miércoles, noviembre 08, 2006
martes, noviembre 07, 2006
Un hombre sin patria, de Kurt Vonnegut
Fíjense ustedes por donde, el libro más fresco, estimulante, divertido y moderno que he leido últimamente es este, Un hombre sin patria, y lo firma Kurt Vonnegut, un americano que está a punto de cumplir 84 años. Está compuesto por brevísimos textos (originalmente publicados en la revista In these times) de carácter variado en los que Vonnegut va haciendo un análisis fino, muy fino, de esto y de aquello, de todo lo que conforma el hoy por hoy, prestando especial atención a su país, EEUU, y a la política de Bush, además de a la literatura, la pintura, la ecología, la historia, etc... y lo que es más importante: a nosotros mismos. Muy bien editado, entre una sección y otra, se intercalan unas láminas inteligentes, lúcidas y divertidas.
Para hacerse una mejor idea del libro, y como Alvy Singer lo ha contado mejor de lo que podría hacerlo yo, aquí pueden leer su entrada, como siempre, brillantísima. También esta reseña de Rodrigo Fresán les puede abrir los ojos.
Por mi parte, haré de amanuense: les copio dos trocitos:

" Venga, vamos a animar el ambiente. Hablemos de sexo. Hablemos de mujeres. Freud dijo que no sabía lo que querían las mujeres. Yo sé lo que quieren: quieren tener mucha gente con la que hablar. ¿Y de qué quieren hablar? Quieren hablar de todo.
¿Qué quieren los hombres? Quieren tener muchos amigotes y quieren que la gente no se enfade tanto con ellos.
¿Por qué hay tantos divorcios hoy en día? Pues porque la mayoría de nosotros ya no tenemos clanes familiares. Antes, cuando un hombre y una mujer se casaban, la novia tenía mucha más gente con la que hablar de todo. El novio tenía muchos más amigotes a los que contar chistes idiotas.
Algunos estadounidenses, muy pocos, todavía tienen clanes familiares. Los navajos. Los Kennedy.
La mayoría de nosotros, sin embargo, cuando nos casamos sólo conseguimos ser una persona más para el otro. El novio gana un amigote más, pero es una mujer. La mujer gana una persona más con la que hablar de todo, pero es un hombre.
Cuando una pareja discute hoy en día, tal vez crea que es por dinero, o por poder, o por sexo, o por la educacion de los niños, o por lo que sea. Pero lo que en realidad se están diciendo el uno al otro, aunque no lo sepan, es esto: "¡No eres gente suficiente!"

"¿Qué quién es la persona más sabia que he conocido en toda mi vida?. Fue un hombre pero, por supuesto, podría no haberlo sido. Era el artista gráfico Saul Steinberg, que, como toda la gente que conozco, ahora está muerto. Podía preguntarle lo que fuera y, al cabo de seis segundos, me daba una respuesta perfecta en tono áspero, casi como un gruñido. Nació en Rumanía, en una casa donde, según decía, "las ocas miraban por la ventana".
- Saul, ¿qué debería pensar de Picasso? - le pregunté.
Pasaron seis segundos y luego me dijo:
- Dios lo envió a la Tierra para enseñarnos lo que significa ser realmente rico.
- Saul, soy novelista y muchos de mis amigos son novelistas, y buenos -le dije-. Pero cuando hablamos, siempre tengo la sensación de que nos dedicamos a dos cosas muy distintas. ¿Por qué será eso?
Pasaron seis segundos y luego me dijo:
- Es muy sencillo. Hay dos tipos de artistas. Ninguno de los dos es en absoluto superior al otro, pero uno es producto de la evolución de la historia del arte y el otro es producto de la vida en sí.
- Saul, ¿tienes un don? -le pregunté.
Pasaron seis segundos y luego gruñó:
- No toda obra de arte es producto de la lucha del artista contra sus propias limitaciones."
Y les copio esta perla:
"Un joven de Pittsburgh llamado Joe se me acercó con una petición: "Por favor, dígame que todo irá bien".
"Bienvenido a la Tierra, jovencito", le dije. "En verano hace calor y en invierno hace frío. Es redonda y está llena de agua y de gente. Como mucho, Joe, vas a estar aquí unos cien años. Que yo sepa, aquí sólo hay una norma: ¡Por Dios, Joe, tienes que ser amable!"
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lunes, noviembre 06, 2006
Ultimo baño de Carlos Barral en Calafell
ULTIMO BAÑO DE CARLOS BARRAL EN CALAFELL
Adentrarse la mar en uno mismo
ahora que Septiembre aleja
a los turistas y parece como
si los bloques de apartamentos
decrecieran y el pueblo recordara
cuando era un pueblo de ligeras barcas
y de mástiles y aparejos
aún no mordidos
por la usura del tiempo.
Y adentrar en la mar otros mares pretéritos
de un tiempo sin memoria
que sigue siendo nuestro
aunque desordenado entre unas ruinas
que no pudimos detener y amamos.
Y salir y adentrarse el aire, oscuro
presagio de tormenta, en uno mismo
y sentir cómo cede, suave, la arena fría
bajo los pies que ya son tacto solo
y contemplar con la mirada dócil,
pupila sola, el pueblo ahí
y ahí también, permaneciendo,
la misma mar poblada
de los personajes que fueron
y que, como los buzos que levantan
el pulgar antes de sumergirse,
me miran y dicen que sí,
que aprueban, a pesar de todo,
cuanto ocurrió, cuanto acontece
en esta hora última
en la que busca un albornoz
el personaje
-reconfortado, acorde, sin rencor-
al que le corresponde despedirse.
Ultimo baño de Carlos Barral en Calafell pertenece al cuaderno Dos figuras de mi historia civil, que publicó en 2004 la colección Vitolas del Anais, dirigida por el siempre generoso Alfonso Salazar. En relación al título, y al cuaderno, añado la cita y la nota que aparecían junto a los poemas:
“Y yo siempre he pensado que las palabras más sencillas
deben ser más que suficientes. Con decir lo que está pasando
a cualquiera se le tendría que romper el corazón.
Nota: El título de este cuaderno es una copia de Diecinueve figuras de mi historia civil de Carlos Barral, de 1961, precisamente el protagonista de uno de los poemas y uno de los poetas que he leído con más gusto en los últimos años. Antes que la variación, el disimulo o la invención –que no iba a satisfacerme- he preferido directamente repetir su afortunado y sugerente título. Como escribió José María Alvarez en la nota a su Otro poema de los dones que copiaba casi íntegro el Poema de los dones de Borges: “He preferido a la vericuetos de la imitación la brillantez del plagio (...) Son cosas que suceden, precisamente, en las mejores familias.”
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sábado, noviembre 04, 2006
Khaled y Spiritualized
viernes, noviembre 03, 2006
Publicidad: calzoncillos, bragas y tampones
Este rotundo anuncio de calzoncillos, JBS Mens underwear, lo he visto, como siempre, en el Barón Rojo (muchas gracias):
Este de ropa interior femenina, JCPenney, algo menos original, pero espectacular, también lo he visto en el Barón Rojo (más gracias):
Y este spot de tampones, irreverente y tremendo, algo bestia, lo he visto en CoTTonMouTh (muchas gracias). Me llama la atención que la expresión inglesa sea tan parecida a la nuestra, tan castiza.
A los que se vayan hoy, buen fin de semana; a los que se queden, mañana pondré alguna canción y algún disquito para echarse al cuerpo, que no todo va a ser publicidad, ¿no?
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jueves, noviembre 02, 2006
Un país en el que el rey caza osos
Simplemente quería reseñar un artículo publicado ayer en El País, titulado "El dedo que acciona el gatillo", escrito por el filósofo Jesús Mosterín. No puedo poner el artículo entero pues la web de este diario exige pago y, por mi parte, ya les doy un euro al día, más que suficiente como para que inserte un código o algo para poder guardar electrónicamente aquello que a uno le interese. En fin... Pongo un extracto:
"En octubre de 2004, en los últimos días de Nastase en el poder, la agencia Abies Hunting organizó a Juan Carlos de Borbón un viaje privado para matar osos en los Cárpatos. El Rey pasó el fin de semana en Cosvana, hospedado en el chalet del dictador Ceausescu, y le dio gusto al dedo accionando repetidamente el gatillo y abatiendo a tiros a cinco osos y otros animales.
(...)
La pulsión de apretar el gatillo parece ser incontenible. En octubre de 2006, Juan Carlos volvió a ir en avión especial nada menos que a Rusia a fin de abatir otro oso. El diario moscovita Kommersant ha publicado la carta del técnico responsable de la caza en la provincia rusa de Vologda, donde había tenido lugar la presunta cacería, consistente en colocar delante del rey a un "bondadoso y alegre oso" del zoo local, llamado Mitrofán, transportado en una jaula y soltado para que el rey lo abatiese de un tiro, como así ocurrió, por lo que el técnico lamenta que con estas prácticas "se transforme la caza en una payasada sangrienta".
La noticia de que el Rey de España había ido hasta Rusia en avión especial a matar a un oso drogado enseguida ha dado la vuelta al mundo. La Casa Real se ha limitado a poner en duda que el oso estuviera drogado, que es lo de menos. Estas cacerías de animales protegidos o en peligro no incrementan precisamente el prestigio del Monarca (...)"
Jesús Mosterín es un filósofo valiente, que en más de una ocasión ya ha puesto el dedo en la llaga. No creo que se pueda apelar a una conducta privada, sin necesidad de refrendo, como se ha argumentado desde el Gobierno; un Jefe de Estado es un Jefe de Estado, con la única salvedad de no estar sometido, aquí, en este país, a elección por la ciudadanía. No soy quien para cuestionar las instituciones, ni la constitución, ni la monarquía, ni a dónde van a parar esos euros que el fisco me quita religiosamente. Sólo sé que no quiero que mi dinero (porque es mío, por mucho que podamos hablar de teoría fiscal) pague cacerías, del tipo que sean y sean allá donde fueren. Yo no quiero vivir en un país en el que el rey caza osos.
miércoles, noviembre 01, 2006
El mar, de John Banville

No conocía ni había leido a John Banville (Wexford, Irlanda.1945). Seguramente la publicación en castellano de sus novelas anteriores se me había escapado y reposa en la pila de prensa pendiente de revisar. Sin embargo, sí me llegó el eco de la publicación de El mar (Anagrama.2006), su última novela y Premio Booker 2005. Me llamó la atención no sólo que la crítica fuera unánime, sino incluso apasionada en la defensa de esta obra del escritor irlandés.
¿Es para tanto?. Sí, con toda seguridad, sí. Si uno lo piensa no son tantas las buenas novelas que nos llegan a lo largo de un año. Nos pueden gustar, interesar, divertir, formar, pero buenas buenas, lo que se dice buenas, no son tantas.
El mar, de Banville, se construye en torno al regreso (tras morir su mujer) de un historiador de arte, Max Morden (narrador), a un pueblo costero irlandés en el que había veraneado cuando niño y en el que conoció a la familia Grace.
A base de revueltas entre el pasado y el presente (también un futuro implícito), Morden reflexiona sobre el paso del tiempo, sobre los avatares y sucesos de una vida, sobre el devenir de los acontecimientos.
Ante todo, El mar es soberbia en cuanto a la construcción de un personaje (me atrevería a decir que ejemplar) y en cuanto al estilo. Ejemplar también la traducción de Damián Alou.
Aquí podeis leer una muy buena reseña de Francisco Casavella y aquí una reflexión lectora muy hermosa publicada en el blog Y sigue nevando...
Por mi parte, les copio el arranque (fabuloso) de la novela:
"Se marcharon, los dioses, el día de la extraña marea. Las aguas de la bahía, toda la mañana bajo un cielo lechoso, habían crecido y crecido, alcanzando alturas inusitadas, las pequeñas olas inundaban una arena reseca que durante años no había conocido otra humedad que la lluvia y lamían las mismísimas bases de las dunas. El casco oxidado del carguero que permanecía encallado en la otra punta de la bahía desde tiempo inmemorial debió de pensar que iban a volver a botarlo. Después de ese día yo no volvería a nadar. Las aves marinas gimoteaban y se lanzaban en picado, nerviosas, al parecer, ante el espectáculo de ese enorme cuenco de agua inflándose como una ampolla, de un azul plomizo y un brillo maligno. Tenían, aquel día, una blancura antinatural, los pájaros. Las olas depositaban una orla de sucia espuma amarilla en el límite de las aguas. Ningún barco estropeaba la línea del alto horizonte. No nadaría, no. Nunca más.
Alguien acababa de caminar sobre mi tumba*. Alguien."
* Nota del traductor. "En el mundo anglosajón existe la superstición de que uno siente escalofríos, o cierta aprensión, cuando alguien camina sobre -lo que será- su tumba"
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