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viernes, septiembre 24, 2010

¿He hecho bien o he hecho mal? + Alazne Bilbao + Irvine Welsh

Pues eso, no sé si he hecho bien o no. Les cuento:

Ayer, cuando paseaba con Mus, un chico (de unos 16 años) me pidió un cigarro. Yo le dije lo que suelo decir: que tenía ducados, negro. Generalmente ahí termina la cosa pues los chicos de esa edad tienen la buena y sana costumbre de jincharse (Pichanube dixit) de porros. Pero este me dijo que perfecto, que le diera uno. Yo lo miré, lo vi muy joven y le dije: lo siento, no puedo darte, eres menor. Y ahí quedó la cosa. Un rato después me acordé de cuando yo tenía esa edad y no teníamos cigarrillos y los pedíamos por ahí (de hecho, alguna vez hicimos competiciones a ver quién conseguía más) y no recuerdo nadie que me dijera esa tontería. Y, sin embargo, a pesar de ser yo un fumador empedernido, el chico me pareció demasiado joven. No sé si he hecho bien o mal, no tengo ni idea, pero se me ha quedado esa sensación de ser un pureta retrógado, un gilipichas. En fin... la próxima le doy el paquete entero y el encendedor.

En otro orden de cosas, in the other hand, o como sea, me tropiezo con Alazne Bilbao, la top que más ha destacado en Cibeles, según los muy expertos (que son los que sigo y leo, hay que tener cuidado con eso, que hay mucha opinión ligera). Bilbaína, les dejo un retratrillo (de perfil tiene su naricita y todo, no vayan a creerse) con el cigarrillo que no le di al pobre chico.



Y como no sólo de tops vive el hombre, he estado leyendo dos trozitos de un libro de Irvine Welsh que no he leído (Acid House), en el blog O mejor...¡Denme el librillo entero!. Nunca he traído por aquí lo que disfruté leyendo Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo, genial, una literatura que, ahora mismo, me parece esencial. A ver si se ríen y disfrutan tanto como yo de estos dos trocitos (a mí el primero, particularmente, me parece delirante, genial.)

"De todos modos, en la mierda esa de Disneylandia, un tontolculo con traje de oso se nos pone delante de un salto, ¿sabes? Sacudiendo los brazos por todas partes y tal. La cría empezó a gritar que te cagas, le dio un susto de verdad, ¿sabes? Así que le meto una hostia al cabrón, le pego un puñetazo en la boca al puto vivales, o donde creía que tenía la boca, debajo de ese traje, ¿entiendes? ¡Joder, vaya que si lo hice! Ni Disneylandia ni putas hostias, eso no le da al cabrón ningún derecho a ponerse de un salto delante la cría, sabes."

- - -

"Qué tiempos, ¿eh, tío? Fueron unos tiempos bastante desastrosos en realidad, pero el hogar siempre parece mejor cuando estás lejos, y más aún desde detrás de una neblina de hachís."

Y poco más, mis queridos niños y niñas. Ya en otoño, ojito que viene un finde frío, lo cual, si uno lo piensa, no está nada mal. Gracias, besos y abrazos.



Hace un año y un día: Anatomía de un instante, de Javier Cercas

lunes, julio 05, 2010

Buenas noticias: Canal-L y Vila-Matas

He pasado la mañana del domingo viendo una y otra vez esta entrevista (magnífica) a Enrique Vila-Matas. No puedo resistirme a esa entrada feroz en la literatura, que es el lugar donde prefiero estar. Pessoa, Rimbaud, Larkin (por cierto, me acabo de dar cuenta de que nunca he traído a Larkin aquí, siendo un poeta que frecuento) y varios misterios en torno a ese librazo que es Dublinesca. La entrevista gira en torno a las citas, esa forma -para mí- que tiene Vila-Matas de ir introduciendo su vida en su literatura.

Gran noticia es la aparición de este plataforma, Canal-L, que es el Canal de los libros en internet. También tienen un blog (enlace). Ya no va a ser posible despotricar sobre la basura televisiva.

La dejo aquí la entrevista, para este lunes de julio.




Hace un año y dos días: Verano, otros veranos

miércoles, mayo 19, 2010

Un arranque de Nabokov y un trallazo de Vila-Matas

Hacía ya mucho tiempo que no me detenía tanto en un pequeño fragmento de un libro. La última vez que recuerdo haberlo hecho fue en el arranque (espectacular) de Risa en la oscuridad, de Nabokok y que les dejo:

Érase una vez un hombre llamado Albinus, que vivía en Berlín, Alemania. Era rico, respetable, feliz. Un día abandonó a su mujer por una amante joven; amó; no fue amado; y su vida acabó en un desastre. Éste es el cuento, en suma, y podríamos haberlo dejado aquí si no fuera por el interés y el placer de narrarlo. Pues aunque basta el espacio de una lápida para contener, encuadernada en musgo, la versión abreviada de la vida de un hombre, los detalles siempre se agradecen.

Ahora me detengo, llevo ya varias semanas, en este fragmento de Dublinesca, de Enrique Vila-Matas, que se recoge en la página 99, al principio del capítulo titulado Junio. Tremendo trallazo. Qué delicia.

Pero si un día encontrara ese autor tan buscado, ese fantasma, ese genio, difícilmente éste mejoraría lo ya dicho por tantos otros acerca de las grietas que separan las espectativas de la juventud y la realidad de la madurez, lo ya dicho por tantos otros sobre la naturaleza ilusoria de nuestras elecciones, sobre la decepción que culmina la búsqueda de logros, sobre el presente como fragilidad y el futuro como dominio de la vejez y de la muerte.

Hace un año y un día: Casa de citas: José María Parreño


lunes, abril 19, 2010

Pendiente - Por Hacer


Encima de mi mesa de trabajo (en casa) suelo tener un par de libretas; una pequeña, para las anotaciones de urgencia, y otra grande para pasar lo que rescato de las anotaciones rapidísimas. Se mezclan los libros que tengo que comprar con los discos, citas, teléfonos que no sé de quién son, notas para artículos, entradas de este artefacto, citas, cosas por hacer...

Un trimestre vigoroso y complicado me deja algunos libros por comprar que dejo aquí, a ver si toma nota Paco, mi librero: (Paco, tengo que recoger En Grand Central Station me senté y lloré, que encargué después de leer este soberbio texto de Vila-Matas: enlace)

De mis queridos compañeros de por aquí, tengo que comprar:

- Dido, reina de Cartago de Isabel Barceló, de Mujeres de Roma.
- Última noche en Granada, de mi muy estimado Francisco Ortiz, de Novela negra y cine negro.
- El corazón de los caballos, de Miguel Ángel Muñoz, de El síndrome Chéjov, que iba a ir a ver a la Fnac y al final no pude.

Tengo que comprar también los últimos de Vila-Matas, Puértolas, Silva, Coetzee, y un montón más en poesía (me gusta lo que están publicando los jóvenes: voy en busca de Sara Toro, Sofía Castañón, Sergio DeCopete).

Tengo que reseñar aquí, todavía, los últimos libros de Rodrigo Fresán y Rafael Balanzá, Sudeste de Haroldo Conti, el soberbio Aire nuestro de mi muy admirado Manuel Vilas y el que termino ahora: Providence, de Juan Francisco Ferré.

Me gusta que las casillas del Por hacer estén repletas, que se hayan juntado muchos títulos que enseguida reposarán en mi mesita de noche. Adoro la quietud de lo que es lento, pero los años me animan a que lo Pendiente rebose, a que sean miles los proyectos, a que no falten nunca las ganas. Hay un momento en la vida de todos en el que se toma conciencia de que el tiempo no es ilimitado y, lo peor, que nunca nos va a sobrar: comienza entonces una cuenta atrás invisible en la que uno sabe que no va a perder la más mínima oportunidad y lo difícil, seguramente, es compaginar eso con ciertas ganas de quietud, de parada y reflexión, de calma.

Ya les iré contando.

Hace un año y dos días: Un discazo: Romancero, de La bien querida

viernes, octubre 23, 2009

Toda esta energía, de Joe Crepúsculo + Proyecto Nocilla: la película

Toda esta energía

Nuevo disco de Joe Crepúsculo, un músico que me interesa y me gusta y del que espero mucho (estoy seguro de que nos va a dar muchas alegrías). Se llama Chill out, pero yo, queridos niños y niñas, aún no lo he escuchado. Me ha bastado con este tema, Toda esta energía, con su mezcla de ternura y épica soterrada (pero qué cursi puedo llegar a ser), para saber que será un buen disco y lo mejor de todo: la semana que viene sonará en mis trayectos, en mis idas y venidas al currele. Olé. Aquí les dejo este extraño y delicioso vídeo.



Proyecto Nocilla: la película

Ya cuando hablé por aquí del libro Nocilla experience (enlace) puse el vídeo presentación, que me gustó. Ahora los del youtube, que andan como muy puristas, le han quitado el sonido por el tema de derechos (que les den). Ahora llega la película completa del proyecto Nocilla, un vídeo de algo más de una hora, que merece la pena verse. En el blog de Fernández Mallo se puede descargar, para el que quiera verla en trozos. Merece la pena. No sólo por lo excelente de su factura, que también, sino por esa forma que tiene de completar un mundo, el de la trilogía Nocilla, al que Fernández Mallo te arrastra. Desasosiego, esplendor, épica, ahhhh, y muy buenas canciones, no se lo pierdan. Además, pienso, que todo aquel al que alguna vez se la ocurrido garabetear en un papel, ha soñado con un soporte audiovisual en el que reflejar lo garabeteado. Lo que uno escribe tiene un soporte visual casi siempre, y, muchas veces, una banda sonora (no necesariamente musical). Aquí se ha conseguido y el resultado es muy, pero que muy, bueno.



Y no mucho más, mis queridos niños y mis queridísimas niñas. Vuelan las semanas. Hace dos días era agosto y ahora nos cargamos octubre. Qué cosas. Mejora el tiempo (no, no es difícil) y se nos viene encima un fin de semana que va a ser bueno. Así que a coger setas (bueno, yo no iré, por miedo al veneno), o a comerlas, que es casi mejor. Una pastita buena (Garofalo -no se pierdan los papardelle- o Barilla -los bavette nº 13-), con unas setitas -del tipo que sean, pero algo picantitas- es una de esas cosas que te reconcilian con el mundo. Además, cambian la hora, pero para mejor: una hora más para dormir la siesta, con lo que hay que cambiar el reloj hoy mismo, viernes, o en la mañana del domingo, o cambiarlo dos o tres veces a lo largo del fin de semana. Como ven, la canas traen, más que nada, dos cosas: hambre y cansancio, o hambre y sueño (que es también lo que suelen tener los bebés). Abrazos y besos y mil gracias por su tiempo y su paciencia. Gritaré, muy bajo, Biban las canas. Avanti.


Hace un año y un día: Dos poemas de Miguel d'Ors

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lunes, enero 26, 2009

Un día perfecto, de Melania G. Mazzuco

Muy buena noticia la publicación en castellano de Un día perfecto (Anagrama.2008), de Melania G. Mazzucco (Roma.1966).

(Vaya por delante que uno es adicto -y no imaginan cuánto- a las novelas corales, donde el protagonismo recae sobre un grupo de personajes que se cruzan con más o menos fortuna narrativa. La colmena, de Cela, o la película Short Cuts, del grandísimo Altman, son dos ejemplos, muy vivos además, de auténticas proezas de construcción).

Articulada en un tiempo, exacto, de 24 horas, donde cada capítulo es una hora, y en torno a dos familias, los Buonocore y los Fioravanti, la novela es un fresco apasionante de la vida en Roma (que podría ser la de cualquier lugar), de sus gentes, de sus costumbres, de su ir y venir diario, de sus pesares, de sus miserias y de sus pequeñas conquistas, que también podrían ser las de todos nosotros.

Abrir una novela con una cita de Bush y de Lou Reed es apostar fuerte y Mazzucco lo hace y, claro, gana (se agradece la ambición desde la que parte la novela). Porque en ese fresco que dibuja en las líneas -y lo más importante, entre las líneas- ha podido abarcar y construir una realidad que es la del occidente contemporáneo. La familia, sí, como trasunto de la importancia de esa palabra en la voz de los políticos actuales, pero también su derrumbamiento.

No piensen en una novela ensayo, no; aunque la realidad política italiana suena de fondo, no es eso lo que busca Mazzucco, sino el latido mismo de unas cuantas vidas que van de un lado a otro, erráticas en una ceguera donde sólo de vez en cuando aparecen algunas luces que, como en el poema de Quasimodo, Ed è subito sera, desaparecen enseguida.

Un político de éxito a punto de dejar de serlo y su guardaespaldas; sus mujeres, una deambulando entre el lujo y el vacío y la otra, ya ex-mujer, a punto de ser despedida de un trabajo basura; sus hijos, entre la protesta, la más absoluta soledad y la incomunicación; en medio de todo, algunos destellos: de amor, de caridad, de comprensión, pero siempre, llenándolo todo, el desmoramiento de los sueños, la caída en picado de nuestras vidas, también la muerte, la tragedia, como subrayado de lo que es real. Sí, es eso, esta novela es un trasunto de una realidad apasionante y loca, terrible y hermosa. No se la pierdan.

Les dejo algunos enlaces para profundizar en ella:

En este enlace pueden leer una entrevista con la autora.

Entrevista en El País, por Miguel Mora (enlace)

Crítica de Jacinta Cremades en El Cultural (enlace)

Magnífica reseña en Moleskine literario (enlace), que recoge las palabras de Luciano de Mello


Hace un año y dos días: Donde se habla de amor, de parejas, de bicicletas, de mujeres, de gatos, de sonrisas y risas (con un poema de José María Álvarez)

Hace un año y un día: Lo de innominioso, Faemino y Cansado + Buenas noticias: Lucky, de Nada Surf


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viernes, noviembre 28, 2008

Buenas noticias: Juan Marsé gana el Premio Cervantes y Heidi Klum toca la guitarra en braguitas


“La cultura es saber salir de casa, sentarte en un banco, en una plaza, fumarte un pitillo o beberte una cerveza, en armonía contigo mismo y con los demás. Eso es cultura. Lo demás son puñetas. No hemos venido a escribir versos, ni novelas, ni zarandajas. Todo eso está muy bien, pero hemos venido, sobre todo, a ser felices (...) Cuando pienso en una imagen de la felicidad auténtica, pienso en aquel grupo de chavales, que debíamos tener de nueve a doce años, en el Penedès, en verano, entre los viñedos y los trigales, yendo o viniendo de bañarnos en las albercas, todos en pelota viva, yendo por esos campos, parándote en un sembrado de melones y sandías, coger una, partirla y comérsela ahí, bajo el sol, en pelotas, y luego nadando... Bueno, esa es para mí la imagen de la felicidad. Y ahí, en ese verano luminoso, el tiempo está parado. Después se pone en marcha y ya se acabó”.

(Saco esta cita, que me encanta, de Tarragona-goig.org, que, a su vez, la extrae de la Introducción de Enrique Turpin a la edición de los Cuentos completos de 2002)

Es un motivo de alegría, y mucha, la noticia de ayer: el Premio Cervantes a Juan Marsé (Barcelona.1933), algo que se hacía ya necesario, como creo que señalaron hace ya tiempo Miguel Ángel Muñoz y Francisco Ortiz (un abrazo a los dos), que, por cierto, se hace eco de la noticia.

Sólo la obra maestra Últimas tardes con Teresa, de 1966, ya tenía méritos suficientes para este premio. Además, habría que mencionar otros títulos. Todavía tengo medio reciente su Rabos de lagartija, que me entusiasmó, y quiero volver a su narrativa corta, que no he leído completa. La oscura historia de la prima Montse, Encerrados con un solo juguete o Un día volveré, entre otras, son ejemplos de cómo construir un mundo narrativo en el que en cada novela puede olerse la vida, la calle, los barrios, esas idas y venidas de épocas y años que somos todos en el fondo.

Lo bueno de premios como éste son las reediciones que se hacen. Hay que comprar otra vez todo Marsé y volver a leerlo, completo, para que no se nos olvide. Así que si aceptan un consejo: si todavía no lo han leído, no tarden. Y si lo han hecho, lo mejor de leer es volver a leer.

Y una nota para no olvidarlo: no hemos venido a escribir poemas, ni novelas; hemos venido a ser felices. A ver... Eso sí, echarse, de vez en cuando, un poemita al cuerpo, ayyyy.

Y, cambiando (o no) de tema, he visto este vídeo que no me ha disgustado a propósito del juego ése de la guitarra, que sigo sin entender (y conste que a Pussy le gusta y lo que guste a Pussy va a misa :).

Llevamos siglos mirando mal a ese colgado que, al bailar, toca la guitarra en el aire. No me digan que no. A mí siempre me ha gustado ese baile, pero siempre te miran mal. Y ahora, pues eso, que está de moda y varias veces he visto yo a niños en el Media-Markt (famosos por su malísima publicidad) con el juego ése y, no sé, no me convence. Pero eso sí, vérselo a la Heidi Klum en braguitas, pues no sé, como que está casi mejor, y miren lo que les digo: que poner a la Klum, en braguitas, jugando con su Nancy tampoco estaría mal, o montando un tente, o qué se yo. Pues les dejo el vídeo de marras, que he visto en Llámame Lola. Hay otra versión de la Klum vestida, pero como que casi que está peor que éste de las braguitas. Lo que sigo sin entender es esa manía de los calcetines ésos caídos de andar por casa (muy americanos): donde se pongan unos piececitos o unos taconcitos o unos high heels, ayyy.



Y, queridos niños y niñas, termina Noviembre y lo va a hacer a lo grande. Vean, si no me creen, este enlace; aquí, en Majarotonda, nos dan 6 días seguidos de nieve, ayyyyyyyy. Qué maravilla. ¿Saben ustedes lo que es seis diítas en casa, dando paseos con Mus, haciendo fotos, tomando sopa y jamón, durmiendo siestas, todo el día en pijamita, viendo pelis, y oyendo algunos discos retrasados y leyendo todo el día...? Ayyyyy. El lunes les cuento cómo han ido de bien las previsiones. Según leo en los foros de los especialistas (enlace), la cuota de nieve va a estar en torno a los 900 a 1000 metros por efecto de los vientos fuertes en el cantábrico, con lo que nos quedaremos con la miel en los labios, los pies mojados, helados, pero sin pisar nieve y, sobre todo, nada de incomunicados, y habrá que ir al curro. Así que no mucho más. Un millón de gracias por su tiempo, por su paciencia -sí, tengo razón-, por su generosidad. Les mando abrazos y besos. Y grito: Biba Juan Marsé, Biba Heidi Klum y Biban las braguitas (pero no las de los mercadillos).

Hace un año y un día: Crematorio, de Rafael Chirbes

Hace un año: De la lluvia (III): Poesía: Claudio Rodríguez

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martes, julio 01, 2008

Cultivos, de Julián Rodríguez

Me gusta la trayectoria de Julián Rodríguez (Ceclavín, Cáceres.1968). Sin pausa, ha ido abordando diversos proyectos narrativos que se pueden agrupar en dos: novelas (reeditadas en un volumen único: Lo improbable y otras novelas -Debolsillo 2007-) y un ciclo con tintes autobiográficos que bajo el título (muy sugerente) de Piezas de resistencia, ya había recibido el libro Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás (Caballo de Troya. 2004) y ahora se suma este Cultivos, editado por Mondadori. Además, ha escrito poesía, que traeré por aquí pronto.

Cultivos es una especie de cuaderno de notas en el que Julián Rodríguez, como si sembrara con esa técnica de lanzar al aire -el nombre técnico no lo recuerdo-, ha dejado caer una autobiografía (él dice exactamente memorias prematuras), una serie de ensayos sobre el proceso íntimo y técnico de una narración fallida, que enmarca una poética sucesiva a lo largo de todo el libro, varios libros de viajes, un estudio soberbio sobre la música y el relato de la enfermedad y muerte de un amigo.

Además, es un canto, épico y lírico a un tiempo, a los últimos restos de una sociedad rural, de la vida en los pueblos pequeños (Extremadura) y de las historias que llegan al narrador y que, a través de él, van -ahora sí- a vivir para siempre. Aquí, habría que volver a John Berger, a su trilogía De sus fatigas (trilogía que, a años vista, me sigue pareciendo lo más deslumbrante que he leído), autor al que Rodríguez nombra, consciente de un empeño y un aliento que no difiere en demasía.

Cultivos es un libro extraordinario. A mí me ha interesado, sobre todo, lo que tiene de apertura del interior de narrador. Pocas veces podemos asistir, como lectores, al proceso de creación de una novela a la par que vivimos el momento o momentos vitales del propio autor. Julián Rodríguez lo muestra y convierte a Cultivos en una delicia para el que que quiera mirar a través de esa cerradura que el autor abre.

Por todo eso, niños y niñas, no duden con este Cultivos para su equipaje veraniego.

Les dejo enlaces a algunas reseñas y a un par de entrevista con Julián Rodríguez. Copio, además, este pequeño fragmento:

La avena es valiente.

Esta frase, que parece un verso, no un buen verso, la repiten con dos horas de diferencia, el mismo día, los dos hermanos de mi padre, Pedro y Victorio.

La avena es valiente, se da bien, crece en la peor tierra y también en la tierra húmeda.

La alfalfa necesita una tierra "algo mejor", dicen.

El trigo necesita la mejor tierra de que se disponga.


Crítica de Santos Sanz Villanueva en El Cultural (enlace)

Reseña en Palabra y voz (enlace)

Reseña en el blog de Rafael Reig (enlace): divertido e inteligente, Reig habla de este libro como de poética de supermercado.

Audio de una entrevista (enlace) en Mar de fueguitos

Entrevista en El periódico de Extremadura (enlace)


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lunes, mayo 26, 2008

Como agua de mayo: España, de Manuel Vilas


Ahora que llueve, y mucho, me he acordado del dicho como agua de mayo para pararme a pensar un poco sobre este soberbio España, de Manuel Vilas (DVD Ediciones. 2008). Es eso: un libro necesario, de los que deseas que no se acaben nunca, al que uno vuelve enseguida (en menos de un par de meses estaré otra vez con él, apuesto conmigo mismo), y al que conviene poner las manos en forma de altavoz para gritar que no debe perdérselo nadie.

Y me explico, claro.

Manuel Vilas (Barbastro.1962) es uno de los poetas fundamentales para entender la poesía patria actual. Su penúltimo libro, Resurrección (Visor.2005) me parece fundamental a la hora de trazar unas coordenadas de la poesía que hay que leer. Tengo pendiente Calor, recién editado por Visor. En este artefacto ya se puso un poema de este último libro, que publicó Turia, La lluvia (enlace) y de Resurrección subí MacDonald's (enlace). A todo esto, decir que ambos poemas gustaron, y mucho, a los que no los conocían. Además, Vilas perpetra un blog (que sigo a pies juntillas) que enlazo a la derecha, Manuel Vilas, y es autor de un libro de relatos fundamental, Zeta, editado también por Dvd en 2002. Ha publicado también la novela Magia (Dvd ediciones. 2004), que no he leído todavía.

Cuando, de vez en cuando, aparecen en prensa las preocupaciones de los españoles, siempre está en cabeza el terrorismo. Sin embargo, ¿cuántas novelas conocemos que hablen o hagan referencia a ETA? Poquísimas, tal vez un par de ellas. En España, Manuel Vilas, en un triple salto mortal por lo que tiene de ponerse un listón altísimo, en Póker, hace una reconstrucción de lo que pudo haber sido el asesinato de Miguel Ángel Blanco, y me atrevo a decir que es una prodigiosa reconstrucción por lo que tiene de valentía, de cercanía brutal, y de mirada transversal. Tal vez, aunque fuera sólo por esto, España debería estar entre los libros más importantes del año.

Pero hay más, mucho más: el mejillón cebra, el Noevi o la tecnología de la repetición a través de lo que los demás piensan de nosotros, Nino Bravo, Marisol (torturada salvajamente), Paulina Rubio, una mujer, ya muerta, que relata cómo engañó a su marido ciento veinticinco veces -genial-, Johnny Cash, la iglesia, Fidel Castro, Jesucristo, la Zaragoza de Vilas, el Seat 1500 y un sinfín de galerías, de personajes, de situaciones, de análisis y de construcción del futuro, porque el final del libro -magnífico- es una sombra sobre lo que vendrá. Además, Manuel Vilas aparece y desaparece (incluyendo su esquela) con el propio editor del libro, Sergio Gaspar (que es, por cierto, capaz de unir un adjetivo y un sustantivo que no se llevan muy bien: un magnífico editor), en una especie de adorable totum revolutum que me ha dejado maravillado.

España no es una novela al uso, pero es una novela que contiene ensayos, biografías, relatos, extractos de blogs y un blog en sí, estampas, críticas... Si hay una manera válida de acercarse hoy a lo que es una novela -o a lo que puede ser-, una de la más necesaria (por fresca, por moderna, por atrevida y por contener en sí ese tumulto desordenado de nuestra vida, hoy) y más válida es la que propone Manuel Vilas en España.

Un libro que comienza con esta cita no puede sino deparar algo tan brillante, inteligente e imprescindible que este España:

Me gusta la gente

Juan Carlos II

Enhorabuena, por tanto, a Manuel Vilas. Bienvenida su España, ahora de todos.

Pongo enlaces a algunos análisis de mayor calado que éste mío:

Los desafectos de la patria, del gran Eloy Fernández Porta, que fue el texto de presentación de la novela en Barcelona (enlace)

Diego Salazar en Letras Libres (enlace)

Elena Medel en Calle 20 (enlace)

Flavia Company en El Periódico (enlace)


Hace un año y dos días: Un cartel y publicidad: la realidad apesta y coca-cola y las generaciones.

Hace un año y un día: Twitter + Renault y la pesca + una explicación

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lunes, mayo 19, 2008

Nocilla experience, de Agustín Fernández Mallo

Hace ya algunos días, le comentaba a María que Fernández Mallo es poseedor de una gran virtud: la capacidad para llegar al lector. Si redactara instrucciones para hacer funcionar un microondas, o prospectos de medicinas, o carteles, o anuncios por palabras, tendría media guerra ganada, si no entera. Tiene un talentazo natural para que lo que escribe llegue al lector, para interesarle, para conmoverle.

Sin embargo, también hay que decir que ese talento no garantiza buenos libros. Además, autores (pienso en Faulkner, en Benet) con muchas dificultades para llegar a los lectores, se terminaron imponiendo a base, claro, de buena literatura.

Pero es que Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967), además, ha vuelto a entregar un librazo, una obra mayúscula e imprescindible, que hay que leer y comentar, de la que hay que disfrutar, recuperar, volver a leer... Nocilla Experience, segunda entrega de la trilogía Proyecto dream (de la que ya se ha publicado Nocilla dream -comentada aquí: enlace), y editada por Alfaguara.

La novela vuelve a ser un calidoscopio de historias, un trenzado maravilloso de estampas en las que deambulan personajes que saben poco de sí mismos, como nosotros: un cocinero que quiere cocinar el horizonte, un tal Julio que habla de una Rayuela B, un artista que dibuja el perfil de los chicles que hay en las aceras de Londres, un trabajador portuario que diseña una casa para suicidas, unos niños que cruzan países a través de oleoductos vacíos, un palacio en mitad de la nada dedicado al parchís, un percebeiro que mezcla discos duros y percebes, un edificio cuadrado donde habitan cerdos... Es decir, un universo, un mundo aterrador y maravilloso, una muestra de nuestros días, de lo que nos cruzamos y podríamos cruzarnos.

Apasionante la literatura de Agustín Fernández Mallo, muy necesaria, además, y portadora de un soplo de aire fresco que, claro, se agradece. Tengo entre manos su nuevo libro de poemas, Carne de Píxel, editado por DVD ediciones, y, además, tenemos la suerte de poder seguirlo en su blog: El hombre que salió de la tarta.

Me parece maravilloso y muy gráfico, portador de su poética e intención, el vídeo presentación de Nocilla experience, que dejo aquí. Niños, niñas, no dejen de leer este libro. Les va a gustar, estoy seguro. Dejo algunas reseñas, las tres muy buenas.




Reseña entrevista de Vicente Luis Mora (enlace)

Papel en blanco (enlace)

Afterpost (enlace)


Hace un año y dos días: Perros verdes, de Agustín Cerezales

Hace un año y un día: Los 40.000 blowjobs de Tania y otras promesas electorales + Canción para mi primavera.


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martes, abril 08, 2008

Novela: Y punto., de Mercedes Castro


Reconfortado, muy feliz y ansioso. Es así como salgo de la lectura de Y punto., la primera novela de Mercedes Castro (Ferrol. A Coruña). Y salir así, niños y niñas, no es poca cosa. Es más, estoy entusiasmado con el libro de Mercedes Castro (que por cierto, perpetra un blog, que podeis leer en este enlace).

Y punto (Alfaguara. 2008) es una novela policíaca, con lo que, para empezar, hará las delicias de los aficionados al género. Pero es mucho más que eso, como toda buena novela policíaca. Es un paseo por nuestros días y, sobre todo, lo que pedimos los enfermos de literatura: pura literatura.

Clara Deza, la protagonista (un homenaje, creo, a los personajes de Los gozos y las sombras de Torrente Ballester: Carlos Deza y Clara Aldán), es policía en una comisaría de Madrid. Está casada con un abogado. En su camino, se cruzan tres muertos, entre ellos el de un confidente con el que tenía una relación especial. Por eso, la protagonista se empeña en ir de aquí a allá, tirar de este hilo y de aquél, para al final, claro, desentrañar un misterio, que está perfectamente resuelto por la autora, sin dejar nada en el aire (esto, desgraciadamente, no ocurre tan a menudo en muchas novelas de género) y sin que venga un pajarito a silbarle al oído quién ha sido el asesino (lo que técnicamente se conoce como deux ex machina).

Vidas, calles, una ciudad, sentimientos, dureza, un interior volcado en el exterior y un exterior volcado al interior, gatos, noche y relojes, retrasos, la dualidad de la mujer de la casa y la mujer trabajadora, más allá de los artículos iluminados que hablan ahora de conciliación laboral y mostrando una realidad asombrosa, apasionante, delirante, tremenda.

Además, una novela prodigiosa desde el punto de vista literario. Hay una mezcla (que me ha encantado) de primera y segunda y tercera persona en la misma página, descripciones ricas, sin ninguna carga de literatosis, diálogos bien estructurados y un toque de descreimiento, rabia, ternura y humor que lo envuelve todo. Por otra parte, hay un detalle que me sorprendido y gustado: la inclusión de pasajes de poemas (García Montero, Neruda, Lorca) y canciones (Facto Delafé, Sidoine...) en la obra, pero no como cita, sino como corriente interna en el pensamiento de la protagonista o integrada en el discurso del narrador.

Por eso dije lo de ansioso, porque quiero ya otra novela de Castro.

Más de 600 páginas para una historia apasionante, que no debería perderse nadie. Merece la pena Y punto.

Descubrí esta novela gracias a Francisco Ortiz, de Novela Negra y Cine Negro, al que agradezco infinitamente esa luz. Un abrazo fuerte. Merece la pena leer el análisis inteligente y riguroso que hace de la obra en cinco entregas. Dejo los enlaces (enlace + enlace + enlace + enlace + enlace). Además, ha hecho una entrevista imprescindible a la autora, que hay que leer: enlace.

Yo, como esos tenderos amables que te ofrecen una lonchita de salchichón para que lo pruebes antes de comprarlo (no tienen precio esos señores), les dejo unas páginas cortesía de la editorial (enlace). Que les aproveche.

Y punto.


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miércoles, enero 30, 2008

El talento de los demás, de Alberto Olmos


Conocí a Alberto Olmos en 1998, cuando fue finalista del Premio Herralde con su novela A bordo del naufragio. Lo curioso es que lo leí a él antes que al ganador de aquel año, un estelar Roberto Bolaño con la imprescindible Los detectives salvajes (que he leído estando ya vigente el artefacto éste: enlace). El motivo fue sencillo: que alguien ocho años menor que yo se hiciera con el título de finalista de un premio muy apetecible (basta con echar un vistazo a algunos nombres) me hizo comprar el libro y leerlo, sin que me volviera loco, según recuerdo o intento recordar, que esa es otra (pero, claro, en ese juicio -sin que me volviera loco- seguramente hay o había mucho de envidia)

Sin embargo, sí me ha gustado, y mucho, El talento de los demás (Lengua de Trapo. Madrid. 2007). Está dividida en tres partes muy diferentes: en la primera, El talento de Mario Sut, asistimos a un relato en primera persona en la que el protagonista nos cuenta su flamante carrera como niño prodigio violinista, que termina un día de repente, sin más. A través de este itinerario, Olmos nos presenta a un personaje que reflexiona sobre el talento y el genio, que se puede resumir en esta especie de aforismo: "Todos tenemos talento... pero sólo unos pocos consiguen saber en qué".

La segunda parte, El talento de los demás, es un desfile de personajes que, entre la veintena y la treintena, malviven con trabajos insufribles o viven de sus padres, pero todos tienen en común dedicarse a actividades artísticas: hay un escritor de once novelas inéditas, un director que anda pensando y rodando el mejor cortometraje de la historia, poetas que persiguen a los amigos recitándoles poesías, cantautores que van a las manifestaciones para que les dejen cantar un poco, es decir, personajes en busca de sí mismos y de ese algo más que pueda demostrarles que son poseedores de talento. Está compuesta de fragmentos más o menos breves, en los que van entrando y saliendo los personajes, en primera persona, y con algunos toques humorísticos muy muy divertidos y, ante todo, muy fresca y muy natural. Abajo dejo un trocito para disfrute del respetable.

En la tercera parte, Un final para Mario Sut, se retoma al protagonista para ingresarlo en una competición de falta de sueño, es decir, a ver quién aguanta más horas sin dormir y todo ello para un experimento científico. Escrita en segunda persona (magnífica) y en un solo párrafo (como Al borde del naufragio), lo importante aquí es una prosa hipnótica y, a veces, repleta de hallazgos muy luminosos.

En definitiva, un buen libro, que hay que leer. No hay tantos jóvenes que entreguen en nuestro país novelas de este calibre y de esta intención. Además, tiene momentos muy divertidos, y, eso, queridos niños y niñas, se agradece.

Otras reseñas de esta novela:

Ricardo Senabre en El Cultural (enlace)

Oscar Esquivias en La tormenta en un vaso (enlace)

Y el trocito prometido:

"Le dije a Olga Tere que mandara su currículum. La cogían seguro porque estaban echando a todo quisque. Podríamos currar juntas y reírnos entre llamada y llamada. Había un montón de gente interesante dándole a lo del teléfono. Tampoco estaba tan mal pagado, coño. No daba para una casa como la del capullo de Carlos, pero era mejor que estar tirada en un sofá mirando las lámparas. No me hizo mucho caso Olga Tere. Se lio con el novelista de la diez en línea y me dejó con el novelista de la novela en diez años. Qué pesadito era. Me daban igual sus "estrategias narrativas". Era feo. Ni siquiera fumaba. Me fui detrás del primer chico guapo que pasó por delante de mí. Le pedí fuego. Se llamaba Pablo. Hacía cortos y vivía en una buhardilla él solo. Trabajaba de director de un periódico. "Joder, qué nivel", dije. No era para tanto. Él solo hacía el periódico, desde las cartas del director a las cartas al director. Me cayó bien. No te estaba todo el rato dando por el culo con su talento. Le dije que quería ver sus cortos. Me dijo que no los llevaba encima. Miré mi reloj. Puse cara de aburrimiento y dije que la fiesta era un coñazo. Él dio un trago a su copa y no. Entonces le dije que dónde vivía, que me encantaban las buhardillas. Siempre he querido vivir en una buhardilla. Esto pareció entenderlo y me dijo que no estaba lejos de allí, que luego podiamos irnos unos cuantos a acabar la fiesta en su casa viendo sus cortos y bebiendo vino barato. Dijo vino barato como si dijera "la tengo pequeña". Decidí darle cuartelillo. Me fui a hablar con el cantautor. Estaba mirando a Nacho poner vinilos. Estaba un poco colgado. Le pregunté cuántas canciones había compuesto en toda su vida. Me dijo que cuarenta y siete. Luego le pregunté cuántos conciertos había dado en su vida. Me dijo que diecinueve. Luego le pregunté que a cuántas tías se había follado en toda su vida. Me dijo que no era asunto mío. Volví con Pablo. Estaba hablando con una tía que pintaba. Me partí la caja viendo cómo la pintora no tenía ni idea de maquillarse. Nunca había visto a una mujer con los labios peor pintados. Más que comerse el carmín el carmín se le estaba comiendo a ella. Por favor. Se largo en cuanto pegué mi cadera a la cadera de Pablo."

Hace un año: Meme: cinco cosas que no sabes de mí

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martes, noviembre 27, 2007

Crematorio, de Rafael Chirbes


A estas alturas, con ocho novelas ya publicadas, Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, Valencia.1949) se ha convertido en un autor ineludible si queremos hacer un recuento de la narrativa española contemporánea.

Ya he hablado por aquí de él, ya he recomendado La buena letra (libro que, por cierto, está recién editado en bolsillo por Anagrama) y he dicho en voz alta que seguramente Chirbes es mi autor preferido, el único que, tras la lectura de cada uno de sus libros, me devuelve una especie de tranquilidad que consiste en pensar que la novela, hoy, sigue siendo válida, que es posible seguir escribiendo libros absolutamente necesarios.

Crematorio (Anagrama. 2007) es, de nuevo, como suele ser habitual en Chirbes, un artefacto absolutamente perfecto. Alrededor de la muerte de Matías Bertomeu, una especie de ideólogo que en sus últimos días se refugió en la agricultura, se agrupan un fresco de personajes que entran y salen de escena: Rubén, su hermano, es un constructor poderosísimo de Levante, que ha hecho su fortuna arrasando urbanísticamente el pueblo natal de ambos, Misent. Mónica, la joven mujer de éste, entre músicas de moda, clínicas estéticas y contradicciones internas. Silvia, la hija de Rubén, más apegada al hermano fallecido que a su propio padre y encerrada en un matrimonio con Juan Mullor, crítico literario y catedrático, que prepara la biografía de un escritor en sus últimos días, fracasado, Federico Brouard, amigo de la infancia de Matías y Rubén Bertomeu. También entran en el fresco Collado, que hizo el trabajo sucio en los primeros años de la empresa de Rubén, y ahora fracasado y alcoholizado, obsesionado por una prostituta rumana protegida por el jefe de un clan mafioso ruso que opera en la zona.

A través del monólogo interior de Rubén, que es el que representa la continuidad de la novela, y la alternancia de segundas personas (Chirbes es un maestro en esto) y tercera persona, asistimos a la reconstrucción de la historia personal de varios personajes que están directamente asociados a la historia de terror urbanístico en el levante español. Idas y venidas, triunfos y fracasos, de varias generaciones sin ninguna referencia ideológica, espiritual o, incluso, sentimental.

Si en La buena letra era la guerra civil, en La caída de Madrid el día exacto en el que murió Franco, en La larga marcha la historia de España a través de la generación de la posguerra y de los hijos y nietos de éstos (una proeza narrativa sin igual), y en Los viejos amigos el desmoronamiento de toda una generación, aquí, en Crematorio, asistimos a la historia (de terror) del urbanismo último en España, en el que la mirada piadosa del novelista, como quería y pedía Faulkner, termina por no condenar a nadie, a pesar de que condena a todos.

Desde luego, nadie como Chirbes para comprender, narrativamente, los últimos setenta años de historia de nuestro país. Un lujazo en todos los sentidos.

Si escriben estos días su carta a los reyes magos, no se olviden de Chirbes, sea ésta o cualquier otra novela suya. Pongo un trocito:

"Hace milenios que se destruye esta tierra. No queda ni un rincón que no haya sido violado. Mira aquí mismo, dentro de Misent. No hay más que leer los periódicos. Durante una obra, destruyen una villa romana, destruyen un hamán almohade, una muralla califal, han destruido media docena de fonduks (al parecer, dicen los periódicos, ésta fue una ciudad comercial en el siglo XII: contactos con Alejandría, con Túnez, con Sicilia). Eso dicen los periódicos que hacemos los constructores. Como si el hamán o la muralla califal no hubieran destruido la muralla o el templo que los precedió. ¿Cuál es el estrato en el que reside la verdad?, ¿en cuál debería la humanidad haberse detenido para ser auténtica? El ruso, con su hiperactividad de insomne: esta mañana tenía los ojos pastosos, olía a alcohol, y a ese destilado agrio que deja en el sudor la cocaína, se notaba que aún no se había acostado. He pensado que seguramente sigue en sus tráficos con Guillén. Y también que capitalismo y cocaína tienen algo en común. Construcción y cocaína tienen mucho en común, además de algunas cuentas corrientes engordadas deprisa. La hiperactividad, el empeño por luchar contra el tiempo. Capitalismo y cocaína, este frenético no parar."

Hace un año: Publicidad: tractores Lamborghini, cerveza Tiger Beer y Lencería New Yorker

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viernes, julio 27, 2007

Los británicos, by Pussy + Lo que traerá el otoño + El nuevo single de The Go Team!


Pussy y los británicos

Pussy tuvo una sección sublime en su blog, Basta de bastas, dedicada a poner noticias de The Sunday (creo que era éste) Ahora repaso sus notas en twitter y me encuentro con estas dos perlas:

"36 británicos murieron en 2006 al regar el árbol de Navidad mientras las luces estaban encendidas"

"18 británicos fueron tratados por quemaduras en 2006 al ponerse el suéter con un cigarro encendido en la boca"

Aunque reconozco que estoy más cerca de los segundos que de los primeros, no me queda más remedio que escribir aquéllo de no somos nadie. Gracias, Pussy.

Lo que va a traer el otoño

La lista de novedades en libros para lo que los franceses llaman la reentré (y que para ellos es todo un acontecimiento) la publicaba ayer El Cultural de El Mundo.

Entre las novedades en castellano, me interesan Vila Matas, Gopegui, Javier Marías, Piglia, Echenique y, sobre todo, Rafael Chirbes. No sería ninguna tontería que alguien aprovechara estos días de verano para leer La buena letra, una novelita de apenas 120 páginas (con letra grande) en la que se hace, en mi opinión, el mejor retrato de nuestra guerra civil a través de lo que una madre le cuenta a su hijo, en una segunda persona narrativa alucinógena. Una maravilla.

Las novedades extranjeras vienen de la mano de DeLillo, en su novela sobre el 11 de septiembre, Cormac McCarthy, un autor con el que tengo deudas contraídas, Margaret Atwood, de la que tengo que escribir más aquí, y Coetzee.

Así que cuando estéis por uno de esos bares, terrazas, chiringuitos o restauranes patrios y pidais otra ronda y una de sardinas, o un chorizito a la sidra, o una butifarrita, o una de rabas, según el punto cardinal al que cada uno apunte, pensad que habrá que guardar algún eurillo para el otoño, para esos libros que habrá que leer. Aunque, bueno, bien pensado, también se pueden sacar de la biblioteca, o pedirlos prestados a algún amigo, o, directamente, pedírselos prestados a la librería, porque tampoco es cuestión de ir por ahí renunciando a raciones, ¿o no?

El nuevo single de The go team!

Ya he dicho por aquí en alguna ocasión (que no me da tiempo a buscar) que The go team! me parece una de las propuestas más refrescantes, divertidas y sorprendentes de lo que he oido últimamente. La noticia es que sacan su segundo disco en septiembre (por lo que su proyecto va a tener continuidad, cosa que nunca se sabe cuando se oye un disco redondo como fue el primero). Han adelantado para este verano este tema: grip like a vice, que me ha encantado. Espero que os guste.




En fin, niños, niñas, Julio se despide con calor, con mucho calor, como el que hace ahora mismo, cuando todavía es de noche y la tierra (el asfalto, la hierba) desprende ese olor a caliente de una noche en la que apenas ha refrescado. No me importa por dos motivos: no ha sido un mal verano en cuanto a las temperaturas se refiere y ya he terminado mis tareas laborales, por lo que este fin de semana no voy a hacer nada, nada de nada, salvo ponerme al día en los blogs que leo (tengo pendientes comentarios), contestar algún correo, naturalmente, dormir la siesta, preparar algún plato en condiciones (sigo leyendo Crítica de la razón gastronómica, de Javier Pérez Escohotado y me da unas hambres justo antes de dormir, uffff), oir algún disco que tengo muy retrasado y darle a Mus algún paseo cuando ya haya anochecido, para que se revuelque en la hierba. Como veis, tan poca cosa que es imprescindible que lo haga. Como leereis en La buena letra, si os animais, la historia es un gesto casi invisible, una cortina que se abre, una persiana que se baja, algo que cuece en un fuego, un día de frío y lluvia, un semáforo en rojo. Nada tan importante como esto, que es, realmente, lo que nos sucede. Muchas gracias por estar ahí. Un abrazo muy fuerte. Vale.

Hace un año: Thoreau y Facto Delafé + Visitas

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lunes, mayo 28, 2007

El sexo, según Walter Arias


Como cuando en una serie, de repente, aparece un actor o actriz famosísimos, ajenos al reparto, y de fondo se oyen aplausos enloquecidos, así me he sentido cuando en mitad de Mercado de espejismos, de Felipe Benítez Reyes aparece Walter Arias, el protagonista de El novio del mundo, del mismo autor, para dejar, entre otras, esta lindeza:

"Los sexólogos (ya sean titulados o televisivos) coinciden en señalar, a modo de advertencia severa, que la sexualidad no consiste exclusivamente en la penetración. Bien. Hasta ahí de acuerdo: no podemos olvidar la lengua artística, los latigazos en el culo, las bolas chinas eléctricas, el poder devorador de una boca, etcétera. En lo que lamento no estar de acuerdo con los sexólogos es en la propaganda sesgada que les hacen a las caricias. ¿Caricias? ¿Lo que hacemos a los perros y a los gatos? ¿Caricias? Incluso acariciamos a un hámster muerto ¿Caricias? ¿Las caricias son sexo? ¡ Venga ya ! No estamos para tonterías, camaradas. El sexo no consiste exclusivamente en la penetración. Por supuesto que no. El sexo es también otras muchas cosas: pellizcos que gangrenan la autoestima, lenguas ebrias, uñas que escarban en las fronteras del daño, la apropiación indebida de un alma ajena, el mal de ausencia que se traduce en un aullido nocturno, dientes que traspasan la barrera del dolor... Todo eso es también sexo, qué duda cabe. Opciones de sexo. Sexo complementario. Pero, ¿las caricias?. No somos perros, ¿verdad? No somos gatos, ¿no es cierto? Sexo es terminar de practicar el sexo y plantearte al menos dos enigmas, a saber: 1) ¿Me habré pasado un poco? y 2) ¿Dónde habrá aprendido a hacer estas diabluras esta demonia trastornada? Y que luego diga tu Conciencia: "Se te va a parar cualquier día el corazón, payaso acrobático". Y que tu Subconsciente te susurre: "Ju ju chunda chunda traca toma". (Porque el Subconsciente, como es bien sabido, se expresa a través de formulaciones más o menos onomatopéyicas.)"

Felipe Benítez Reyes: Mercado de Espejismos (Destino. 2007).


Hace un año y dos días: Un poema de Almudena Guzmán

Hace un año y un día: No digas que no te avisé, de José Ignacio Lapido


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lunes, mayo 21, 2007

Tormentas

La tempestad, Giorgione

Si te detienes y lo piensas, seguramente hay una tormenta importante en tu vida, una tempestad que marcó un momento crucial en el calendario desdibujado de tu corazón, un relámpago que iluminó algo que no sabías, un camino que no tomaste o la orilla dorada de lo que estaba por venir. Si lo piensas, seguramente, existe una tormenta en tu vida.

Titulé mi primer libro que se publicaba Tormenta alrededor de una fotografía; tormenta era algo que forzaba el cambio, ese momento entre la calma inicial y la posterior, algo como ese momento que representa Giorgione en el cuadro de arriba: la tempestad. En él había un poema que hablaba de la tormenta:

Tormenta que todo lo toca
con sus torpes andamios,
tormenta que lo rompe todo
con sus presagios como dagas
lentas que urdiera un tiempo
para la derrota.
Tormenta, al fin y al cabo:
arrebato de musgo
y enfebrecida muerte.

En la historia de nuestra música reciente se me ocurren tres discos: Tormenta de tormento, de Corcobado, de 1991, Tormentas imaginarias de 091, de 1993 (y una canción, Si hay tormenta, que cerraba Debajo de los piedras, de 1988, también de 091) y El amigo de las tormentas, de Surfin' Bichos, de 1994.

Mucho más conocido e interpretado ha sido el tema Stormy weather, de Harold Arlen y del que se podría hacer un juego de las versiones con varias entregas: Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald, Frank Sinatra, etc. etc y, sobre todo, Billie Holiday. También se llamaba Stormy weather un película de 1943 que, según leo, iba destinada al emergente público negro y por ello sólo incluía actores de color. Allí, Lena Horne también cantaba el tema.

Sin tener nada que ver con el clásico, Stormy weather es un tema de los Pixies, de su disco Bossanova. También otro de Echo and the Bunnymen.

También se llama Tormenta de verano la soberbia novela de Juan García Hortelano, de 1961, que alguien hizo que asomara en la lista aquélla de las mejores novelas de todos los tiempos (enlace)

Y relámpago sobre el agua se llamaba esa terrible despedida de Nicholas Ray, de 1980, esa especie de película que dirigió bajo sus órdenes Wim Wenders y en la que asistimos a la muerte en directo de Ray, enfermo de cáncer.

Yo voy buscando eso, ese relámpago sobre el agua, ese instante, justo ese instante en el que, en mitad de la tormenta, en mitad de la noche, el relámpago ilumina todo sólo un momento y en ese momento puede verse todo. Es eso, ese momento, ese instante el que busco.

Hace un año y dos días: Forges hoy

Hace un año y un día: Nunca pasa nada, de Del Amitri

Hace un año: 091: ¿Qué fue del siglo XX?


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martes, mayo 15, 2007

Creación revolucionaria y cerveza helada, por Belén Gopegui

Foto de Michael Kenna

Llevo mucho tiempo queriendo poner esta interesantísima intervención de la excelente novelista Belén Gopegui en el II Seminario Internacional por el Progreso del Mundo. La leí en Rebelión, un sitio que hay que visitar y donde hay libros libres para descargar y vídeos rebeldes. A Rebelión llegué a través de un blog imprescindible: Días de futuro pasado (graciasss)

Creación revolucionaria y cerveza helada

Dijo en una ocasión Oscar Wilde y se ha citado con frecuencia: “Todo arte es bastante inútil”. Hace sólo unos días Paul Auster lo recordaba aquí en Oviedo, al recibir el premio Príncipe de Asturias, si bien Auster privaba a la frase del “bastante” y decía sólo “el arte es inútil”. Después de leer su discurso pensé: suena bonito lo de la inutilidad, pero que hay que podérsela permitir. O, si no, hay que pensar que la realidad, la que tenemos, no da escalofríos; hay que echar un vistazo a lo que nos rodea y decidir que es más o menos lo normal: esta mezcla de cines, barrios masacrados, ascensores, opresión, cerveza helada, terror en el trabajo, paseos, agotamiento de los recursos, bueno, todo eso sería más o menos lo normal.

Una vez decidido, es sencillo afirmar, cito, que “el valor del arte reside en su misma inutilidad” y a continuación preguntarse, como hizo Auster, como han hecho miles de artistas: “Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad?”. Digo esto sin apenas ironía. A mí también me gusta hablar del encanto de lo inútil. Aunque pienso que si un hombre se está ahogando y ve pasar cerca a varios músicos de los cuales ninguno se tira al agua ni le arroja una cuerda o un trozo de madera sino que entre todos se ponen a tocar para él un cuarteto maravillosamente inútil, pienso que a ese hombre no le cabría ninguna duda acerca de qué es lo que tiene de malo la inutilidad.

La cuestión es que el mundo no se está ahogando todo el rato. En cierto modo sí, en cierto modo sabemos que ahora mismo la cantidad de sufrimiento evitable que hay en el mundo es muy superior a la cantidad de cualquier otra cosa, hay más sufrimiento evitable que petróleo, más que cerveza helada y más, seguramente, que agua de mar. Sin embargo, ocurre que la vida de las personas, la nuestra, es limitada y sucesiva y necesita pausas. Nadie puede dejar de dormir, y tampoco nadie puede estar continuamente achicando el sufrimiento evitable. Así que paseamos, bebemos cerveza helada y, un buen día, leemos una novela o escuchamos una canción de amor, sólo de amor, y necesitamos esa canción.

Entonces, ¿qué podemos hacer quienes pensamos que la realidad da escalofríos y que es preciso revolucionarla, y pensamos que la inutilidad es un lujo? A primera vista parece que estaríamos condenados, y condenadas, a que nos conviertan en aguafiestas: mira, con lo bonito que había sido ese discurso ahora vienen a recordarme que ni siquiera puedo cantar una inútil canción de amor. Pero eso es una trampa. Porque sabemos que la vida es sucesiva, y cada noche se duerme. Y sabemos que debe haber un espacio para lo inútil, si bien preferimos ajustarnos a la precisión de Wilde: lo bastante pero no del todo inútil, pues algunas canciones de amor acompañan y hacen la vida más llevadera. Sabemos que debe haber un espacio para lo que no es siempre y por completo revolucionario. Simplemente, pensamos también que ese espacio no debe ser inmenso. No mientras la realidad siga dándonos escalofríos. Y como no debe ser inmenso pensamos, por ejemplo, que entre las más de doscientas páginas de una novela puede, y a veces es muy conveniente que haya sitio para otras cosas además de la inutilidad. Así como también pensamos que, a menudo, la inutilidad ha sido un mero pretexto para que el artista diga a los dueños del orden imperante lo que estos quieren oír y lo que a estos les interesa que oigan los demás, pero esa es otra historia.

Hoy no quiero hablar de la batalla artística sino sólo del campo donde tiene lugar. Como es sabido, en los enfrentamientos suele obtener la victoria aquel que elige el campo de batalla. Y aunque la mayoría de las veces suele poder elegirlo el ejército más poderoso, en otras ocasiones las guerrillas, o los ejércitos más débiles, han logrado esquivar la atracción del campo de batalla que proponía el enemigo y llevarle al suyo. En la pequeña batalla de la creación artística podría hacerse lo mismo, como decía, con el concepto de arte inútil: durante mucho tiempo ha parecido que nuestras únicas opciones eran: o bien reivindicar un arte constantemente útil o bien aceptar su plena inutilidad y renunciar, por tanto, a la capacidad del arte para sembrar conciencias. Propongo en cambio que dejemos de luchar en su terreno y vayamos a un espacio en donde todo, o casi todo, sea posible. Que no nos hagan renunciar a la mitad del cuadrado por ellos elegida; seremos nosotros y nosotras quienes digamos si es la mitad o un cuarto o quizá todo el cuadrado lo que nos importa.

Hace unos días en un artículo de prensa se criticaba a un libro porque incurría en los tópicos de la corrección política, por ejemplo, cito “los fascistas son muy malos y los pobres sufren mucho”. Comprendo el canon estético de donde procede la crítica, en cierto modo lo comparto, creo que los tópicos suelen dar lugar a una imaginación reblandecida y creo que las simplificaciones y el maniqueísmo en poco o nada ayudan a comprender el mundo. Sin embargo, observo la evolución de la literatura y veo que el miedo a contrariar ese canon estético está dando lugar a productos patéticos. ¿Ha de hablarse acaso, para no incurrir en el tópico, de que el fascismo no es tan malo? ¿Ha de idealizarse la pobreza diciendo que hace a quien la padece sabio, alegre, simpático, y le otorga mayor potencia sexual? Porque lo cierto es que esto ocurre con frecuencia. Soldados de Salamina lo ilustra bien, pero hay multitud de ejemplos. Y cuando esto ocurre tiene, como sabemos, menor castigo que lo anterior en la estética y por tanto la ideología dominantes. De tal manera que autores de izquierdas, o revolucionarios, o simplemente críticos, terminan contradiciendo lo que sus ojos ven por miedo a incurrir en el tópico. Por un miedo legítimo a no incurrir en la ramplonería y en lo pueril y por un miedo, no tan legítimo, a contrariar a los dueños del orden, terminan disculpando el fascismo o mitificando el sexo y la alegría del pobre tal como hacían, y tal vez hacen aún, amplios sectores de la Iglesia Católica. O bien directamente se escapan, abandonan la posibilidad de tratar ciertos temas en la literatura y se enclaustran en lo exótico, lo visceral, lo exclusivamente familiar, cualquier cosa que esté lejos de la dialéctica política. Pero es posible, y si no tendremos que luchar para que lo sea, ser justo sin ser maniqueo, ser complejo sin ser cobarde, ser apasionado sin ser pueril.

Dijo también Paul Auster: “La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad”. La novela revolucionaria, en cambio, no puede permitirse hablar únicamente a la intimidad del individuo aislado, y habla también al individuo en tanto miembro de una colectividad siquiera potencialmente revolucionaria. Pero es que tampoco la novela instalada o convencional se dirige sólo al individuo aislado. Cada lector íntimo y aislado lee la misma novela que muchos otros lectores, hecho que trae consigo el sentido de pertenencia a la comunidad lectora de esa novela y otorga al arte cierta capacidad de cohesión. De manera que una vez más, y para terminar, se trata de no aceptar la dicotomía. La creación revolucionaria, igual que, lo quiera o no, la creación instalada y convencional, se dirige al individuo como individuo y al mismo tiempo se dirige al individuo como miembro de una comunidad. Lo que ocurre es que, en el primer caso, se trata de una comunidad conforme con su propio destino, mientras que en el segundo se trata de dos cosas al mismo tiempo: una comunidad conforme con los paseos o la cerveza helada, pero inconforme, y a veces en conflicto, con la opresión y el miedo. Muchas gracias.

Intervención de Belén Gopegui en el II Seminario Internacional por el Progreso del Mundo: La Humanidad frente al Imperialismo. Red en Defensa de la Humanidad. Del 25 al 28 de octubre de 2006 en Oviedo



Hace un año: Match point

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