martes, noviembre 10, 2009

Cotidiana


Son las ocho de la tarde del sábado. Leo por encima el suplemento cultural de Abc. Viejos nombres: Guillermo Carnero, Jaime Siles y Schiller, Fresán. Nuevos nombres: lo último de Fernández Mallo bajo la luz de Pozuelo Yvancos, un disco para bajar (es gratis): The Slew (sí, Kid Koala mezclando rock sudoroso y sucio, como aquella maravilla que fueron The experimental reximes , de John Spencer Blues Explosion, un disco al que decido volver esta misma semana).

Oigo cantar al vecino de abajo. Por lo que canta, adivino -aunque ya lo sabía, claro- que estará en torno a mi edad. Me cae bien. Entona -muy mal- aquel Santa Lucía, de Miguel Ríos (nunca me gustó esta canción), y sé que está esperando el partido del Atlético contra el Madrid. Es hincha del Atlético. Me acuerdo de un relato -que me encantó- de Almudena Grandes, que iba de estos partidos. No continué con el libro, sólo leí el primer relato y no recuerdo dónde. Fue en una de esas casas en las que uno va a pasar una sola noche, y, entre las estanterías, extrañas, coge lo primero ve, lo justo para conciliar el sueño, cuando no tienes tus libros a mano.

María, desde la otra habitación, me está contanto una escena de Toma el dinero y corre. Cuando, en la penitenciaria, Woody Allen se queda solo cantando -atado a otros presos-: voy a ver a mi novia, voy al Mississipi. Me acuerdo de uno de los libros que más me han gustado de toda mi vida: Palmeras salvajes, de Faulkner y pienso en la muerte de Jeff Buckley, que se ahogó en río Wolf. Pienso en el hechizo de esa canción que nunca me cansaré de oír: su versión del Hallelujah. Me acuerdo de un poema que hace tiempo que no leo y que me gusta mucho: A un río le llamaban Carlos, de Dámaso Alonso, y se refiere al Charles River, en USA, que no recuerdo donde estaba. Me encantaba cuando, al final, el río se convertía en Dámaso y el propio poeta corregía el error para, enseguida, escribir, quiero decir, Carlos, o algo parecido. Me gustan esos poemas donde se simula el error, la corrección, se introduce un quiero decir, perdón, no sé. Es un mecanismo, perfecto, de acercamiento. Creo recordar que a Gun, al que muchas veces también han llamado Carlos, también le gustaba el poema. Ayer, al ver el temporal en Galicia, me acordé de él, de ese verso de Angel Luis Vigaray que tanto le entusiasma: "En la tarde otoñal, qué solo el mar rugiente". Me detengo en la magia del verso, en la perfección de esos heptasílabos, en el otoño y en la soledad del mar, rugiente.

No tardaré en ducharme. Los sábados me gusta ducharme con calma antes de cenar. Afeitarme. Cambiarme de pijama. El afeitado apresurado de todos los días, el sábado, lo cambio por un afeitado tranquilo y me gusta la sensación de estar recién afeitado y no ir a ningún sitio, no tenerte que vestir, salir a la calle, comenzar el día. Me gustan esos lujos -que no lo son- que uno se reserva porque sí. Un pijama limpio, un afeitado para dormir, una cremita de las que van quitando arrugas. Pienso en muchos sábados en que la ducha y el afeitado eran para salir, para tomar un millón de cubatas con Martínez y terminar intentando llamar por teléfono desde una máquina de tabaco. Ahora el sábado es la misma ducha, idéntico afeitado, pero hay pijama, y cena, y, con suerte, una peli que terminará entusiasmándome. Ya tarde, un breve paseo con Mus, el viento frío en la piel rasurada, el calor al entrar de nuevo y el libro que terminará a un lado, cuando me venza el sueño y me encuentre pensando en que, seguramente, este es el mejor lugar donde podría estar, la mejor edad, el mejor sábado.


Hace un año y tres días: De cómo me morí

Hace un año: Un homenaje y un premio, con un poquito de publicidad

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viernes, noviembre 06, 2009

Publicidad: ropa interior, la forma y cachorros + Gabriel Le Mar: love dub

Mi hermana menor, desde muy pequeña, siempre pedía a los reyes magos ropa interior. Mis padres, lógicamente, se miraban, entre alucinados, divertidos y absolutamente acojonados. Yo, claro, no espantaba sus males y les decía: esa esconde algo. A pesar de que Cuti tenía 11 años, o 12, ellos siempre tenían ese temor a su espalda. Cuando le preguntaban por qué quería ropa interior, la niña, en un razonamiento aplastante, decía que le gustaba (hubiera sido muy mala si sólo hubiera pedido lencería a sus majestades los reyes de Oriente para acojonarlos).

Más allá de los gustos sobre la ropa interior (un día, si todo va bien, montaremos un debate aquí: que si roja, que si negra, que si blanca, vivan los boxes, o los tangas...), me ha gustado, mucho, este anuncio, que veo en Los mejores anuncios de televisión. (todos los de hoy vienen de ahí). No sé, te deja como una sensación extraña. No hay rencor, no hay denuncia. Como dicen en Los mejores anuncios, puede ofender o no, dependiendo de a quién. A mí me ha gustado esa mirada neutra. Nadie, tras ver el reflejo del cristal, puede acusar, levantar la mano y, sin embargo, sigue siendo algo reprochable. No sé, a ver qué les parece.



Más manido, sí, pero impecable, es este otro anuncio. En la última peli de Woody Allen, que me encantó, pensé en esto: cómo el contenido, más allá de las historias de siempre, depende del envoltorio, o sea de la forma. Ergo, lo que importa es la forma. Este, para mí, es un ejemplo de cómo, con un contenido clásico, sin contar nada nuevo, una factura impecable, un crescendo casi invible, hace de este anuncio algo muy emotivo. A ver si les gusta.





Y el punto divertido (tampoco tanto, pero me ha gustado) lo pone el bendito whisky, que a mí no me emociona (ya hablaremos del gin-tonic). Me ha hecho recordar la época de un Mus cachorro, que sí, que atraía a muchas muchachas en minifalda, con la consiguiente alegría por mi parte. Ayyy, si me diera un hijito cachorro con el que poder pasear en la primavera. Espero que no les disguste demasiado.



Y para despedir la semana, el tema Love dub, de Gabriel Le Mar. Hace ya muchos años, era más asiduo a esta música, que siempre he llamado Dance, sin más etiquetas. Este tema me ha gustado por lo que me gusta, de vez en cuando, volver a los discos de Tosca o Filla Brazilia: por su progresión, porque tienen algo que es como un polo magnético, porque avanzan de forma milagrosa y crecen. A ver qué dicen.



Y no mucho más, mis queridos niños y niñas. La rebequita se ha convertido en jersey y ya lleva uno calcetines (lo mejor de los calcetines es cuando uno se los quita a llegar a casa). Más fresco, sí, un tiempo rotundo otoñal, perfecto para el paseo, aunque no se vean esas muchachas en minifalda, leitmotiv de muchas existencias. A este tiempo le va unos choricitos asados en la chimenea, unas castañas, un vaso de vino recio, una siesta entre mantas, chocolate caliente y una historia donde haya bosques y lluvia, maleza y montañas. Muchas gracias por su tiempo, su paciencia para con mis tontadas, y por su generosidad. No quiero dar envidia, pero el lunes es fiesta por aquí y, lo que son las cosas, los que sufrimos o gozamos del pluriempleo, en un país de fiestas locales, nos toca fiesta y no-fiesta, ya que alternamos términos municipales. Así que tengo la picha hecha un lío y todavía no sé cómo haré el lunes, aunque por experiencia sé que vencerá la opción clásica: vacacionar tutti plen. Les dejo abajo un maravilloso gif, ya que he aprendido a subirlos e iré buscando otras obras maestras como la que les traigo, para disfrute del respetable. Besos y abrazos.

Hace un año y un día: Preguntando al respetable: Niños y profesores, sangre y Halloween

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miércoles, noviembre 04, 2009

José Luis López Vázquez, in memoriam

Hoy traigo algunos recuerdos, de la mano de José Luis López Vázquez. Aunque mi momento favorito -que no encuentro- sigue siendo uno que comenté ya aquí, en Patrimonio Nacional, de (claro) Luis García Berlanga, cuando, para conseguir los favores de la francesa, que es la mujer de Vilallonga, se diseña unos zapatos con unas alzas tremendas, y, dando traspiés, va de un lado a otro de una habitación, diciéndose: "con esto me la tiro, con esto me la tiro". A Martínez (qué buen rato ayer al teléfono, muchacho) le encanta. Me hubiera gustado traer algo de Vivan los novios, también de Berlanga, una peli que cada vez me gusta más. Espero disfruten de estos momentos: Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo.









Hace un año y un día: Casa de citas: William Burroughs

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lunes, noviembre 02, 2009

Dos poemas de Piedad Bonnett


Vocación de quietud

Y de repente, esta vocación de quietud,
de mariposa que quiere regresar a la crisálida,

de ser viento apresado entre una caracola.

Este deseo loco

de parar,

de envolverse en la neblina,

de ignorar el llamado, la proclama,

de que los días sean

apenas una música,

una conversación en la penumbra
,

un nombre que regresa navegando

entre el vaho calinoso de la sopa,


un no ser siendo hacia la gran caída.


Contabilidad

El debe y el haber:
doble columna
que el tiempo va asentando
sobre el libro de cuentas de los días
con mano minuciosa
y rigor que no admite apelaciones.
Tarde ves el balance,
las deudas, los desfases,

las pérfidas movidas del contable
que hizo que aquel cruzara muy temprano
y ese otro muy tarde por tu vida.
Y está lo que no ves,
lo consignado con miserables tintas invisibles:

la puerta que tocaste diez minutos después
de alguna despedida. La voz que nunca oíste,
la calle no cruzada, el paradero
en que tuviste miedo de bajarte.

Y en un rojo indeleble,

la cadena de tratos y pactos y traiciones,
la irreversible línea que te suma y te resta,
la que te multiplica y te divide.


Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia.1951) ha sido un descubrimiento para mí. El sábado por la mañana, casi al azar, compraba Las herencias (Visor.2008) y he pasado el fin de semana dándole vueltas a los poemas de este soberbio libro. Para el que quiera más, les dejo en enlace a su página web (enlace).


Hace un año: Un acontecimiento: Bon Iver: The wolves (Act I & II)

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viernes, octubre 30, 2009

Quedarse a vivir en una canción de Baaba Maal

Tenía ganas de hablar un rato, de escribir aquí esa sensación -casi clara- de cansancio y felicidad de estos últimos días, cuando el otoño nos ha dado esta tregua dorado a base de bonanza, sol dorado y un sorbo dulce de casa y calle.

Quería remontar dobleces, apurar la tarde que cae, explicar cómo todo lo que es de la sencillez y la alegría se va amontonando a los lados, como esos postes -a franjas negras y amarillas- que, en las carreteras de montaña, evitan que te pierdas en la niebla.

Hubiera querido hablar de todo lo que es claro, de lo que es franco y abierto, de lo que pertenece a la sonrisa y a la piel que pronuncia o balbucea, de eso que nos acerca y hace que, sin esfuerzo alguno, podamos entender esas razones diferentes de las que hablaba Espriu. No sé exactamente de lo que quería hablar aquí, pero quería contar que uno, a lo mejor, muchas veces, se siente bien y pareciera que el loco mecanismo que hace girar todo esto estuviera, por una vez, ajustado.

Quería hablar de un poema de José Luis Gallero, que dejo aquí:

a veces
pierdes
la facultad de reunirte contigo:
la facultad de no estar solo
la facultad de hacer milagros
la facultad de distinguir
tu propia aventura

de ver
de oír:
el grillo está en el verde
la brisa está en las hojas
la luna está en el cielo


Quería hablar del gesto de una rebeca vieja que cubre unos hombros, de su milagro a base de fuego y sencillez, iba a explicar cómo he visto salir el sol, pronunciando una especie de abrazo, estos últimos días de la semana y cómo he pensado en vueltas, en trayectos, en lo extrañamente sencillo que es, en el fondo, todo, el mecanismo de una caminata, el brillo del barro, la dulcísima quietud de los bosques, el prodigio del sueño, la arritmia de lo que es cercano y nos es extraño.

Pero no, claro. Comienzo a escuchar el último disco de Baaba Maal, Television, y me quedo a vivir en la canción, con el mismo título, que abre el disco. Encuentro ahí todo lo que hubiera podido traer aquí, con mi torpeza. Tiene ese brillo de inocencia y esperanza, cansancio y alegría, amor y miedo, camino atrás y adelante, el gesto de rebeca desgastada que quería contarles, sí, y tiene, sobre todo, como todo lo que es grande y alto y ha cruzado los surcos arrugados del alma, sí, tiene ese extraño y hermosísimo abordaje en que consiste todo esto.

Feliz fin de semana.




Hace un año y un día: La condena, un poema de Felipe Benítez Reyes

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miércoles, octubre 28, 2009

Publicidad: sexo y bragas + Harley Davidson, del sexo y de las palabras

Pues eso, que hoy miércoles vengo con algo de publicidad, estática y dinámica, oséase, spots.

Por mucho que uno pueda pensar y traer por aquí, no piensa en nada últimamente que pueda superar a estos anuncios. Créanme, lo mejor que hoy puedo traerles son estas piezas, con las que he disfrutado. Vía El barón rojo y ChiquiAds (gracias a los dos).

Ahí van.

Este anuncio me ha encantado, me ha hecho reír y sigo riéndome. El lema dice: ¿Cómo decirle a tus padres que ya eres sexualmente activa?


También es genial el anuncio de una marca de pinturas, que dice: " Cada cosa en su color. Negro: rollo de una noche. Blanco: noches románticas. Carne: esta noche no, tengo dolor de cabeza"

Bajo la palabra Respeto, muy bueno este anuncio de Harley Davidson.



El anuncio extraño, pero delicioso, lo crea el VFF Vancouver Film Festival, y viene a hablar de aquéllo de que los caminos de señor son muchos e inescrutables.



Y el anuncio bonito de hoy va sobre las palabras. Aunque algo manido, uno siempre agradece ver este tipo de spots.



Hace un año y un día: Casa de citas: Borges

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lunes, octubre 26, 2009

Casa de citas: Juan Bonilla


Cuando leo en Nocilla Lab esta cita de Juan Bonilla, me doy cuenta de que no he comentado aquí su -genial- último libro, que leí este verano en Francia: Tanta gente sola, y que recomiendo con fervor.

Les dejo un enlace en el blog de mi muy querido Miguel Ángel Muñoz, El síndrome Chéjov, donde pueden leer una entrevista con Bonilla (enlace)


"Podría hacerse un bonito programa concurso tipo Gran Hermano con esta idea: cada semana los concursantes vivirían en una isla donde las reglas vendrían impuestas por la teoría filosófica de algún autor. En la semana Spinoza habría que encontrar a Dios en todas las cosas (...) En la semana Nietzsche, los concursantes se dividirían en niños, camellos y leones, y tendrían que aprender a volar. En la semana Kierkegaard, aprenderían a solventar todos sus problemas mediante rezos."



Hace un año y dos días: Mi semana: Soler + Aznar y Botella + Un jabalí en la A6 + Blogger, la DMCA y yo + The Streets

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