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domingo, septiembre 04, 2011
Un poema (Mudanzas) y una canción de Élena (Auguris)
Mudanzas
Volver a lo de siempre,
inaugurar de nuevo eso que permanece
como si no estuviera,
un mapa sumergido, la vuelta hacia unas horas
en las que siempre has habitado.
Adivinar, en ese trazo en blanco
que queda entre las líneas borradas,
todo lo que has fundado:
un perfil, un lugar, un calendario,
las muecas que dejaste
y que ahora te sostienen:
un destino, un origen, un trayecto,
todo eso que termina o que comienza,
indiferente.
Saber que la única enseñanza
de un tiempo repetido de mudanzas
es que nada se pierde, que todo permanece,
que no se recupera nunca nada.
Adivinas y sabes, reconoces.
Vuelves a lo de siempre después de lo siempre.
lunes, julio 19, 2010
Un poema de Extraño abordaje
Muchacha:
conoces ese aroma
a día que se alarga enloquecido
retrasando la noche
calles que crecen
indicio vehemente de un verano
que llegará con tus sandalias
y pies dorados
y con él la terraza luminosa
del mar
duna rizada
la noche transparente
su levante cálido y leve
de música y azotea sorprendida
de tanta luna donde aquel muchacho
del pasado año
mirará atónito tu cuerpo
tesoro ya perenne del verano.
Hace un año y seis días: Ícaro, un poema de Álvaro García
Hace un año y cuatro días: Lo que el banco me regaló, con un poco de Forges
Hace un año y dos días: El nuevo discazo de Dinosaur Jr.: Farm
lunes, mayo 11, 2009
Auto-autopsia
El gran Claudio Rodríguez, en su introducción a lo que en 1992 eran sus obras completas, Desde mis poemas (Cátedra. 1992), decía que, al fin y al cabo, no se puede contemplar la propia autopsia.
Quizá tuviera razón. Sin embargo, este fin de semana, mientras preparaba una lectura de mis poemas, (que haré en Granada el próximo sábado, y que ya contaré aquí) me ha dado la impresión de estar asistiendo a mi propia autopsia.
Repasar lo que -desde hace más de 15 años- uno rescató de la papelera y pasó a libro (para bien o para mal) y permanece hoy al alcance de la mano, es una tarea casi inútil, como empeñarse en enviar un telegrama a un pasado en el que estuvimos, pero en el que ya no estamos.
Sí, quizá como esas notas que tomamos y hoy parecen las de un absoluto desconocido, que nos hablan de algo que ya no comprendemos. Algo o alguien de lo que hemos desertado, tal vez.
Sé que mis libros han sido siempre necesidades de mi biografía, ese punto en el que se rompía y se enlazaba algo, siempre esa señal, el cruce de caminos donde los médicos fenicios ponían a los enfermos para que todo el que pasara diera su opinión y, así, hacer un diagnóstico (ya sé que he contado por aquí esto). (Tal vez, el que escribe no busque sino eso, un diagnóstico).
Ahora, después de tantos años, el diagnóstico es más bien una autopsia: el del jovencito que se asomaba a la edad adulta y escribía sobre lo que pensó que era la amistad, el amor, la vida de los demás, la vida, al fin y al cabo. Se dan muchas vueltas y, a lo mejor, terminamos en el mismo punto en el que pensamos que se iniciaba algo; no sé, a lo mejor el tiempo no es nada, salvo estas canas y cierto cansancio en la postura al andar.
Creo en el poema como un espacio en el que ocurren cosas y en el que deben encontrarse, al menos, dos personas: escritor y lector; creo en la poesía como la única forma de atrapar ciertas verdades, para que no se escapen, a base de metáforas, como manera de ir descubriendo lo que ya sabíamos o hubiéramos sabido a base de camino y tiempo.
La literatura como lugar para la emoción, como un balance donde rendir las cuentas invisibles del tiempo y la memoria.
Hace un año y dos días: Un misterio (donde se habla de tetas y vello púbico), un anuncio genial, una entrevista a Antonio Luque y un vídeo de Ismael Serrano y Nach.
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miércoles, abril 01, 2009
Un poema inédito
Poema de amor
Ni imaginabas una voz
ni tenías un hueco.
Nunca supiste que la plana
nerviosa de los días
tiene letra de mimbre,
que el idioma terrible de las horas
es sólo un tiempo entre paréntesis,
un balcón desde el que mirar,
el banco donde esperas.
Porque la dicha, a veces, puede ser
un rastro en el pasillo, la huella de un lavabo,
el agua hirviendo sola en la cocina.
Ni imaginabas una voz
ni tenías un hueco.
Sin embargo, anota que llegó
como llegan las aves y las olas,
sin noticias, sin trampa, sin misterios.
Cuenta que se quedó.
Escribe que te trajo
un tiempo que se escribe con su nombre,
un país de hierba y cielo,
el calendario exacto de las horas felices,
el dulce idioma
de su existencia.
Hace un año y un día: Páginas Amarillas (X): Restaurador
Hace un año: Casa de citas: José Guillermo Ánjel
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Ni imaginabas una voz
ni tenías un hueco.
Nunca supiste que la plana
nerviosa de los días
tiene letra de mimbre,
que el idioma terrible de las horas
es sólo un tiempo entre paréntesis,
un balcón desde el que mirar,
el banco donde esperas.
Porque la dicha, a veces, puede ser
un rastro en el pasillo, la huella de un lavabo,
el agua hirviendo sola en la cocina.
Ni imaginabas una voz
ni tenías un hueco.
Sin embargo, anota que llegó
como llegan las aves y las olas,
sin noticias, sin trampa, sin misterios.
Cuenta que se quedó.
Escribe que te trajo
un tiempo que se escribe con su nombre,
un país de hierba y cielo,
el calendario exacto de las horas felices,
el dulce idioma
de su existencia.
Hace un año y un día: Páginas Amarillas (X): Restaurador
Hace un año: Casa de citas: José Guillermo Ánjel
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lunes, febrero 02, 2009
A6, un poema inédito

A-6
He visto
cómo cede la muerte ante el recuerdo
en un ramo de flores
atado al borde de la carretera,
el hito de la desventura,
la señal kilométrica
de algún amor, de su memoria.
He visto
la cresta de la luna reflejada
en el retrovisor
y he contemplado noches de verano
cuando esa luna era una hoguera,
el mar, la arena, un cubo de sangría,
la vida por delante, todo para más tarde.
He visto
el rastro mortecino del día laborable,
el ladrido del viernes,
la calma negociada de la tarde,
el destello de alguna madrugada.
He visto
un desayuno que mi madre
preparó en el sesenta y nueve,
a una muchacha conducir
mientras se maquillaba,
a un hombre adelantar llorando.
He visto
el rastro desgastado de la urgencia,
el cristal empañado del amor,
esa cifra imposible de un asiento vacío.
He oído
tu voz diciéndome al teléfono
“gira a la izquierda y sigue recto,
llámame cuando llegues,
yo te abro”.
Hace un año y dos días: Buenas noticias: El regreso de Tata Golosa: la pastilla (con una reflexión sobre la Viagra) + Publicidad.
Hace un año y un día: El blog de Anna
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lunes, diciembre 15, 2008
Un kiosco cerrado (un poema inédito)
Un kiosco cerrado
Ya no te asombra el trazo cruel
de lo que se abandona:
el óxido, la herrumbre, el polvo acumulado,
los rígidos cartones de embalar,
los cristales quebrados.
Un día no volvió el kiosquero
y desapareció esa línea recta
de los pactos de a diario
que nunca se han pactado:
los buenos días, las noticias,
los partidos, el tiempo.
Hace meses bajaron las persianas
del segundo derecha
y se rompió la curva del prodigio
de ese abrazo invisible
que es un saludo repetido a diario
a alguien que no conoces.
Nadie ha vuelto a arrancar el coche rojo.
Han colgado un cartel de Se Traspasa
en la papelería.
El trozo de ciudad en el que habitas
es un álbum repleto de recortes
de otras vidas que son también la tuya.
Frente a ti, todo continúa.
Frente a ti, todo es cambio.
Y continúa.
Hace un año y dos días: Lo tremendo de las canciones infantiles: Los tres alpinos, Me casó mi madre y Ya se murió el burro.
Hace un año y un día: La felicitación de El Jueves + Un clásico: Calendario Private + Dos discos de 2007: Spoon y Burial.
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lunes, diciembre 10, 2007
Bajo la piel (un poema casi inédito)
En 1995 el Comité Ciudadano Antisida de Granada, a través de un siempre generoso Gerardo Venteo, me invitaba a un proyecto que se iba a llamar Memoria Azul y que consistía en una carpeta, preciosa y enorme, donde se unían un poema y una pintura de varios poetas y artistas, y de la que se iban a sacar a la venta 100 ejemplares para recaudar fondos. (Pondré por aquí algún día el maravilloso texto introductorio de Mariano Maresca). Acepté, por supuesto, y con la suerte de que se me emparentó con Manuel Vela, que entregó un trabajo soberbio (no puedo escanearlo, es demasiado grande): una serigrafía que me sigue emocionando cuando la miro. (Alguna parecida se puede ver en su página web, en obra gráfica)
El poema no tenía por qué ser inédito. Se podía ceder un poema ya publicado. Sin embargo, en mi caso, trabajaba entonces en un poema que se llamaba Bajo la piel, en recuerdo de la canción de Cole Porter, I've got you under my skin, en la versión que hizo Neneh Cherry. Contaba una historia real, que me había sucedido hacía muy poco.
Bajo la piel era lo que en su día no había podido contestar a alguien que me había contado su historia. Pongamos que se llamaba Ana (de hecho, el poema se publicó, no recuerdo dónde, con el título Ana recoge un análisis) y que tras un diagnóstico de sida, con la intención de no volver a trabajar y vivir intensamente el resto de sus días (entonces el sida era aún más grave que hoy), decide llevar desde el sur a Madrid unos cuantos kilos de hashich. La detención, tontísima (por un piloto delantero fundido y una señal de stop de la guardia civil que puso muy nerviosos a Ana y su novio -nunca habían hecho algo parecido-) fue en la provincia de Granada y yo estaba de guardia, por lo que me hice cargo de la detención. A través de las visitas que le hice a la cárcel, tuvimos cierta cercanía a través de varias charlas donde me contó parte de su historia. Hice amistad con Ana y con sus padres. Aún conservo una cartera de piel (le tengo un cariño especial) que me regalaron, cariñosos y generosísimos. Pero perdimos el contacto. Queda el poema, que pongo hoy aquí.
Bajo la piel
Ese papel repleto de números y siglas
que me has mostrado
no dice el mundo,
no, ni siquiera lo interpreta
en ese orden férreo que imponen
esas torpes columnas que lo cubren.
No importa. Del pliego arrugado
que muestras temblorosa
debes saber que tan sólo confirma
que lo que fue del tacto, de su vasto gobierno,
a veces permanece algo bajo la piel,
y no como memoria tibia, cierta,
no como ese perfume joven
que llega y llena las estancias
que fue cerrando el tiempo, no.
Bajo la piel, a veces, es sólo el desacuerdo,
las horas astilladas y difusas,
la cerrazón penúltima, lo único que sabemos:
que al lado de cada palabra
que le arrancamos a la vida
-para escribirla sobre el alma-
existe en paralelo un precio
ajustado, implacable, triste.
Bajo tu piel navega la etiqueta
desprendida de todas tus horas y tus días
con su precio final, injusto, digno.
Bajo mi piel, tus ojos húmedos
y el autobús vacío e iluminado
-acelerando enloquecido
por las calles de esta ciudad
de la que tan sólo recuerdas
una visita con tus padres
hace más de veinte años-
que me has incrustado en el alma
como una bala necesaria,
deseada tal vez, a tiempo.
Hace un año y dos días: Viernes musical: Lcd Soundsystem, St. Germanin y Jarvis Cocker
Technorati Tags:manuel vela poesia
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El poema no tenía por qué ser inédito. Se podía ceder un poema ya publicado. Sin embargo, en mi caso, trabajaba entonces en un poema que se llamaba Bajo la piel, en recuerdo de la canción de Cole Porter, I've got you under my skin, en la versión que hizo Neneh Cherry. Contaba una historia real, que me había sucedido hacía muy poco.
Bajo la piel era lo que en su día no había podido contestar a alguien que me había contado su historia. Pongamos que se llamaba Ana (de hecho, el poema se publicó, no recuerdo dónde, con el título Ana recoge un análisis) y que tras un diagnóstico de sida, con la intención de no volver a trabajar y vivir intensamente el resto de sus días (entonces el sida era aún más grave que hoy), decide llevar desde el sur a Madrid unos cuantos kilos de hashich. La detención, tontísima (por un piloto delantero fundido y una señal de stop de la guardia civil que puso muy nerviosos a Ana y su novio -nunca habían hecho algo parecido-) fue en la provincia de Granada y yo estaba de guardia, por lo que me hice cargo de la detención. A través de las visitas que le hice a la cárcel, tuvimos cierta cercanía a través de varias charlas donde me contó parte de su historia. Hice amistad con Ana y con sus padres. Aún conservo una cartera de piel (le tengo un cariño especial) que me regalaron, cariñosos y generosísimos. Pero perdimos el contacto. Queda el poema, que pongo hoy aquí.
Bajo la piel
Ese papel repleto de números y siglas
que me has mostrado
no dice el mundo,
no, ni siquiera lo interpreta
en ese orden férreo que imponen
esas torpes columnas que lo cubren.
No importa. Del pliego arrugado
que muestras temblorosa
debes saber que tan sólo confirma
que lo que fue del tacto, de su vasto gobierno,
a veces permanece algo bajo la piel,
y no como memoria tibia, cierta,
no como ese perfume joven
que llega y llena las estancias
que fue cerrando el tiempo, no.
Bajo la piel, a veces, es sólo el desacuerdo,
las horas astilladas y difusas,
la cerrazón penúltima, lo único que sabemos:
que al lado de cada palabra
que le arrancamos a la vida
-para escribirla sobre el alma-
existe en paralelo un precio
ajustado, implacable, triste.
Bajo tu piel navega la etiqueta
desprendida de todas tus horas y tus días
con su precio final, injusto, digno.
Bajo mi piel, tus ojos húmedos
y el autobús vacío e iluminado
-acelerando enloquecido
por las calles de esta ciudad
de la que tan sólo recuerdas
una visita con tus padres
hace más de veinte años-
que me has incrustado en el alma
como una bala necesaria,
deseada tal vez, a tiempo.
Hace un año y dos días: Viernes musical: Lcd Soundsystem, St. Germanin y Jarvis Cocker
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