Siempre es un placer traer por aquí a Elliot Murphy, uno de esos incombustibles del rock, otro poeta eléctrico, como Lapido. Mayor placer es encontrar una canción de la que puede extraerse tanto como ésta; porque si uno lo piensa, ¿no es más sugerente el día después de San Valentín al de San Valentín? Les dejo la letra y el audio abajo.
The day after Valentine's day
There were paper roses all down the street
I crushed 'em under my feet as I walked on
To another life that maybe I wouldn't face alone
But now I'm on my own - so far gone
Its the day after Valentine's Day
There's nothing led that's gonna help me ease the pain
All my cards are gone but my broken head remains
Everything changed the day after Valentine's Day
She said if I stod kissing you I may never stop
But what we got didn't mean that much
Except this memory that keeps daunting me
And takes me back in time
Before you led me behind
When love was mine
But its the day after Valentine's Day
There's nothings left that's gonna help me ease the pain
All my cards are gone but my broken dead remains
Everything changed the day after Valentine's Day
But its the day after Valentine's Day
And nothings gonna help me now to ease the pain
All my cards are gone but my broken head remains
Everything changed the day after Valentine's Day
But its the day after Valentine's Day
Oh and there's nothings left to help me now and gonna ease the pain
Well all my cards they're gone but my broken head remains
Cause everything changed the day after Valentine's Day
Yeah everything changed the day after Valentine's Day
Everything changed the day after Valentine's Day
Hace un año y un día: Páginas amarillas (IV): Enferma, Enfermera y Envejecido
Hace un año: A propósito de Ratatouille, una cita de Peter Handke
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jueves, febrero 12, 2009
martes, febrero 10, 2009
Especial día de San Valentín ( II ): Forges
lunes, febrero 09, 2009
Especial día de San Valentín ( I ): publicidad
Vaya por delante que uno no es de mucho celebrar días como éste, extraños, con olor a Paseo de la Castellana, café frío y hotel rural. Pero como uno ha aprendido que oponerse a días convencionales es tan convencional como celebrarlos, y como he visto dos o tres cosas por ahí que me han gustado, vamos allá con este especial.
Por mucho que me esfuerzo, no encuentro en mi torpe caudal biográfico nada extraordinario que contar sobre el día de San Valentín, nada. Si acaso, allá por nuestros diez u once o años, el miedo a ponerse algo rojo aquel fatídico día, cuestión ésta que no siempre estaba al alcance de uno ya que, claro, eran las madres las que ponían la ropa del día siguiente sobre una silla.
Sí, según la leyenda escolar de aquellos tiempos, casi terminando los setenta, el que se ponía algo rojo el día de San Valentín estaba enamorado y no había nada peor que para un niño de aquella edad, en un colegio de chicos, que estar enamorado. Si a uno se le descubría el más mínimo gesto al respecto enseguida un coro de no menos de 50 niños gritaba, aullaba: "¡está enamoraaaaaado, está enamoraaaaado!" Como por aquella edad el hecho de estar enamorado no traía todavía los pingües beneficios de un historietón que contar a base de muerdos, metidas de mano, intentos, etc., lo mejor era evitar el rojo delator aquel día.
Sí he visto en El barón rojo tres anuncitos que me han gustado, y mucho.
En el primero, un marido olvida el día de San Valentín, qué cosa, mira que hay que ser manta para olvidar una cosa así. En el segundo, alguien también se ha olvidado de alguien. Y en el tercero, lejos de olvidarse, se reciben una propuestas muy interesantes, sí señor. Además, nos recuerda y es una gráfica lección de aquéllo: the medium is the message. Y en esas andamos.
Hace un año y dos días: Sé lo que hicísteis, Sanchez Dragó, Cristina Tárrega y Foolish wives, de José María Álvarez.
Hace un año y un día: Un disco y una canción: Auditorium, de Radar Bros y Bright tomorrow, de Fuck buttons
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Por mucho que me esfuerzo, no encuentro en mi torpe caudal biográfico nada extraordinario que contar sobre el día de San Valentín, nada. Si acaso, allá por nuestros diez u once o años, el miedo a ponerse algo rojo aquel fatídico día, cuestión ésta que no siempre estaba al alcance de uno ya que, claro, eran las madres las que ponían la ropa del día siguiente sobre una silla.
Sí, según la leyenda escolar de aquellos tiempos, casi terminando los setenta, el que se ponía algo rojo el día de San Valentín estaba enamorado y no había nada peor que para un niño de aquella edad, en un colegio de chicos, que estar enamorado. Si a uno se le descubría el más mínimo gesto al respecto enseguida un coro de no menos de 50 niños gritaba, aullaba: "¡está enamoraaaaaado, está enamoraaaaado!" Como por aquella edad el hecho de estar enamorado no traía todavía los pingües beneficios de un historietón que contar a base de muerdos, metidas de mano, intentos, etc., lo mejor era evitar el rojo delator aquel día.
Sí he visto en El barón rojo tres anuncitos que me han gustado, y mucho.
En el primero, un marido olvida el día de San Valentín, qué cosa, mira que hay que ser manta para olvidar una cosa así. En el segundo, alguien también se ha olvidado de alguien. Y en el tercero, lejos de olvidarse, se reciben una propuestas muy interesantes, sí señor. Además, nos recuerda y es una gráfica lección de aquéllo: the medium is the message. Y en esas andamos.
Hace un año y dos días: Sé lo que hicísteis, Sanchez Dragó, Cristina Tárrega y Foolish wives, de José María Álvarez.
Hace un año y un día: Un disco y una canción: Auditorium, de Radar Bros y Bright tomorrow, de Fuck buttons
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viernes, febrero 06, 2009
Y no hay manera de ir donde no hay nadie (Claudio Rodríguez y Giant Sand, Howe Gelb y Shiver)
Y no hay manera de ir donde no hay nadie, escribía Claudio Rodríguez en el poema Nocturno de la casa ida, de su libro Casi una leyenda, de 1991, su último libro.
Desde hace varios años le doy vueltas a ese verso, un endecasílabo perfecto, como eran todos los de Claudio Rodríguez.
Pero hoy quiero ir donde no hay nadie, no sé, aunque no haya forma de ir. Dar la vuelta, cruzar, ir más allá, borrar las líneas, volar los mapas.
Quiero ir donde no haya nadie, donde no esté ni siquiera yo. Un lugar no de escapada, no, sino de vuelta, de regreso, donde el que vuelve, regresa desposeído, vaciado, acorde, en paz.
Ir más lejos, sí, donde no haya nadie.
Pedro Casariego Córdoba quería entrar en una agencia de viajes y pedir un billete al país de los héroes solitarios; Schubert vio una imagen en el hielo y tres soles en su Winterreise, su Viaje de invierno (una de las músicas más hermosas y tristes que se hayan escrito nunca -enlace-).
Un lugar donde no haya nadie, donde el paisaje, solo, acontezca a solas, sin tiempo, sin memoria, sin futuro.
No ser nadie hoy.
Y de poder elegir, ser hoy Howe Gelb en esta canción, Shiver, de su grupo Giant Sand.
Y vivir cerca del desierto, y bañarme en albercas, y tener perilla, y una bicicleta tuneada.
Y no mucho más, queridos niños y niñas. Volvemos a las alertas por nieve, así que ya veremos. Les debo unas fotos del pasado domingo, con Mus disfrutando de esa nieve que él piensa que han puesto ahí para jugar, para pegarle bocados, para embadunarse y dar saltos sobre ella. Me dejo también una reflexión inquietante. Según leo en El Mundo -enlace- hacerse pajas entre los 20 y los 30 aumenta el riesgo de cáncer de próstata (mal vamos), pero cascársela a partir de los 50 disminuye ese mismo riesgo. Mi pregunta -llevo ya muchas horas dedicadas al tema- es qué nos pasa a los de los 40 y, claro, en su virtud, qué hacemos, cómo actuamos. Por favor, a ver si algún científico caritativo nos puede aclarar el tema. Gracias por su tiempo y por su generosidad. Besos y abrazos a doquier.
Hace un año y un día: Fuera de juego, de Alberto Tesán
Hace un año: Winterlong, por Neil Young y por los Pixies
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Desde hace varios años le doy vueltas a ese verso, un endecasílabo perfecto, como eran todos los de Claudio Rodríguez.
Pero hoy quiero ir donde no hay nadie, no sé, aunque no haya forma de ir. Dar la vuelta, cruzar, ir más allá, borrar las líneas, volar los mapas.
Quiero ir donde no haya nadie, donde no esté ni siquiera yo. Un lugar no de escapada, no, sino de vuelta, de regreso, donde el que vuelve, regresa desposeído, vaciado, acorde, en paz.
Ir más lejos, sí, donde no haya nadie.
Pedro Casariego Córdoba quería entrar en una agencia de viajes y pedir un billete al país de los héroes solitarios; Schubert vio una imagen en el hielo y tres soles en su Winterreise, su Viaje de invierno (una de las músicas más hermosas y tristes que se hayan escrito nunca -enlace-).
Un lugar donde no haya nadie, donde el paisaje, solo, acontezca a solas, sin tiempo, sin memoria, sin futuro.
No ser nadie hoy.
Y de poder elegir, ser hoy Howe Gelb en esta canción, Shiver, de su grupo Giant Sand.
Y vivir cerca del desierto, y bañarme en albercas, y tener perilla, y una bicicleta tuneada.
Y no mucho más, queridos niños y niñas. Volvemos a las alertas por nieve, así que ya veremos. Les debo unas fotos del pasado domingo, con Mus disfrutando de esa nieve que él piensa que han puesto ahí para jugar, para pegarle bocados, para embadunarse y dar saltos sobre ella. Me dejo también una reflexión inquietante. Según leo en El Mundo -enlace- hacerse pajas entre los 20 y los 30 aumenta el riesgo de cáncer de próstata (mal vamos), pero cascársela a partir de los 50 disminuye ese mismo riesgo. Mi pregunta -llevo ya muchas horas dedicadas al tema- es qué nos pasa a los de los 40 y, claro, en su virtud, qué hacemos, cómo actuamos. Por favor, a ver si algún científico caritativo nos puede aclarar el tema. Gracias por su tiempo y por su generosidad. Besos y abrazos a doquier.
Hace un año y un día: Fuera de juego, de Alberto Tesán
Hace un año: Winterlong, por Neil Young y por los Pixies
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miércoles, febrero 04, 2009
Vaughan Williams: Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis
Hay pocas músicas más bellas que esta Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis, de Ralph Vaughan Williams.
El sonido, a través de la orquesta, es mucho más que sólido, algo que parece que se te pudiera meter dentro, como un vaso de agua, como un trozo de pan con aceite, como una bocanada de aire.
Espeluznante, radicalmente hermoso, grave, solemne, apoteósico, absolutamente genial, es difícil no sentir esa plenitud, el estado de gracia de lo que es del instante, de la luz fugaz, de todo lo que es desoladamente irrepetible.
Compuesto en 1910, se utilizó en las películas Remando al viento y Masters and Commander.
Para el que quiera saber algo más de este compositor inglés (enlace) y para saber un poquito más sobre esta obra (enlace)
Dejo un vídeo con un extracto, y otro con una toma en directo de la obra completa.
Niños, niñas, preparen los pañuelos.
Hace un año: Las cosas que me digo: Saint Etienne, So though, Hobart paving
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El sonido, a través de la orquesta, es mucho más que sólido, algo que parece que se te pudiera meter dentro, como un vaso de agua, como un trozo de pan con aceite, como una bocanada de aire.
Espeluznante, radicalmente hermoso, grave, solemne, apoteósico, absolutamente genial, es difícil no sentir esa plenitud, el estado de gracia de lo que es del instante, de la luz fugaz, de todo lo que es desoladamente irrepetible.
Compuesto en 1910, se utilizó en las películas Remando al viento y Masters and Commander.
Para el que quiera saber algo más de este compositor inglés (enlace) y para saber un poquito más sobre esta obra (enlace)
Dejo un vídeo con un extracto, y otro con una toma en directo de la obra completa.
Niños, niñas, preparen los pañuelos.
Hace un año: Las cosas que me digo: Saint Etienne, So though, Hobart paving
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lunes, febrero 02, 2009
A6, un poema inédito

A-6
He visto
cómo cede la muerte ante el recuerdo
en un ramo de flores
atado al borde de la carretera,
el hito de la desventura,
la señal kilométrica
de algún amor, de su memoria.
He visto
la cresta de la luna reflejada
en el retrovisor
y he contemplado noches de verano
cuando esa luna era una hoguera,
el mar, la arena, un cubo de sangría,
la vida por delante, todo para más tarde.
He visto
el rastro mortecino del día laborable,
el ladrido del viernes,
la calma negociada de la tarde,
el destello de alguna madrugada.
He visto
un desayuno que mi madre
preparó en el sesenta y nueve,
a una muchacha conducir
mientras se maquillaba,
a un hombre adelantar llorando.
He visto
el rastro desgastado de la urgencia,
el cristal empañado del amor,
esa cifra imposible de un asiento vacío.
He oído
tu voz diciéndome al teléfono
“gira a la izquierda y sigue recto,
llámame cuando llegues,
yo te abro”.
Hace un año y dos días: Buenas noticias: El regreso de Tata Golosa: la pastilla (con una reflexión sobre la Viagra) + Publicidad.
Hace un año y un día: El blog de Anna
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viernes, enero 30, 2009
Sangre, de Shotta + Rémi Gaillard
Sin olvidar aquel memorable The Future, de Leonard Cohen, al que le bastaron dos estrofas para hablar del muro de Berlín, del sexo anal, del crack y de Stalin, a Shotta le basta un minuto y medio de la canción que abre su disco Sangre (2008. Boa Recording), Coches de choque, para hablar de Lucía Lapiedra, Trotsky, la Teletienda, el sistema solar, el sida, Bukowski, Jesucristo, Chernóbil y los Eroski. Todo eso en minuto y medio, sí.Algún crítico literario diría que todas esas referencias -baldías- necesitarán el día de mañana de notas a pie de página para explicar el texto. Sin embargo, el Quijote, La Celestina, el Lazarillo pueden leerse con notas y sin notas a pie. Es más: está por hacer un recuento -a lo mejor se ha hecho- de todas las expresiones del Quijote que se han ido incorporando a nuestro habla cotidiana, pero ese es otro tema.
Todas esos referentes -en tan sólo un minuto y medio; imaginen en quince canciones- harían las delicias de Eloy Fernández Porta (su libro Homo Sampler -Anagrama.2008- será lo próximo que un servidor se meta entre pecho y espalda). Es difícil explicar este disco sin una inmersión en el presente de las grandes ciudades, del extrarradio, de una cultura absolutamente subcultura o a lo mejor no tan sub como uno podría pensar.
Sangre es un disco enorme, repleto de buenas canciones, de ilusión y de desilusión, donde late, en cada nota, todos y cada uno de los fracasos de nuestra sociedad occidental. Violento, tierno, sí, insolente, muy chulo, manteniendo una mirada de asombro y piedad, Shotta arremete contra la violencia con violencia, brinda por sus noches y sus versos, por los amigos, por la droga y por el sexo. Las bases musicales son riquísimas, y oscilan entre lo más jazzy y los bajos rotundos del hip hop, pasando -claro- por sudamérica, que tan bien ha entendido esta musical radical y moderna.
Hay que oír este disco. Hay que pensar en Sevilla, en cómo el mismo espacio -no tan grande como Madrid o Barcelona- entrega lo más tradicional de este país y, de alguna forma, lo más radical y libre, lo más contestatario.
Les dejo el tema Me gusta, un correlato a aquél de Manu Chao. Sin embargo, aquí hay sinceridad, pasión, luminosidad, cachondeo y lucidez. Cuando uno, al lado de "Me gusta la vida que me ha tocado vivir" escucha "Me gusta mirarte cuando meas", descubre que hay un todo de posibilidades en el poema y que estos chicos han escogido bien sus armas y, en el fondo, uno siente envidia ante tanta frescura.
Y para aligerar el viernes, dejo un video de Rémi Gaillard (vía Ziritione) que, en algunos momentos, me ha hecho descojonarme: lo del buffet es genial. En general, no soy yo de mucho disfrutar con este tipo de happenings, pero éste, en concreto, me ha encantado. Puede leer algo más de Gaillar en este enlace y en éste otro link pueden ver la obra completa (por si el fin de semana les deja un hueco)
Y no mucho más, queridísimos niños y niñas. Empieza de nuevo el frío. Es más, el insigne INM, ahora conocido con AEMET, ha puesto nieve aquí mismo desde el lunes al miércoles. En Madrid ya ponen nieve -por lo que pueda pasar- si están previstos 20 grados. Además, todas las mañanas la misma historia -que es mentira-: en los carteles luminosos de la A1 dos mensajes: Precaución: máquinas echando sal y Precaución: máquinas quitanieves trabajando. Cuando uno lo ve y el termómetro del coche marca 7 grados, qué quieren que les digan, que me hacen reír todos los días; son unos cachondos. Eso sí, ya quisiera yo ser el conductor de ese quitanieves que está trabajando. En fin... Les dejo abajo un mapa muy gráfico -que saco del foro de Meteored- de lo que podría acontecer en la rúa, como no diría Antonio Machado. Muchas gracias por su tiempo, por su paciencia, por su generosidad. Besos y abrazos.

Hace un año y un día: Historia maravillosa a las tres de la madrugada, de José María Álvarez
Hace un año: El talento de los demás, de Alberto Olmos
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