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lunes, septiembre 22, 2008

Al otro lado de las fiestas

¿En qué momento se da uno cuenta de que se hecho –definitivamente- mayor?

Voy pensando en eso mientras observo (camino del kiosco para comprar la prensa, paseando con Mus) a los chicos que vienen del ferial, mientras el cielo, este domingo de septiembre (cuando ya debe ser otoño), amenaza con una lluvia que caerá, seguro, y les dirá, irremediablemente, que la fiesta ya ha terminado.

Los miro y los oigo. Vienen borrachos, como dios manda, gritando, empujándose, pletóricos, casi inmortales, camino del encierro donde podrán continuar un rato más con esa euforia desmedida del que es joven y borracho y está en el centro de todo.

Los observo, sin envidia y sin rencor. Los años me han puesto al otro lado de las fiestas. Uno, que tuvo una juventud absolutamente etílica, está ya más lejos, en otra parte donde hay canas y uno se plantea su vida todos los días, donde se hace balance y se desea mejorar, ir más allá, apurar cada instante, sí, como si fuera el último: empieza por aquí un país de la últimas cosas -con permiso de Auster-.

Ellos son eternos y yo soy duración, sólo duración. Ellos son inmortales y yo más mortal que nunca; cuando las campanadas de los años se te van echando encima, se mira siempre hacia delante y lo que hay delante son, si todo va bien, más años, los últimos años si uno cuenta hacia atrás.

Y, sin embargo, no me cambiaría por ellos. Miro a Mus –que está ya asustado, antes de oír el primer cohete- y él también es eterno, absolutamente inmortal. No es consciente del tiempo y eso le lleva a ese ahora eterno al que aspiro y no termino de encontrar.

Los años te dejan a un lado de la fiesta. Anoche me hubiera gustado ir a ver a Pereza, un grupo que no me disgusta (sólo he oído un par de canciones). Me quedé en casa, y tras una cena deliciosa, vi una película absurda y rotundamente mala. Di un paseo con Mus, encendí la lámpara de la mesita de noche y me sumergí en una novela policíaca.

Ahora, mientras escribo estas torpes líneas, la tormenta ya se ha desatado fuera y he encendido el flexo de mi mesa de trabajo. Dentro de un rato, tendré que ponerme el primer jersey del otoño, uno gris de perlé que me encanta. Comeré temprano y echaré una siesta a la hora en que ellos se estarán levantando. Seguramente, me taparé. Antes, leeré un rato a Montaigne y pensaré por un instante en ese libro de poemas de Marzal, El último de la fiesta, que trazaba –de forma mágica- ese momento horrible en el que acaban las fiestas y se vuelve –de golpe- a una realidad no muy cómoda.

No sé si me he hecho mayor. Me miro y sigo siendo el mismo, no he cambiado mucho desde aquellos años en los que era yo el que volvía, con el día ya amanecido. Ahora, el alcohol espera a un encuentro con los amigos y la noche se ha convertido en una madrugada desde la que leo y escribo y pienso en todo lo que fue, en lo que es y en lo que vendrá.

El tiempo es un juego extraño repleto de casillas y ahora estoy en una que me gusta, un tertium genus, una tierra de nadie, a medio camino de todo y de nada, y, sí, claro, echo de menos aquellas casillas de la noche canalla y espero a esas casillas que vendrán, y espero ser digno de ellas, y estar a la altura.

Lo escribió Joan Margarit en un poema que dejé hace tiempo aquí:

(…) la vida representa
no sólo la victoria de los años
sobre nosotros. También nos enseña
lo gloriosa que fue
nuestra inicial victoria sobre el tiempo.


Hace un año y dos días: Las cosas que me digo: Reinventarse uno mismo

Hace un año y un día: Paraíso masculino + Nuevo disco de Calamaro: la lengua popular


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miércoles, septiembre 03, 2008

De Francia ( I )

Niños, niñas, me llena de orgullo y satisfacción volver a este artefacto, poder dejar de nuevo mis cosas por aquí y, claro, leerles. Muchas gracias por sus mensajes de bienvenida, que me han devuelto la alegría en esta penosa vuelta al tajo. Ayyyy.

Pues eso, que he estado en Francia este verano; como dejé apuntado en el último post pre-vacacional, en Masquières (según el censo, con veintipocos habitantes, pero juro que no vi más de tres), en el departamento de Lot et Garonne, en la región de Aquitania.

Excelente verano, genial en lo atmosférico, excelso en lo gastronómico, muy provechoso en lecturas, en puestas al día, perfecto en cuanto al descanso, con una visita de honor del gran Nicolinni, osease, que estoy encantado.

He estado en una región repleta de vegetación, de cultivos (mucha vid y mucho girasol), de pueblos preciosísimos -medievales-, y de franceses cariñosos, educadísimos, encantadores. En pleno centro del foie (que lo haya comido y disfrutado no quiere decir que no apoye la prohibición del foie), he aprovechado para alternarlo con esos quesos que nada más pronunciarlos puede uno ponerse a llorar de alegría y esos panes franceses que son un milagro. Francia, al menos donde he estado, tiene la virtud de conservar el sabor y el olor de los alimentos, de los tomates, de la carne. Además, cosa que yo no sabía, son sabios manipuladores de los embutidos, y hacen unas salchichas de carne (chipolatas y saucissons -o algo así-) con mezcla de canard -pato-, cerdo y ternera que son como volver ahora mismo.

Francia, esta Francia, es educada, suave, reconfortante, casi dulce y amable, muy amable. Cuidan lo que tienen -desde la comida hasta las carreteras, los pueblos, la vegetación, las basuras (reciclan como locos)- y saben hacerlo.

Quien quiera pasar unos días tranquilos, comer en granjas y dar paseos por pueblos muy pequeños, de piedra, que me lo diga y le mando direcciones y teléfonos. Dejo unas foticos, que pongo casi al azar, mientras me digo: fromage, pan, vacaciones...












Hace un año: Bienvenido, Javier

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lunes, septiembre 01, 2008

Mag, in memoriam


He estado intentando recordar aquella canción que nos cantabas en el chalet de la tía María Jesús, cuando era verano y 1978 (lo recuerdo por el Mundial de Argentina). Te la había enseñado tu tío Valentín, creo, y hablaba de Guadalara, de México, de guapas y feas que se bañaban en una laguna.

El tiempo, muchas veces, no existe. Más allá de la duración, el tiempo es una pieza, las ondas rizadas e infinitas en un charco desde el que ahora, en esta frontera entre agosto y septiembre, pienso en ti, en tus hermanos y en tus padres, en tus hijos, en tu marido.

No existe el tiempo, no. El recuerdo, la memoria, las ramas trenzadas y extrañas que somos en el tiempo, son como una cocktelera que suena a vida, a calor, a días de verano, a canciones y a sonrisas, a risas.

Agosto lanza su luz última, dulce y apacible. Mira como tú, sonríe con tu sonrisa y habla con tu voz mientras nos coge del brazo.

Esta luz viene de ti, a través de ti.

- - -

I've been trying to remember that song you were singing to us in the villa aunt María Jesús, when it was summer and 1978 (I remember the World soccer championchip of Argentina). You learnt it through your uncle Valentín, I think, and spoke of Guadalajara, Mexico, beautiful and ugly that bathes in a pond.

The weather often does not exist. Beyond the duration, time is a piece, and endless waves in a pool from which now, at this border between August and September, I believe in you, your brothers and your parents, your children, your husband.

There is no time, no. Memories, the memory, braided branches and strange that we are in the time, are like a cocktelera that sounds like life, heat, summer days, songs and smiles, laughs.

August launches its last light, sweet and mild. Look like you, smile with your smile and your voice while talking to us grabs the arm.

This light comes from you, through you.



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viernes, julio 25, 2008

Narración y Literatura (un banco, una recién nacida, Nabokov y un pastor)

Hace dos o tres días, en la cola de la ventanilla de un banco, me quedé mirando a una recién nacida, que tenía los ojos muy abiertos. La llevaba, en su canasto, la que supuse la abuela, pues delante de ellas estaba la madre, ya con las tareas de la caja. La abuela, en cuanto se dio cuenta de que estaba mirando a la pequeña, comenzó a hablarme, a contarme que tenía 25 días, que había pesado casi 4 kilos, que tenía las manos enormes y las piernas muy largas, que estaba espabiladísima, que dormía fenomenal. Entre las frases, la madre de la niña se daba la vuelta desde la ventanilla y añadía o puntualizaba algo: los pies también muy grandes, iban a hacerle los orificios para los pendientes en la farmacia de al lado del banco porque ya no lo hacen en los hospitales, comía muy bien, con mucha hambre...

Ni que decir tiene que salí encantado del banco por el encuentro. En el coche, ya de regreso, me di cuenta de que yo no había preguntado nada, que simplemente había sonreido al mirar a la pequeña. La iniciativa fue de la abuela, secundada por la madre y con pequeñas intervenciones, en un ir y venir continuo, de la directora de la sucursal.

Seguramente ellas no lo sabían, pero estábamos asistiendo a un nacimiento de una forma de literatura, o a un ejemplo de cómo nace, al brote de la narración en un estado puro y me explico.

Todo lo que abuela y madre me comentaban, ya lo sabían ellas. Eran reflexiones que ya habían hecho, cosas que se habrían dicho mil veces en la familia, que habrían relatado a los amigos. Además de la externalización de un motivo de alegría para ellas, también de orgullo, estaban creando un lazo invisible que se nutría de literatura. Esa necesidad de contar, el hecho de contar estaba dando realidad a la hija y nieta. Si un desconocido escuchaba sus reflexiones, sus pensamientos, sus sentimientos, se hacía más realidad -si vale esta expresión- la realidad de la pequeña. Sólo lo que es expresado y comunicado es literatura, narración, historia, relato. Sólo a través de la literatura llega a existir lo que también existe, pero de otro modo.

Cuando se lo comenté a María, me contó algo de Nabokov que me tiene entusiasmado desde entonces. Decía éste que la literatura nació justo en el momento en el que ese pastor que siempre iba gritanto que viene el lobo, que viene el lobo, volvió a gritar que viene el lobo y era mentira. Ahí radica ese nacimiento de la literatura, no ya por la ficción (Nabokov se refería a esto), sino porque hay una transformación de la realidad, un enriquecimiento (no es la palabra), es decir, la construcción de otra realidad, la literaria, que es más realidad que la realidad misma.

Y no mucho más, mis queridos niños y niñas. Ayer, además de no tener demasiado entre manos, me quedé dormido. Pesa el año y pesa julio, con su carga y su calor. Me queda una semana para las vacaciones, y me encamino hacia la ligereza. Voy a intentar hacer una recopilación de canciones para dejarla aquí. Hoy es fiesta en estos andurriales y el tiempo irá desde el no mucho calor de hoy hasta el mayor calor del domingo. Poco más. Mandarles un fuerte abrazo y agradecerles su tiempo. Gritaré lo de avanti.


Hace un año y un día: Vaya semanita: Megane euskadi + tangas

Hace un año: Hay días, de Eugènio de Andrade

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lunes, junio 02, 2008

500, una reflexión (y II): notas del tiempo


Estoy pensando en esas notas que encontramos tiempo después, en una cita y un nombre que apenas podemos asociar con un rostro, en el título de un libro que jamás hemos comprado pero que bordeamos de urgencia en una agenda repleta ya de polvo.

Lo que viene del tiempo y es ya del tiempo, escribía en uno de mis últimos poemas, que siguen inéditos. En todo lo que fue nuestro: una película que ponían el 3 de septiembre a la una de la madrugada y que teníamos que grabar, en 1988, en una receta de pavo trufado que nunca llegamos a cocinar, en un disco que había que buscar por encima de todo...

Las anotaciones, las notas, los recordatorios, las citas, los nombres y las obras, las calles, un trayecto hacia algún lugar en el que no hemos estado nunca, una entrada a un concierto, un recorte extraño de prensa, el ticket de un aparcamiento.

Lo que fue nuestra vida, ni más ni menos, en un telegrama que alguien que no conocemos nos manda desde lejos y somos nosotros mismos, ese extraño que fuimos y que, a veces, casi no conocemos, el remitente y el destinatario.

Cuando pasen los años, y relea todos estas entradas, ¿qué sentiré?, ¿qué gestos -de extrañeza o complicidad- me mandará ese extraño que en 2008 escribía unas notas apresuradas en un blog al que le puso su nombre?. ¿Será alguien más feliz o más desdichado que yo? ¿Qué tendré de él, qué tiempo, qué vida me habrá transmitido como una transfusión sanguínea de un donante anónimo, del que nunca sabremos nada?


Hace un año y dos días: Las canciones de mi vida: (IV). New order + Saint Etienne + Billy Bragg y Kirsty MacColl

Hace un año y un día: Publicidad: el precio del hombre vs vibradores + el fin del romanticismo + votando a los verdes

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jueves, mayo 29, 2008

500, una reflexión (I)

500 entraditas, 500.

Gracias, muchas gracias,

Marsu, Miriam, Olvido, Cuti, M., Mam, Andrés, Loco oficial, Pussy, Aura, Miguel Ángel, Francisco, Raquel, las manzanas azules, Alvy Singer, Montse, A identidade, Cayetana, Jorge volando, Funes, Ros, Sergi, Ana, El barón rojo, Dr. Zito, Martínez, Gun, Jesús, Magda Díaz, Telémaco, Miguel Sanfeliú, compa Manuel, Kebran, Pez Hammer, Isabel Barceló, Pam, Víktor, Paula Aramburu, Aylandara, William's daddy, Sansar, Txe, José M., Pornoy, Anna y sus padres...

gracias a todos los que no me da tiempo a poner u olvido.

gracias por vuestro tiempo y por vuestro calor.

Álvaro Salvador escribía (lo citaba Luis García Montero en El jardín extranjero): "Qué difícil va siendo amanecer unidos", y yo pienso y digo:

Qué fácil me resulta esto a través vuestra.



Hace un año: Tim Buckley (1947-1975), un poema de Eduardo Jordá

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miércoles, mayo 28, 2008

Las vueltas que le doy

Hablar, sí, ¿pero de qué? O mejor, ¿de qué escribir?. ¿Con qué voy rellenando los huecos en este artefacto? ¿Por qué cada elección supone dejar atrás mil caminos posibles, dos mil rostros, tres mil apuestas?

Cuando era más joven, no me recuerdo planteándome esto. Cuando surgía un poema, me ponía a ello. Ahora, mucho antes del poema (o antes que cualquier entrada de este blog), me viene algo para mí esencial: de qué hablo, qué tema trato, qué digo.

Ni que decir tiene que debido a esto mi posible que-hacer sufre una pre-parálisis que no se debe al pánico de la hoja en blanco, ni a la falta de inspiración (que, seguramente, no existe) ni a un malditismo que no profeso.

Con los años, creo en dos requisitos esenciales: las cosas (novelas, poemas, pelis, canciones) nunca deben aburrir (esto es primordial), es decir, bajo ningún concepto uno debe permitir que le den el coñazo(esto ya lo dijo Michi Panero); además, las cosas deben interesar -como mínimo- y, a ser posible, emocionar, estremecer o ilusionar.

Mañana este artefacto hará su post o entrada número 500. Un buen momento para pararse, para reflexionar y para decidir qué camino tomar. No me gustaría ser alguien que hablara solo (por mucho que Machado lo defendiera) y, a pesar de que uno siempre habla solo, no me gustaría escribir solo (la aspiración de la literatura, además de ser literatura, es que se lea; sin esto, no hay nada).

Quisiera que este blog fuera el autobús del que habla en Poeta (enlace), el sitio exacto donde decir palabrotas o escupir, como quería Ángel González, la brújula de Parreño o La plaza de la que habló Aleixandre en su Historia del corazón (todavía no he puesto este poema).

Quisiera, sobre todo, que este artefacto fuera del agrado del que lo lee.

Así que en esas ando, dándole vueltas a cómo hacer mejor esto y ello a pesar de que sigo a pie juntillas aquéllo que dijo LeCarré: "fue de ellos de quienes aprendió el secreto de la vida: hacerse viejo sin hacerse mejor".

Vale.


Hace un año: El sexo, según Walter Arias

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lunes, abril 21, 2008

Un nuevo nunc coepit


Una foto de Mus y una cita de Dante. Con eso comenzó a rodar este blog, hace dos años.

Si lo pienso despacio, era mucho.

Mus, metido en la nieve, jugando, disfrutando, significa mucho para mí. Es importante que sea feliz.

Esa cita de Dante también tiene su importancia. Ese ahora comienzo es siempre el arranque de cualquier obra (sea ésta cual sea) y es primordial porque, aunque nunca termine, siempre tiene que empezar. La vida no es distinta. Siempre está uno comenzando (la semana, un nuevo trabajo o un nuevo amor, un libro, el día, un propósito, un plan, una apuesta).

Cuando inauguré este artefacto jamás hubiera pensado que podría llegar a estar dos años escribiendo casi a diario. Si bien es cierto que la mayor parte de los días no escribo, strictu sensu, sí ha habido siempre un propósito de escribir que no siempre se ha llevado a cabo. Por falta de tiempo, por pudor y por ser consciente de que lo que había escrito maldita la gracia que tenía.

No me guiaba nada cuando empecé. Ahora, tampoco me guía nada salvo el de hacerles partícipes de algún poema, de alguna canción, de algún pensamiento en voz alta. Compartir lo que mueve mi vida (versos y canciones), lo que atraviesa mis días y deja, sin saberlo, un poso que irá hacia algún sitio que la mayoría de las veces desconozco.

A lo mejor, del trazado de la línea de puntos de todas estas entradas (como la silueta de un cadáver en el suelo) resulta un perfil que no difiere mucho del mío.

También entretenerles, y, a ser posible, conmoverles a través de las obras de otros. También divertirnos (es importante esto, es esencial y, con los años, se ha convertido en un centro que va aglutinando muchas cosas), habladles, oídles y echar un rato, como esas vecinas que se sentaban en las puertas de las casas de los pueblos buscando la fresca. Si uno lo piensa, hay algo mágico en todo esto de los blogs, algo muy antiguo, como esa hoguera ancestral donde se contaban historias. Aquí, muchas veces, hay mucho de eso. Leer los blogs amigos (los de la derecha) es como oír una historia, varias historias, si no alrededor de un fuego, sí en la barra de un bar, tomando una caña, echando unas risas, poniéndonos al día de lo que a uno, en este discurrir, le va pasando.

Hay algo de magia en todo esto. Por eso sigo aquí, renovando mis votos a este artefacto y prometiéndome a mí mismo que esto tiene que ser mejor, mucho mejor, que tengo que hacer un esfuerzo para que los que pasan por aquí, los que emplean su tiempo en echar siquiera un vistazo, salgan contentos, reconfortados, alegres. Porque esto, niñas y niños, lo hacen posible ustedes. Sólo si alguien lo lee, existe este blog.

Gracias, pues, muchas gracias, por su tiempo :))

Hace un año y dos días: Lionel Messi: una obra de arte.

Hace un año y un día: Fotografía: Fabio Borquez

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viernes, abril 11, 2008

Suma de variada intención y Franz Schubert, Trío Opus 100

Tenía medio perpetrado un post muy de viernes, con su pequeña reflexión sobre la libertad de horarios (lo pondré la semana que viene), el boicot a los juegos olímpicos, algo de lo que está pasando en la economía y un anuncio sencillito y divertido. También había pensado en un vídeo con una canción de Van Morrison, ahora que estrena disco, pero han quitado todos de Youtube, así que no hablo de su nuevo trabajo.

Pero no. Como aquél "sí arruinado en noes" del que hablaba Juan Ramón Jiménez o, como el más gráfico de Benedetti (que cantó Pablo Milanés) en su poema Hombre preso que mira a su hijo: "Uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere".

Qué extraña la vida, niñas y niños. Un soplo ligero que apenas mueve una veleta, un cambio de acera, el más ligero cambio nos toma y nos zarandea como si fuera una ola gigantesca. Quiero decir que somos frágiles, casi nada, a merced, muchas veces, de los acontecimientos, de esas muecas que llevamos grabadas en las manos y que tienen la forma de los palotes en las paredes de los presos.

Hay un destino que nos desconoce, el azar toma las riendas de una niebla que nos circunda, los dados están, de nuevo, equivocados.

Pese a todo, sigo convencido de que todo esto es hermoso, que merece la pena cada curva de este recorrido ciego y apasionado. Seguir, continuar, avanti.

Así que nada mejor que terminar la semana con este cumbre musical de todos los tiempos, este fogonazo de pasión y sentimiento (ya sé que siempre digo lo mismo). Este finde, niños y niñas, apártense 10 minutos de los suyos, o de los colegunis, y pónganse este movimiento del Trío de Schubert que seguramente ya habrán escuchado. 10 minutitos, nada más, para volar por los aires cualquier pensamiento encaminado a negar que todo esto merece la pena.

Al fin y al cabo, un mundo que nos ha dado a Schubert, la paella de marisco, María, Faulkner, los atardeceres y los perros, Cervantes, los huevos fritos con patatas, Lapido, los poemas de Quasimodo, y la risa, no puede ser nada malo. Niños, niñas, muchas gracias por sus visitas, por su tiempo y por su paciencia con tanto pajeo mental. Tengan un buen fin de semana. Hará mejor tiempo, ya verán. Avanti, pues.




Hace un año: El proyecto de Constitución de Juan Benet

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viernes, marzo 14, 2008

A propósito de las vacaciones, un tema de The Do: On my shoulders

Niños, niñas, viernes de dolores y este artefacto se va a tomar un descansito, aunque no comienzo mis vacaciones -si es que lo son- hasta el martes santo.

Tengo que confesar dos cosas, a saber:

Que me sigue extrañando la pervivencia de una festividad como la semana santa en un país como éste. España es un lugar extraño que sigue sacando las imágenes religiosas a las calles. No lo critico, que conste, pero me resulta rara la tremenda afición que generan las procesiones, los pasos, la música de marcha... A ver si me explico: no me resulta tremendo que salgan las procesiones a las calles, no (cosas más raras se hacen). Lo que me llama la atención es el gentío que convocan, el baño de multitudes que se dan esas imágenes en su vuelta anual. Eso sí, que cada cual disfrute con lo que quiera. Es lo bueno que tiene esto.

Que no me gusta nada la semana santa, ni las vacaciones de semana santa, y vaya por delante que no le hago ascos a ningún festivo, feriado, libre, etc.

Unas vacaciones que no son son sino un puente (si uno vacaciona, como es mi caso, de jueves a domingo), no son vacaciones. Mucho jaleo para nada. Siempre he optado por quedarme en casa, dormir algo más y no hacer nada algo más de la cuenta. Sin embargo, por motivos que no vienen al caso, me comprometí hace un par de años a pasarlas con mi familia (madre, hermanas y sobrinos), en un sitio donde poder estar juntos unos días. Con lo que volveré a marcharme a La Alpujarra (no sé por qué, últimamente siempre lo leo en plural: Las Alpujarras; entiendo que se deberá a que hay dos: la granadina y la almeriense, pero siempre ha sido en singular y ahora siempre es en plural y no, no me gusta nada, no señor).

Pero no me gusta la semana santa. Y no es nuevo. Me acuerdo de cuando era más joven e iba a la playa, era quasi-horrible (cuando uno es joven casi nada es horrible). Aquella playa no era mi playa. El invierno le daba unos colores -preciosos- que no eran los que recordaba del verano anterior, había un viento que desdibujaba el paseo, el horizonte, y el mar tenía otro color, menos azul. Las chicas no estaban bronceadas y siempre les daba por ponerse unos jerséis (¿jerseys, jerseyes?) enormes con los que ellas pensaban que estaban monas, muy monas, pero, claro, al joven que fui maldita la gracia que le hacía no pillar cacho siquiera visual. No, no era esa mi playa.

Más tarde, la facultad y la semana santa estudiando para algún parcial que siempre había inmediatamente después. No tengo mal recuerdo de aquello, no señor. Pijamita y música, y charlas larguísimas al teléfono con Martínez, luego con Miguelito en una época dorada y opositora. Lo más que hacía era tomar un helado en Los Italianos (la mejor heladería del mundo está en Granada) para comenzar una temporada larga y perfecta de helados de limón y chocolate.

Ayyyy, la semana santa, donde todos los días son santos, extraños, ajenos, con cera en el pavimento y olor a incienso, tristes, solemnes, con ese viento que mece las capas de los penitentes.

Así que poco más, niños y niñas. Les dejo un temita de The Do, un grupo francés que he estado oyendo esta semana, irregular, pero con esta canción que destaca, On my shoulders.

Como diría Pussy, el que me quiera ver, que me busque en Bayacas, muy cerca de Órgiva. No faltará un vaso de vino, un poquito de jamón y lo que se ponga por delante. Que ustedes descansen y disfruten. Niños, niñas, muchísimas gracias por sus visitas, por su tiempo, por sus comentarios. Es un placer contar con ustedes y, como siempre digo, lo mejor de esta casa, sus clientes. Abrazos, muchos, y besos, muchísimos. Avanti.



Hace un año: Confesión, un poema de Álvaro García

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lunes, febrero 04, 2008

Las cosas que me digo: Saint Etienne, So tough, Hobart Paving


Muchas veces una canción nos conoce mejor que nosotros mismos. Por mucho que pudiera empeñarme en dibujar un estado de ánimo, un presentimiento, una sensación, siempre hay una canción que puede decirlo mejor. (Esto, para colmo, ya lo he escrito aquí. Parezco un viejecito, siempre con la misma historia).

He estado nadando, he ido a la compra, me he demorado escogiendo un vino (y he acertado -enlace-), he paseado con Mus bajo la lluvia y he regresado feliz y empapado, pensando en esa sensación del pelo mojado de cuando niño (el barro al lado de casa de mis padres, en una huerta donde ahora hay pubs -en la calle Trajano de Granada-, a donde se iba a jugar al fútbol y a comprar claveles). El tacto de la toalla al secarme el pelo.

He vuelto a escuchar a Los hermanos Dalton (gracias, Miriam) y le he dado vueltas a esa fidelidad de uno a ciertas músicas; he concluido que el mérito no es de uno, sino de esa música, cuando consigue incrustarse, como las partículas del granito, en nuestra alma que, al cabo de los años, ha dado mil vueltas. Volver a esas canciones es reconocernos más allá del tiempo.

He estado pensando en que muchos novelistas deberían ver esa sucesión en House, de la penúltima a la temporada que ahora se emite, en lo ejemplar de esa vuelta de tuerca: pasar de una trama donde todo está agostado y agotado a un despliegue de personajes secundarios que no añaden nada al personaje principal, pero que dan brillo a la narración.

Por un momento he tenido un tono, una certeza de música, para un conjunto de poemas en segunda persona. El tema, muy viejo: lo que se queda pendiente de decir. Lo que no se llega a decir. Lo que diríamos hoy si tuviéramos cinco minutos, una bola extra.

He leído la prensa, un trozo de una novela policíaca, algunos poemas. He escuchado un disco que me ha gustado ( El guincho, Alegranza), he visto una película mala que me ha hecho reír un par de veces. He dormido la siesta, he tomado café, he madrugado. He agrupado mis enlaces a favoritos, sección música, subsección descargas, mp3s, canciones. He estado haciendo el borrador de un informe (debería haberlo terminado), he preparado un par discos para la semana, para oír en el coche, he ordenado a medias mi mesa de trabajo, he actualizado mi agenda, he visitado mi pastelería preferida (enlace), y he pensando que me hace falta un corte de pelo.

Me he sentido justo como esta canción, Hobart Paving, de Saint Etienne, de su disco de 1993, So tough.

Aunque sigo confiando en la literatura, sin embargo, yo no podría describirlo mejor.



Hace un año y dos días: Javier Marías y la AVT + ZP y Zelig + Viernes, día del calentón + Calamaro: nuevo disco

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jueves, enero 24, 2008

Donde se habla de amor, de parejas, de bicicletas, de mujeres, de gatos, de sonrisas y de risas (con un poema de José María Álvarez)

Estaba el otro día en un sitio innominioso (que diría Caye y Faemino y Cansado) a donde voy, más que nada, para luego fumar tranquilo (aunque me engañe con ello) y poder tomar bocadillos por la noche, tranquilo, (aunque también me engañe) cuando vi una escena bonita, la verdad, que me llamó la atención.

Una pareja de unos 18 a 20 años. Ella estaba sentada en una bicicleta estática (menudo nombre) y él estaba al lado, haciendo que corría hacia adelante y hacia atrás, poniendo unas veces caras de velocidad, otras de miedo, y dando grititos, con los brazos muy abiertos, moviéndolos frenéticamente. La verdad es que el chico tenía gracia. La chica, al lado, estaba partiéndose de risa y, cuando él se acercaba, intentaba tirarle del pelo y le decía, déjame ya, sonriendo.

No voy a contar lo que pensé de esas risas que él le estaba arrancando a ella (que se lo estaba pasando pipa). Digamos que le daba vueltas a que, mientras él la hiciera reír, todo iría bien, que seguirían juntos, come rain or come shine. Y me acordé de un poema que me gusta mucho de José María Álvarez, y que dejo hoy aquí como homenaje a ese momento y como recordatorio y, claro, para que disfruten:

En la mujer, como en los gatos,
una extraña diosa muerta anida.
Y la acariciarás en cuántos cuerpos,
y alguna vez incluso habrás de demorarte
en la luz de unos ojos.
Las desearás cuando ya nada desees,
y si la fortuna llena tus manos
la buscarás para entregársela.
Ante ella caracoleará tu caballo
y brillará tu espada.
Y ella, muda y ciega, sonreirá.
Y ha de bastarte ese milagro.


Hace un año: Una nota: cosas que tengo que hacer en los próximos cuarenta años

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viernes, enero 11, 2008

De los amigos : Juan Carlos cumple 40 + Un manual para los que son o van a ser padres: Eduardo y Pepe

Al final no va a poder ser, pero ya será y, además, enseguida.

Les cuento.

Juan Carlos Friebe
, del que he puesto varios poemas aquí (enlace + enlace + enlace) cumple 40 y entra en la cuarentena repleto de ilusión y actividad, de proyectos (incluso anda escribiendo el libreto para una ópera). Para celebrar el evento va a cerrar él solito, para los coleguis, la Venta El Gallo, en pleno Sacromonte, que es una cueva de esas de flamenco y zambra, de noche y luna helada sobre Granada.

Me pareció genial la idea. Uno, que dejó pasar su 40 aniversario sin pena ni gloria, agradece estas celebraciones y admira a esa persona que es capaz de organizar, de molestarse, de mandar una invitación maravillosa, confirmaciones, etc. (Un inciso: trabajando en verano, conocí a un andovas que trabajaba todo el mes de julio con la única intención de ganar dinero para celebrar su cumpleaños, que era en noviembre. Ni que decir tiene que asistí a uno de esos cumpleaños, en Toledo, y que todavía no sé cómo fui capaz de volver tras dos días etílicos y maravillosos. Adoraba al andovas, claro).

Pero Juan Carlos, Gun, no sólo va a hacer esa proeza, sino que, con ocasión de su redondo cumple, ha editado un libro, Hojas de morera (que todavía no he visto), donde ha recopilado toda su historia poética, con unas colaboraciones de altura (Antonio Carvajal, Antonio Chicharro, entre otros) y en una edición que sé que será todo un lujo. La disfrutaremos y traeré algo por aquí.

Pero quería hablar de los amigos. Conozco a Gun desde hace siglos y lo leo desde hace siglos también. Hay algo especial cuando se une el hecho de conocernos y de haber leído sus poemas, haberlos seguido desde el comienzo, en fotocopias, a mano, en libro. Es como si ese amigo tuyo tuviera una doble dimensión, como si lo hubieras visto crecer dos veces. Sé que no me explico, pero quiero decir que hay una luz que viene de él y otra luz que viene de su poesía, como ese camino largamente recorrido, que conoces y que, cada vez, es distinto, como es distinto el mar, el cielo, lo que uno lleva tatuado en el alma desde hace siglos.

Aunque es borrador todavía, dejo aquí una nota que intenté -sin éxito- terminar para su libro. Felicidades, Juan Carlos, muchas felicidades.

Pienso en los amigos y en su luz.

Recorro un camino que se ilumina desde lejos.

Pienso en el recodo azul de los años que han sido.

Pienso en sus días, en sus historias. Pienso en el eco de sus risas, y las escucho cuando la madrugada vuelve a ser una ardilla nerviosa que me mira.

Sonrío. Sé que he sido afortunado.

Por los amigos. Por su luz.


Pero, bueno, como es viernes, vamos también a por un poco de diversión, siguiendo con los amigos. De camino celebro el hecho de que Pepe acaba de saber que será padre (¡¡¡enhorabuena!!!) Cuando he leido esta Preparación para ser padres en Un hombre solo en la red (graciasss) y que me ha hecho reir, me he acordado de Martínez, Eduardito. Él nos dirá, pues tiene un par de niñas geniales y, ojo, porque la pequeña, Clara, es mi ahijada y ha comenzado a hablar en ese lenguaje inarticulado que quería Van Morrison en su Inarticulate speech of the heart. Ele. Pongo el texto íntegro (a ver qué dicen las Manzanas):

Preparación para ser padres

Paso nº. 1.- Para la mujer: Para prepararte para la maternidad, átate un saco de garbanzos a la tripa y ponte una bata encima. Déjalo ahí durante 9 meses. Después de 9 meses, abre el saco y quita el 10% de los garbanzos.

Paso nº. 2.- Para el hombre y/o mujer: Para prepararte para la paternidad, baja a la farmacia de tu barrio, vacía el contenido de tu cartera en el mostrador y dile al farmaceutico que se sirva él mismo. Luego vete al supermercado y domicilia tu nómina directamente en su oficina central. Vete a casa. Coge el periódico. Léelo por última vez.

Paso nº. 3.- Vestir a un niño pequeño no es tan fácil como parece: primero, compra un pulpo y una bolsa de redecilla, intenta colocar el pulpo dentro de la bolsa de manera que no salga ninguno de los tentaculos por los agujeros de la red. Tiempo permitido para la prueba... toda la manaña.

Paso nº. 4.- Antes de lanzarte a tener hijos, busca una pareja que ya los tiene y critícales por sus métodos de imponer disciplina, su falta de paciencia, sus pésimos niveles de tolerancia y por haber permitido que sus hijos se porten como salvajes. Sugiéreles maneras de mejorar el comportamiento de sus hijos a la hora de acostarse, pedir pipí o comer. Aprovecha, será la última vez que tendrás todas las respuestas.

Paso nº. 5.- ¿Puedes aguantar los niños en casa? Para averiguarlo, unta crema de cacao en el sofa y mermelada en las cortinas. Esconde un trozo de pescado rebozado detrás del equipo de música y déjalo ahí durante todo el verano. Mete los dedos en las macetas y luego arrástralos por las paredes más límpias. Dibuja encima de las manchas con lápices de color. ¿Qué tal queda?

Paso nº. 6.- Para hacerte una idea de cómo serán las noches, coge un saco húmedo de entre 4 y 6 kilos, recorre tu salón de un lado para cotro saco en brazos, sin sentarte desde las 5 de la tarde hasta las 10 de la noche. A las 10 suelta el saco húmedo, pon el despertador para medianoche y duérmete. Levantate a las 12 y da más vueltas por el salón con el saco húmedo hasta la 1:00 de la madrugada. Pon el despertador para las 3:00. Como no podrás dormirte, levántate a las 2:00 y prepárate algo de comer o una copa. Acuéstate a las 2:45. Levántate cuando suene el despertador, es decir, a las 3:00. Canta nanas en la oscuridad hasta las 4:00 y cambia la alrma del despertador para que toque a las 5. Levántate. Haz el desayuno. Sigue esta rutina durante 5 años. Pon siempre buena cara.

Paso nº. 7.- Compra un helado de chocolate y mételo en la guantera de tu nuevo coche familiar. Dejalo ahí. Coge un paquete de galletas de chocolate de tamaño familiar y machácalas contra los asientos traseros. ¡Perfecto, ya has dejado el coche preparado!

Paso nº. 8.- Vete al supermercado. Lleva contigo lo más parecido a un niño de menos de cuatro años que puedas encontrar (una cabra adulta es ideal). Si piensas tener más de un niño, llévate dos cabras. Haz la compra para una semana sin perder de vista las cabras. Paga todo lo que las cabras hayan comido o destrozado. Repítelo varias veces; mientras no puedas realizarlo con facilidad ni sueñes con tener hijos.

Paso nº. 9.- Prepárate para salir, espera en la puerta del baño durante media hora. Sal por la puerta de la calle. Vuelve a entrar. Vuelve a salir. Vuelve a entrar. Vuelve a salir. Baja por el camino otra vez. Anda por la calle muy despacio durante 5 minutos. Párate a inspeccionar con detalle cada pitillo apagado, chicle tirado, kleenex usado o insecto muerto que encuentres en la acera. Vuelve hacia atrás. Grita que estas harto hasta que los vecinos se asomen a mirarte. Date por vencido y vuelve a casa. Ahora estás más o menos preparado para llevar a un niño pequeño de paseo.

Paso nº. 10.- Ahueca un melón. Haz un pequeño agujero en un lado. Cuelgalo del techo y balancéalo de un lado a otro. Ahora coge un bol de papilla. Intenta meter cucharadas de papilla dentro del melón fingiendo que eres un avión. Sigue intentándolo hasta acabar la mitad de la papilla, vierte la otra mitad sobre tu regazo asegurándote que caiga mucha sobre el suelo. Ahora estás preparado para dar de comer a un niño de 12 meses.

Paso nº. 11.- Repite siempre lo que dices por lo menos cinco veces.

Paso nº. 12.- Apréndete todos los nombres de los Pokemon y demás series infantiles de éxito del momento. Cuando te sorprendas cantando canciones de High School Musical en el trabajo.... por fin estarás preparado para ser padre.


Niños, niñas, viernes de nuevo de una semana muy muy larga y muy muy liada. Qué le vamos a hacer. Espero sepan entender y disculpar esta entrada tan personal que no quiero alargar más, ni abusar de su amabilidad. Vienen lluvias, aunque no sé en qué quedará la cosa. Las temperatura, como estos días, muy templadas. Gracias, muchas gracias: por estar ahí, por sus comentarios, por su visita. Reciban un abrazo fuerte.

Y sí, ahora (qué ganas tenía de poner este vídeo), VENGA: Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz.... Juan Carlos, Gun: "acuérdate de que Bagheera te quería". Y que te quiere.





Hace un año: Mis canciones (I): Abba, Leo Dann y The Clash

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lunes, diciembre 10, 2007

Bajo la piel (un poema casi inédito)

En 1995 el Comité Ciudadano Antisida de Granada, a través de un siempre generoso Gerardo Venteo, me invitaba a un proyecto que se iba a llamar Memoria Azul y que consistía en una carpeta, preciosa y enorme, donde se unían un poema y una pintura de varios poetas y artistas, y de la que se iban a sacar a la venta 100 ejemplares para recaudar fondos. (Pondré por aquí algún día el maravilloso texto introductorio de Mariano Maresca). Acepté, por supuesto, y con la suerte de que se me emparentó con Manuel Vela, que entregó un trabajo soberbio (no puedo escanearlo, es demasiado grande): una serigrafía que me sigue emocionando cuando la miro. (Alguna parecida se puede ver en su página web, en obra gráfica)

El poema no tenía por qué ser inédito. Se podía ceder un poema ya publicado. Sin embargo, en mi caso, trabajaba entonces en un poema que se llamaba Bajo la piel, en recuerdo de la canción de Cole Porter, I've got you under my skin, en la versión que hizo Neneh Cherry. Contaba una historia real, que me había sucedido hacía muy poco.

Bajo la piel era lo que en su día no había podido contestar a alguien que me había contado su historia. Pongamos que se llamaba Ana (de hecho, el poema se publicó, no recuerdo dónde, con el título Ana recoge un análisis) y que tras un diagnóstico de sida, con la intención de no volver a trabajar y vivir intensamente el resto de sus días (entonces el sida era aún más grave que hoy), decide llevar desde el sur a Madrid unos cuantos kilos de hashich. La detención, tontísima (por un piloto delantero fundido y una señal de stop de la guardia civil que puso muy nerviosos a Ana y su novio -nunca habían hecho algo parecido-) fue en la provincia de Granada y yo estaba de guardia, por lo que me hice cargo de la detención. A través de las visitas que le hice a la cárcel, tuvimos cierta cercanía a través de varias charlas donde me contó parte de su historia. Hice amistad con Ana y con sus padres. Aún conservo una cartera de piel (le tengo un cariño especial) que me regalaron, cariñosos y generosísimos. Pero perdimos el contacto. Queda el poema, que pongo hoy aquí.

Bajo la piel

Ese papel repleto de números y siglas
que me has mostrado
no dice el mundo,
no, ni siquiera lo interpreta
en ese orden férreo que imponen
esas torpes columnas que lo cubren.

No importa. Del pliego arrugado
que muestras temblorosa
debes saber que tan sólo confirma
que lo que fue del tacto, de su vasto gobierno,
a veces permanece algo bajo la piel,
y no como memoria tibia, cierta,
no como ese perfume joven
que llega y llena las estancias
que fue cerrando el tiempo, no.

Bajo la piel, a veces, es sólo el desacuerdo,
las horas astilladas y difusas,
la cerrazón penúltima, lo único que sabemos:
que al lado de cada palabra
que le arrancamos a la vida
-para escribirla sobre el alma-
existe en paralelo un precio
ajustado, implacable, triste.

Bajo tu piel navega la etiqueta
desprendida de todas tus horas y tus días
con su precio final, injusto, digno.

Bajo mi piel, tus ojos húmedos
y el autobús vacío e iluminado
-acelerando enloquecido
por las calles de esta ciudad
de la que tan sólo recuerdas
una visita con tus padres
hace más de veinte años-
que me has incrustado en el alma
como una bala necesaria,
deseada tal vez, a tiempo.


Hace un año y dos días: Viernes musical: Lcd Soundsystem, St. Germanin y Jarvis Cocker

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miércoles, diciembre 05, 2007

Alegrías (blogueras) y agradecimientos + The rumble strips

Confieso que he estado pensando varios días si escribir o no esta entrada. Al final me he decidido a ponerla por varios motivos, siendo el más importante el agradecimiento. Les cuento.

La semana pasada, leía en El lamento de Portnoy algo que me dejaba alucinado. En la revista Paper de vidre (por cierto, genial) se publicaba una entrevista a Enrique Vila-Matas, realizada por Subal Quinina, Javier Avilés (autor de El lamento de Portonoy) y Guillem Miralles. Enlace para descargar la revista y enlace para leer la entrevista en castellano. También un comentario anónimo me avisaba de la mención en la revista y me dejaba el enlace.

En dicha entrevista, Vila-Matas reconocía leer habitualmente blogs (como dice, hay algunos escritores que se muestran orgullosos de no leerlos) y entre esos blogs (todos soberbios, por lo que he estado viendo estos días) está éste. Copio de Portony la pregunta y la respuesta:

"Pregunta
: Usted lee blogs, me lo han dicho y ha sido detectado. (...) ¿Le divierten los avances y los retrocesos en la comprensión de su obra de los bloggers que usted frecuenta?

Respuesta: Ahora parece que sea anómalo —hasta usted mismo parece extrañarse— de que merodee por Internet y lea blogs. Pero yo creo que, conociéndome, es algo normal que suceda. Que a los solemnes escritores españoles famosos se les caigan los anillos por leer blogs no significa que yo no lo haga, no significa que no pueda bajar a la arena de internet y perder anillos que, a fin de cuentas, recupero pronto.
Leo blogs literarios como leo periódicos y libros. No le cierro puertas a ninguna lectura ni información. Y sí, me divierte y me instruye y me interesa ver qué se dice y qué se mueve en ciertos blogs que considero honestos e interesantes, y no conducidos por el tontolaba de turno. Pondré ejemplos de blogs muy diversos pero todos francamente estimulantes: El lamento de Portnoy, El dormitorio de Maud , el de Pierre Assouline en Francia, Apostillas literarias de la mexicana Magda, Borra el humo de tu frente , La segona perifèria , el Moleskine literario de Iván Thays en Perú, Paraguas en llamas en el barrio del Clot de Barcelona, el de la madrileña Cristina Núñez Pereira , Hasta siempre Elena , el del Llibreter , el de Guillermo Urbizu , el de Miguel SanFeliu , el de Daniel Link en Argentina (Linkillo.com), No ha lugar en Murcia, el de Enrique Ortiz , el de Gustavo Faverón en USA, el de Fadanelli en México... Ahora que ya he compuesto esta lista —que era lo que más pereza me daba hacer—, creo que cualquier día de éstos dedicaré uno de mis dietarios volubles de El País a los blogs literarios.

Ni que decir tiene que me produjo una inmensa alegría. Que uno de los escritores que prefieres, al que uno sigue, lee y admira, con devoción, le eche un vistazo de vez en cuando a este artefacto es, no un motivo de orgullo -por lo que explicaré- sino un detallazo que te da aliento para seguir e intentar hacerlo lo mejor posible.

Digo que no es un motivo de orgullo porque, como ya he dicho muchas veces, no estoy haciendo el blog que a lo mejor debería hacer, un artefacto repleto de literatura, de poesía (que es mi vida), y que tuviera la hondura y el recorrido de, por ejemplo, de El lamento de Portony o el de Miguel Sanfeliu (como ven, el egotismo que me posee hoy me llevar a pensar que sería capaz de hacerlo, cuando, con toda seguridad, no estaría a mi alcance). Opté por lo variopinto, por un poco de todo sabiendo que al final esto termina siendo ná de ná, pero con la intención de que el que viniera aquí encontrara emoción, algo que pudiera conmoverle. Que el que entrara como no lector, terminara leyendo; que el que entrara como no oyente habitual de algunas músicas, terminara oyéndolas. Nada más. Por eso esa mención de Enrique Vila-Matas me alegra, inmensamente. Muchas gracias, mil gracias.

No tengo hoy el tiempo necesario para profundizar en lo que comenta Vila-Matas sobre los blogs, y dejo simplemente apuntado que será este medio, los blogs, el que se acerque al lector para ofrecerle impresiones, pareceres, extractos, de los libros, superando las limitaciones de la crítica en los medios escritos.

Otra alegría me la dio hace tiempo (espero sepa disculpar la tardanza) Raul Luceño, de la soberbia página Narrador.es, que le dio a este artefacto uno de sus premios blogs solidarios (enlace). Dejo pendiente un recorrido por su blog y la mención de mis blogs solidarios, pero, eso sí, muchas gracias, Raul y un abrazo fuerte.

Poco más, niños y niñas. Espero sepan disculpar este ataque de egotismo radical, que prometo que no se volverá a repetir. Se acerca, amenazante, el puente de diciembre, esa institución patria que anticipa las navidades y que es el disparo de salida, seco y sonoro, para que estallen las fiestas y nosotros con estos pelos. No haré puente, con lo que estaré de nuevo aquí el viernes, d.m. Recuerden que este artefacto no existiría sin ustedes. Mil gracias y abrazos fuertes. Les dejo para el festivo un temita del grupo que oigo estos días: The rumble strips.




Hace un año: Burger King y la publicidad

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lunes, diciembre 03, 2007

Las cosas que me digo: Donde se habla de almanaques (y Tercera parte)


Mus es puro presente y me explico. Hace un tiempo, M. me decía que el hecho de que Mus (un perro) durmiera o pudiera dormir tantas horas se debía a que a él no le preocupa el mañana, ni siquiera el más tarde, el después. Vive en un presente eterno.

Para Mus no hay un futuro. Todo lo más, ese ciclo del día que conoce y donde coloca lo que a él le importa: el juego, el paseo, los mimos, la comida. Su única noción del tiempo es un ahora, adorable y envidiable. Por eso, tal vez, si salgo dos minutos exactos, lo suficiente para comprar tabaco, me recibe con una alegría exultante, como si me hubiera ido hace años. A él le da igual. Su presente es inmenso y en él coloca lo que le importa: que estemos juntos, que vuelva, que volvamos a vernos.

Nosotros, los que andamos a dos patas (aunque no siempre), somos distintos. El presente está lleno, repleto, de pasado y, sobre todo, de futuro (tengo que hacer tal, no puedo, he quedado a las dos, luego tengo que llegarme a..., a ver si me diera tiempo mañana), de un futuro inmediato que nos come, que nos roba cada instante, que le está quitando el posible sentido que tenga el curso de nuestros días, es decir, nuestra vida.

Cuando uno va cumpliendo ya ciertos años y la vida de detrás, el pasado, se ha ido conviertiendo en un cúmulo que tiene su peso, lo que hay por delante, además de muy valioso, es crucial, esencial, en el sentido de que la cosa va en serio (como escribía Gil de Biedma) y que no hay tanto tiempo como uno pensaba, con lo cual, segundas y terceras oportunidades ya no son posibles. Por eso el presente se nos planta delante como algo a lo que deberíamos aspirar, por encima de todo.

La comida, los placeres culinarios, y el sexo, los placeres de alcoba, son dos de los pilares esenciales sobre los que sustenta cualquier vida a partir de cierta edad. Y, ¿por qué? Fácil, facilísimo: porque son puro presente, presente puro, y en el instante del papeo y del fornicio no hay nada más, absolutamente nada más, ni por delante ni atrás. De ahí (aparte de su atractivo, claro) su omnipresencia, y siempre en el top de las listas de ventas. El joven (el que yo fui lo veía así) no termina de comprender por qué los mayores planean con entusiasmo una visita a un restaurante determinado, por qué hablan de cocina, de platos y de vinos, mientras están comiendo, por qué planean sus vacaciones apuntando a ese sitio donde ponen un chorizicito de agárrate y no te menees. El joven no necesita de ese presente que proporciona la mesa porque ya lo tiene; su pasado es breve y la niñez todavía no es un paraíso dorado porque no la comprende; el futuro no existe, está demasiado lejos. El tiene el presente en sus manos y por eso se toma un bocata y no comprende el empeño de los mayores por algo más complejo. En cuanto al sexo, para el joven, es novedad, variedad y urgencia. Tampoco es presente, repito, porque lo tiene; quizá un futuro inmediatísimo: este fin de semana me tengo que cepillar a Susanita.

Cuando se dice de alguien que es un viejo verde no se hace sino constatar una realidad que no tiene más vuelta de hoja: hay que aferrarse al presente y el presente que proporciona esa visión verde del viejo nos es sino una necesidad de ahora, de ese ahora que borra el futuro, ese futuro donde no estaremos y un pasado tan incierto y doloroso (lo bello duele, lo queramos o no) que a lo mejor nunca hemos estado en él.

Somos tiempo, niños y niñas, nada más que tiempo. Y yo quiero ser presente, sólo presente, y tener esa camiseta de Pussy que decía: "Yo sólo quiero pasármelo bien"

Hace un año y dos días: Un día cualquiera: Pussy Galore + Los Planetas + Karmelo C. Iribarren

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jueves, noviembre 15, 2007

517 (un poema inédito), seguido de Your love is the place where I come from y mucho más Teenage Fanclub

Your love is the place where I come from es el título de la canción que prefiero de Teenage Fanclub, una de mis bandas de cabecera.

Ayer hizo siete años de un concierto que dieron en Madrid, y que fue como el disparo de salida del resto de mi vida, sin que entonces lo supiera y sin que fuera capaz ni siquiera de imaginar entonces que todo lo bueno, todo lo hermoso, iba a partir de allí.

A modo de celebración, inserto hoy aquí un poema casi inédito (lo autopubliqué en un cuadernillo), 517, seguido de una pila de canciones de Teenage Fanclub, a las que hace referencia el poema. Espero que les guste.

517

Cae afuera la tarde.

Te hablo del sur y del invierno,
de los charcos helados de Granada,
de tardes, tapias y colegios,
de las canciones de Teenage Fanclub.
Te hablo del mar y del verano.

Miramos una carretera
cuarteada por mil inviernos.

Me hablas del norte, de la lluvia,
del olor de Valencia en primavera
y del calor de un hospital
en el noventa y cinco.
Me hablas del mar y del verano.

Fumamos a escondidas.

Maldigo un tiempo sin nosotros,
la habitación donde no estuve, el miedo
que no sentí, el calor que no pasé.

Nos abrazamos.

Sobre la carretera cuarteada
por mil inviernos,
cae afuera una tarde, hermosa y lenta,
de principios de junio.



Teenage Fanclub: Your love is the place where I come from

Ain't that enough




Sparky's dream



Hang on




Star sign




I need direction




Norman 3




Everything flows



About you



Niñas, niños, mañana no acudiré a la cita con el artefacto éste. Viajo, eso sí, por estrictos motivos laborales, así que nada de envidia. Es uno de esos días que uno no quiere que lleguen nunca. Jornada de madrugón-madrugón (no de estos madrugones por gusto), voy para volver enseguida, enseguida que es regresar a casa 19 horas más tarde, sin siesta, lo cual significa que voy a estar penoso y endemoniado desde la una de la tarde (no está ya uno para muchas tonterías). En fin, qué les voy a contar. No seré yo el que me queje cuando ya está a tiro de piedra el sábado, con su mañana, con su comidita, con su siesta, aysssss, qué tendrán los sábados. El tiempo seguirá siendo una ruina: sol y frío, nada de lluvia, y habiendo mediado ya noviembre y sin llover no significa sino que habrá sequía, y gorda, en primavera y que hay virus, muchos, en forma de gripes, falsas gripes, gastroenteritis, etc, en el ambiente. Mientras no llueva no se irán, así que a comer mucho, que, en comiendo, no llegan los virus. Gracias, y muchas, por las visiticas y las lecturicas, y un abrazo fuerte. No olviden sonreir y dénle gas o, mejor: dale gas.


Hace un año: El síndrome Chéjov, de Miguel Angel Muñoz


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martes, noviembre 13, 2007

Nopost

He tenido los tres días de este fin de semana largo y, sin embargo, no me he sentado al ordenador sino para intentar solucionar un problema de windows (tengo que pasarme a linux).

El día de hoy, tranquilo, la tarde de hoy, tranquila, y tampoco he tenido ganas de anticipar unas líneas que harán que mañana me levante con algo más de tiempo, sin necesidad de poner algo rápido aquí: un vídeo, un poema corto, una imagen.

Y en el tintero muchas cosas: una última entrega sobre los almanaques, un especial sobre poetas y blogs, el descubrimiento de un blog que me encanta, el del arquitecto Andrés Martínez, repleto de ideas luminosas y muy sugerentes, una reflexión sobre estos tiempos tan extraños en los que unas palabras duras entre mandatarios sirven para engrosar las cuentas de los tonos-politonos-sonitonos; lo que en otro siglo hubiera dado para una guerra, y de las buenas, hoy es un tono de móvil, una invitación de un periódico a ver chistes (sí, vean si no El Mundo), la vida, la política como un plató eterno de programa rosa. Qué cosas.

También quiero escribir sobre esa camiseta de la que hablaba Pussy el otro día: sí, una que ponía "Yo sólo quiero pasármelo bien" y que a mí me recordó aquel cartel al lado de una carretera, en París-Tombuctú, donde García Berlanga puso su "Tengo miedo" porque, sin duda, había llevado durante toda su vida esa camiseta de Pussy.

Son algo más de la ocho de la tarde; vengo de dar un paseo con Mus, voy a darme una ducha enseguida, a cenar algo (pasta negra con sepia que quedó de ayer, un lujazo) y a ver un nuevo capítulo de Los Soprano. Sé que podría sentarme aquí un rato e intentar escribir algo o buscar una canción perfecta, redonda, de esas que uno repite y repite y repite. Pero sé que voy a preferir estar un rato tumbado en el sofá, fumando (sin deber hacerlo), tomando una onza de chocolate y dejando que el día termine: despacio, sereno, al lado de una lámpara que me cobija (esto ya lo escribí hace tiempo)

Así que me doy prisa y opto por dejar que los dedos corran sobre el teclado escribiendo sobre por qué no escribo un post en condiciones, de esos que pongan en ristre ciertas cosas que no entiendo y que, a medida que pasan los años, hacen como si aumentara la distancia que a veces siento entre mi alma y el mundo.

Pero no. No quiero que aumente esta distancia. Hay que estar aquí y ahora, firmes, si se puede, en pie, viendo cómo todo sigue sucediendo, y cómo todo, muchas veces, se torna extraño, extrañísimo.

Arreglaré y decoraré este nopost con una canción: Revolution (in the summertime?) de los Cosmic Rough Riders: algo hippy, floreada, optimista, iluminada, feliz. Tal vez como me siento y no he sido capaz de escribirlo. Y me pongo en medio de la canción: llevo una camiseta blanca donde puede leerse "Yo sólo quiero pasármelo bien", voy en una ducati hecha polvo, por un camino de tierra al lado de pinos, a un pueblo pequeño y blanco, redondeado, que no está lejos del mar, donde tengo que comprar las cosas de esa lista que me ha escrito alguien que yo sé. Tengo la edad de ahora y voy descalzo.

We can pray for the sun
Let it shine on everyone
Sunshine brings love


C
osmic Rough Riders: Revolution (in the summertime?)

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