: Canción de aniversario, de Jaime Gil de Biedma.

Hace un año y cuatro días: Si te peinas con petardos, lógico que salga mal (Manos de topo)

Hace un año y un día: Somewhere over the rainbow, por Israel Iz Kamakawiwo'ole

jueves, septiembre 09, 2010

viernes, julio 23, 2010

Como invitado




Asisto (casi como un invitado, como si todo fuera ajeno a mí) a estos últimos días de trabajo antes de marcharme tres semanas (como los muy muy catetos, saldré el día 31 para ver cuántos atascos soy capaz de pillar); además de ciertas prisas de última hora (muy de julio, esto ya lo conozco), me dedico a lo que Martínez (abrazos) siempre llama: a ver si me quito papeles de encima de la mesa.

Me da miedo (y desesperanza, sí) tener que esperar todo un año para escaparme (y retirarme al campo, al lado del mar) tres semanas con mi chica y con mi perro. Y aunque sé que no puedo quejarme, no me gusta ese orden natural en el que estamos metidos, esa trampa en la que, a pesar de todo, no me gustaría caer sin, al menos, poner toda la energía en saltar por encima.

Como en el poema de Brecht, no me gusta de donde vengo y, muchas veces, me da miedo que no me guste a donde voy. Sin embargo, ¿por qué estas ganas de continuar el camino, por qué esta tremenda alegría cuando pienso en el mar, en el atardecer, en la brisa fresca que me da sueño y me abre el apetito?

Somos raros, muy raros. Pienso en estos días, en esta edad, en todo lo que me rodea, y en los días que vendrán. No me gusta esa sensación de estar invitado a los acontecimientos. Ahora sé que hay que parar, hacer una pausa, pensar (o no). Respirar. Feliz fin de semana, mis queridos niños y niñas.



Hace un año y un día: Little man, de Esben Tonnensen

miércoles, julio 07, 2010

Enrique Ortiz, Enrique Ortiz y Enrique Ortiz

Qué cosas tiene mi novio, que diría aquella chica del anuncio.

Miro mis contadores y me encuentro con un aluvión de visitas a este artefacto (en torno a 450, mucho más del doble de lo habitual). Me voy al por qué (es decir, miro de dónde viene tanto gentío, cosa que es posible, lo crea uno o no) y me doy cuenta de que hay un sinfín de búsquedas en google con las palabras de mi nombre y apellido, es decir, enrique ortiz.

Como no he hecho nada (ni antes, ni ahora, ni después), rastreo y doy con la clave: han detenido al presidente de la diputación de Alicante y, entre su red de trapicheos se encuentra un famoso empresario alicantino (que también estuvo en jaleos de fútbol) que responde al horroroso nombre de Enrique Ortiz. Aquí esta la noticia: enlace.

No deja de hacerme gracia y parecerme curioso que gente que busca noticias de actualidad se tope con este artefacto y con la entrada vigente: una deliciosa entrevista al soberbio Enrique Vila-Matas (otro Enrique, ya somos tres). Mucho más gracia me hace pensar en qué pensará aquél que piense en por qué coño un empresario en jaleos de corrupción tiene un blog más raro que un piojo verde y qué misteriosa clave de los apañucis empresariales esconderán las citas a las que hace referencia Vila-Matas en su entrevista, en la que anuncia el desvelo de un misterio para el mes de septiembre.

¿Qué pensará el ajeno a tanto jaleo que se tope con este artefacto, qué dirá por ahí, que hay en este país un empresario al que le gusta y frecuenta el poder y que, en sus ratos libres, habla de algún poema, de anuncios y canciones y de muchachas en minifalda? Qué cosas.

También hay por ahí un cuarto Enrique y un tercer Enrique Ortiz (lo malo abunda, sí): Enrique Bunbury, al que, en su día, no debió gustar el compartir apellido con una famosas magdalenas o nombre y apellido con un futuro constructor, presunto irregular, por lo que se cambió el apellido, pero no deja (es lo que tiene la estirpe, como contó García Márquez) de llamarse Enrique Ortiz. A mí este Enrique me ha traído también alguna visita y, sobre todo, algún correo electrónico en el que se me preguntaba por mis discos y se me decía qué emoción y cosas de ésas que solemos decir a los cantantes. He tenido la tentación, muchas veces, de no deshacer el equívoco y contestar a los correos hablando de mi pasión favorita: arreglar atranques y que, en cuanto pueda, voy a dejar la música para dedicarme a lo único arrebatador de este mundo: la fontanería. Sin embargo, me he contenido. El delito de usurpación de personalidad está ahí, no conviene olvidarlo y, ya puestos, para eso me hubiera comprado una melena y hubiera concertado cita con alguna muchacha minifaldera que me hubiera escrito.

Lo que les decía al principio: qué cosas tiene mi novio.

Hace un año y un día: Las canciones de mi vida: I love to love, de Tina Charles.

miércoles, junio 16, 2010

Pues eso


Me he encontrado cómodo sin tener que actualizar este artefacto, sin pensar en qué traer aquí, sin buscar algún vídeo o acordarme de una canción que subir. Un final de mayo más movido de la cuenta, algo de dejadez y mucho darme cuenta de que esto no es lo que pretendía (pero tampoco pretendía nada). Qué extraño es a veces todo.

Pues eso, que no tenía ganas de volver a actualizar este maldito artefacto, pero me daba de miedo cortar uno de los pocos hilos que me unen a mí mismo, tal vez al que fui y, con toda seguridad, al que seré algún día. Inmerso en mil batallas laborales, con miedo por lo que está cayendo, voy con la lengua fuera y eso que he escrito por aquí mil veces de mi vida sin mí.

Pero, si a pesar de eso, cortara con este blog por falta de tiempo sé que abriría un nuevo abismo (y ya son demasiados) con lo que soy y me gusta: unos cuantos libros y unas cuantas canciones, reírme, echar un rato... Esto es lo que he traido siempre por aquí, pero también lo que me digo en voz alta para que no se me olvide, lo que anoto para más tarde, lo que subrayo para no olvidar.

La edad -el tiempo- es un catálogo de renuncias y una lista de proyectos para más tarde. El trabajo, la semana, el ir y venir, nos alejan de eso que, con un poco de suerte y tino, podríamos haber sido o llegar a ser. Hace falta tiempo -y tino- para no olvidarse, por si las moscas.

Por eso -me digo- a lo mejor he contraído esta enfermedad o esta manía de ir dejándome piedrecitas por aquí: para encontrar el camino o, al menos, saber que hubo un día en el que había camino.

Y en esas andamos.

miércoles, abril 21, 2010

Cuarto aniversario (feat. Luis Muñoz y Dirtmusic feat. Tamikrest)

Han pasado ya (y esto acojona) cuatro años desde que entoné aquel Nunc coepit que abrió este artefacto.

Ni sé todavía por qué comenzé, ni sé ahora porque continúo. Cabezonería tal vez, simple inercia, saber, quizá, que éste es uno de los pocos lujos intelectuales que me van quedando, mientras lo laborable va ganando terreno, como esa escena vista mil veces en la que uno se queda atrapado en una habitación forrada de pinchos que se van acercando cada vez más.

No he logrado articular aquí lo que siento, tampoco lo que pienso, seguramente tampoco lo que soy. Torpeza, falta de tiempo, mucho pudor y mucho Cernuda y Válery, porque, como ellos, siempre me ha resultado muy difícil encontrar lo que amo en lo que escribo.

Ni un blog literario, ni un blog de poesía, ni un blog musical. Tampoco un artefacto publicitario, ni de actualidad. Esto, en el fondo, no es nada, si acaso las vueltas y revueltas de un camino en mitad de ninguna parte que no va a ningún lugar. Pero eso, claro, no me disgusta.

Siempre he creído a pies juntillas en el poema André Gide (Les nourritures terrestres) de Luis Muñoz y he terminado sabiendo que aquí se encuentra mucho de lo que debería ser cualquier cosa que se ofrece a un público:

Que mi poema pueda interesarte
más por ti que por él.

Y que después de eso, te acerque más a todo,
a cada sol de fuera, de lo que llegue a ti.


Por eso he intentado siempre traer un retazo de lo que me conmueve o, como poco, de lo que me ha llamado la atención: un poema recién leído o recordado después de mucho tiempo, alguna canción, la inteligencia de algún spot, las ráfagas -relámpago sobre el agua- de alguna cita que me alumbra... Y he creído (muchas veces en vano), y he querido, compartirlo con ustedes por si pudiera interesarles y servirles de algo.

Seguramente uno es todo eso y no mucho más, una especie de magma inconexo que fluye hacia ninguna parte, un conglomerado de tiempos congelados que sólo emergen de vez en cuando. Y vuelvo a no saber decir lo que quiero decir.

Pues eso, que lo que quiero decir es que les agradezco la paciencia para con esta tremenda torpeza: banal, impura, inconexa, superficial, no es lo que yo querría, pero seguramente, y aunque contara con las 24 horas del día para hacer una entrada, si volviera a empezar hoy, haría lo mismo, igual de malísimamente mal (eso sí, de vez en cuando aparece la foto de un trasero o unas braguitas: no se me quejarán).

Les dejo con el último proyecto de Chris Eckman, de los Walkabouts, Hugo Race, de los Bad Seeds y Chris Brokaw, de Codeine y Come: Dirtmusic, con unos africanos de excepción que me tienen obsesionado: Tamikrest. Preparen los pañuelos.



Hace un año y un día: Tecnología: un poema de Kirmen Uribe

viernes, marzo 19, 2010

Un poco de nieba y Axl Rose



Cuando lean esto, mis queridos niños y niñas, y si todo va bien, estaré todavía en la cama, durmiendo el festivo que nos concede Espe (la hora de publicación está progamada, no te asustes, compa Manuel; eso sí, me levanto, de lunes a viernes, a las cinco, como dios manda).

También hay muchas posibilidades de que esté ya levantado, viendo si me ha tocado la primitiva, consultando el pronóstico del tiempo y echando un vistazo a los blogs de la derecha, que no leo cuanto quisiera.

Nosotros y nuestras rutinas, el discurrir -muchas veces exacto- de los días, laborables y festivos, feriados o no. Los horarios, las citas, los trayectos, ese ir para venir, venir para ir en el que -más de lo que quisiéramos- consiste nuestra vida.

A mí me apetece hoy dar un paseo por cualquier de los dos sitios de las fotografías que he dejado arriba. Me apetece un poco de niebla, un pueblo vacío, un camino por el campo, una chimenea, un libro de Faulkner y un poema de Mario Luzi, unas campanas lejanas cuando sea de noche, una manta y un sueño muy largo.

Pero también me gustaría ser hoy Axl Rose, el Rose que me dejaba alucinado cuando, en el concierto de homenaje a Freddie Mercury, el 20 de abril de 1992, en Wembley, aparecía de esta guisa y me deslumbraba: por su chifladura, por su falta absoluta de pudor, por su capacidad de transgredir. Escribir poemas como Axl Rose aparece en este inicio del concierto, buscar un poema que se mueva como él. También pueden ver a Rose terminar Bohemian Rapsody (enlace), junto a Elton John. Feliz fin de semana.





Hace un año y tres días: Memoria, un poema de Josep María Nogueras

Hace un año y un día: Los padres antes de los padres (Luis Muñoz y Alice Munro)

lunes, enero 25, 2010

43

Fotograma final de París-Tombuctú (1999) Vía Kinodelirio


Pues eso: 43. Si lo mira uno bien, son muchos años; bien mirado, tampoco son demasiados. Lo más extraño de la edad es donde te pone: en un lugar que parece distinto y que, sin embargo, es el mismo.

¿Qué me diferencia de aquél que cumplió 19, 27, 34? Creo que nada, a pesar del tiempo y su carga de vivencias, experiencia, descreimientos, alegrías y pesares. Uno sigue siendo el mismo, para bien y para mal. Como decía le Carré, el secreto es hacerse viejo sin hacerse mejor. Yo he aplicado su máxima y aquí me tienen, alegre (como unas castañuelas) y aterrado, absolutamente acojonado.

He estado estos últimos días pensando en el último fotograma de la que será (a lo peor) la última película de mi queridísimo Berlanga, ese tengo miedo rotulado debajo del toro y la gitana y un simple L. (Luis), que culminaba su película París-Tombuctú, de 1999. (Les dejo abajo el vídeo con el final de la película para que vean la inserción del miedo de Berlanga; no me gusta la canción de Aute, pero el final es genial, pues Berlanga se apunta a la tesis -en mi opinión acertada- de alguien que no recuerdo, que sostenía que llegará un día en que las pateras vayan en sentido contrario).

Lo malo de la edad, lo malo del tiempo, es el miedo, la cara de susto que se te pone, la broma -quizás- en que consiste todo, el acojone torero siempre a flor de piel.

Y sin embargo, como escribía Javier Egea, y a pesar de tanta ruina rondándonos, hay que seguir en pie. Sí, en pie, acojonados y reconfortados, acordes, felices, asombrados...

Les invito a un ronda. Salud.




Hace un año y cuatro días: Cumpleaños, de Felipe Benítez Reyes

Hace un año y dos días: Un poema y un disco (Idea Valariño y Sin fang bous)

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lunes, enero 18, 2010

Hola, Daniela

Va la familia para arriba, aumentando, y eso es siempre un motivo de alegría.

El pasado jueves, 14 de enero, a las ocho de la mañana, aparecía Daniela, hija de Águeda y Javier, y mi sexta sobrina.

Hola, Daniela.

Pensando en qué decirte, me he acordado de algo que leí en Los colores de los pensamientos. Eran unas palabras de Enrique Morente, un cantaor de Granada, donde nací yo, hará pronto unos pocos años más que tú. Es importante lo que dice. Nunca sabe uno de dónde vienen las cosas, pero muchas, casi todas, vienen de ese lugar desde el que tú duermes ahora, desde el que ocuparás enseguida.

"El cante me viene de mi madre. Ella no era cantaora, pero de su voz viene todo. De ahí procede. También de los sonidos que escuchas de chico, los acentos, los ecos, las formas. De la voz que sale de un balcón, la discusión de dos vecinas, de una madre llamando a su hijo desde una ventana. De ahí viene todo".

También me ha gustado dejarte un regalo, una nana repleta de magia y ternura, de dolor y asombro pequeño. Se llama Nana de Oriente y la canta Enrique Morente. Te va a gustar.




Hace un año y seis días: Dos poemas de Enrique García-Máiquez

Hace un año y cuatro días: Publicidad: Mi mamá me deja y Heineken

Hace un año y dos días: Preguntando al respetable: Gustos inconfesables (culinarios) + Jeremy Jay: Heavenly creatures

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miércoles, enero 06, 2010

Un llavero digital o vida y porno o lo locos que estamos

Anteayer me regalaron un artefacto marrdito y extrañísimo: un llavero cuadrado en el que, debidamente conectado al ordenador (a través de eso, ya indispensable, que se llama USB (llegará un día -que no veremos- en el que los tiempos se dividan en A.USB y D.USB en vez de A.C y D.C)), puedes poner unas foticos que van pasando. El llavero viene a ser, en miniatura, como otro artefacto marrdito que sólo he visto de lejos -da pánico- (y que me llamó la atención no por el artefacto en sí, sino por el precio ignominosiamente caro): los marcos digitales, donde, debidamente apoyados en los aparadores, van pasando las fotos.

Estamos locos, sí señor.

Vaya por delante que a mí los llaveros, qué quieren que les diga, no sólo no me hacen gracia, sino que son uno de esos objetos que uno detesta porque sí, sin muchos motivos ni demasiada profundidad en su rechazo. Y es que no hay imagen peor que ésa del andobas que, en la barra de bar, junto al sempiterno móvil, deja un montón de llaves coronadas por un llavero en el que figura, a tuttiplen, el logo de lujo de una marca de automóviles de lujo. Bueno, si uno lo piensa, sí hay algo peor: el andoba que lleva todas esas llaves en el bolsillo del pantalón (normalmente ceñidito), por dentro (clavándoselas, es así, las llaves se clavan), y deja por fuera del bolsillo, atadito en corto, el mismo llavero con el mismo logo lujosísimo de la marca de coche de lujo.

Pues eso, si ya de por sí un llavero ya es detestable (sí, llevo las llaves a pelo, en su anillita), un llavero donde puedas poner fotos que vayan pasando, eso ya es el acabóse.

Imaginen por un momento que están en un barecito y por una de esas cosas que pasan en las pelis porno, una señorita -un pimpollo reventón- se te acerca con intenciones aviesas. Además de santiguarte, de dar gracias a todos los dioses, lo primero que tienes que hacer es esconder el llavero. Iré más lejos para que se me entienda: es agosto, estás de rodríguez, y el pimpollo reventón te propone ir a tu casa (a las casas se va a lo que se va, si no se queda uno en el bar): ¿cómo haces para arrancar el coche? Y si has sido tan precavido de no llevar en el llavero foto-usb la llave del coche (si eres como yo y esperas que la vida, algún día, se asemeje al porno o que se nos recompense en la otra vida, en la de después de ésta, y resucitemos en una eterna peli porno), ¿cómo narices haces para abrir la puerta de tu casa y esconder esas fotos tan simpáticas que hiciste en aquella barbacoa, sí la de tu mujer con el chándal rosa de pryca rajado -explotado-, tus cuñados -ya borrachos y con las cabezas coronadas con unos cuernos de reno de tres navidades anteriores- bajándole el pantalón a tu suegra y tus tres hijos con la cara repleta de tarta de merengue?.

Un artefacto tan marrrdito y diabólico no puede traer nada bueno, no señor. Eso sí, uno tiene que reconocer que a lo mejor le pilla mayor este llavero usb fotos; quizá, en otros tiempos, uno lo hubiera llenada con las heroínas de su primera juventud: Deborah Wells, Moana Pozzi, Draghixa y la mejor: Simona Valli, ayyyy aquellas heroínas que nos inyectaron unos valores que, aún hoy, perduran.

Pero hay más, mis queridos niños y niñas. Si una de las virtudes de una fotografía era esa especie de detención del tiempo, una radiografía del corazón, una especie de red sobre la que se atrapaba algo de lo que había sido, estos tiempos vuelven a estar equivocados (o a lo mejor no, no lo sé) insuflando velocidad incluso a los marcos estáticos de los aparadores. Si a través del tiempo pasamos al lado de una fotografía que nos muestra lo que fue nuestra vida, la mayor virtud de esa foto detenida y eterna es que se mueve con nosotros. Miro una foto mía, de hace 10 años, y lo que veo hoy no es lo que vi hace un par de años. La foto no ha cambiado, es un instante eterno, pero se ha transformado. Se ha volcado sobre ella todo el peso estéril o no de lo que he sido desde el tiempo de la fotografía. Me miro y no sólo soy yo hace 10 años. Soy yo hace 10 años y cada uno de los años e instantes que han pasado hasta el momento en que la miro, que es hoy.

Una de las magias mayores es la fotografía. Titulé a mi primer libro Tormenta alrededor de una fotografía. A lo mejor, pienso, si hubieran existido entonces los llaveros-fotos-usb o los marcos digitales, no habría podido acertar en decir cómo sentí, por primera vez, el paso de tiempo, y el miedo que me rondó entonces y siento ahora.

Como les decía: estamos locos.

Hace un año y un día: El tiempo, de Manuel Vicent

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lunes, diciembre 21, 2009

Mi década ( 2000-2009 )


"Tiene ya cuarenta años: ésa es una edad crítica. Entre los treinta y cinco
y los cuarenta y cinco, todos hemos de doblar una esquina
en el camino de la vida, o bien estamparnos contra una tapia de ladrillos"


Robertson Davies

He visto irse a mi padre. Me acuerdo de lo último que me dijo, al teléfono: ¡Vais a echar a arder!, refiriéndose a unos incendios que cercaban la zona de La Garrotxa en el verano de 2006. Desde entonces, he comprendido muchas cosas, he soñado con él casi todas las noches, y voy sabiendo lo que ha sido tenerlo cerca.

Me he casado dos veces y me he divorciado una. Hubo una época en la que en mi familia -por la escasa duración de mi primer matrimonio- se me conoció como Enrique el Breve. Aunque siempre he dicho que me gustaría arrastrar una biografía con siete u ocho matrimonios, sé que tendría que ser María la que estuviera en todos. No concibo hoy mi vida sin ella. Esa es la magia; no hay otra mayor.

He visto cómo iban llegando los nuevos y como Fran, de otra década, se iba haciendo un hombre. Han llegado Quique y Rosilla, Andresillo, Javier, Laura y Clara, Marta, la hija de los Soler, Guillermo... No tardará en llegar Daniela y será de una década diferente. Tremendo vértigo si miro hacia atrás, si pienso en cómo crecen, si intento comprender y disfruto de ellos.

Ha venido Mus y he conocido, con él, la inocencia y la alegría, el milagro de la purez de una ausencia de tiempo que te hace eterno, presente extremo, en el filo. Me detengo muchas veces en la magia de ese nombre: perro. La padaleo e intento comprender algunas señales que, algún día, serán mías.

Apenas he escrito. Un puñado de poemas -seguramente fallidos- me mira con cara de desolación y envejece como los vinos malos. Sé que no tengo mucho que decir, pero es importante que diga eso. Me pondré manos a la obra.

Dejé Granada y llegué a Madrid. Después de más de diez años, creo que ya no soy de Granada, pero voy comprendiendo el Sur, y pronuncio ese nombre, Andalucía. También voy entendiendo todo esto de aquí, esta tierra que no es de nadie y que seguramente no está en ninguna parte.

Dejé mi despacho y volví a abrir mi despacho, muchos años después. Pienso en ese rizo, en el bucle que seguramente me ha acercado a sentirme cómodo y a disfrutar (a veces, como loco) de mi trabajo.

He sentido tristeza, el aliento de la desgracia, pero he sido, siempre, feliz, absolutamente feliz, por encima de todo. Sé que tengo suerte de tener cerca a unos seres absolutamente prodigiosos. Todas las esquinas que he doblado -entre los treinta y tres y los cuarenta y tres años- han sido maravillosas. Y lo que es más importante: la esquina que doblo todos los días es hermosísima.

Pasen, les presento a los míos.




Hace un año: Dietario voluble, de Enrique Vila-Matas

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