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lunes, mayo 11, 2009
Auto-autopsia
El gran Claudio Rodríguez, en su introducción a lo que en 1992 eran sus obras completas, Desde mis poemas (Cátedra. 1992), decía que, al fin y al cabo, no se puede contemplar la propia autopsia.
Quizá tuviera razón. Sin embargo, este fin de semana, mientras preparaba una lectura de mis poemas, (que haré en Granada el próximo sábado, y que ya contaré aquí) me ha dado la impresión de estar asistiendo a mi propia autopsia.
Repasar lo que -desde hace más de 15 años- uno rescató de la papelera y pasó a libro (para bien o para mal) y permanece hoy al alcance de la mano, es una tarea casi inútil, como empeñarse en enviar un telegrama a un pasado en el que estuvimos, pero en el que ya no estamos.
Sí, quizá como esas notas que tomamos y hoy parecen las de un absoluto desconocido, que nos hablan de algo que ya no comprendemos. Algo o alguien de lo que hemos desertado, tal vez.
Sé que mis libros han sido siempre necesidades de mi biografía, ese punto en el que se rompía y se enlazaba algo, siempre esa señal, el cruce de caminos donde los médicos fenicios ponían a los enfermos para que todo el que pasara diera su opinión y, así, hacer un diagnóstico (ya sé que he contado por aquí esto). (Tal vez, el que escribe no busque sino eso, un diagnóstico).
Ahora, después de tantos años, el diagnóstico es más bien una autopsia: el del jovencito que se asomaba a la edad adulta y escribía sobre lo que pensó que era la amistad, el amor, la vida de los demás, la vida, al fin y al cabo. Se dan muchas vueltas y, a lo mejor, terminamos en el mismo punto en el que pensamos que se iniciaba algo; no sé, a lo mejor el tiempo no es nada, salvo estas canas y cierto cansancio en la postura al andar.
Creo en el poema como un espacio en el que ocurren cosas y en el que deben encontrarse, al menos, dos personas: escritor y lector; creo en la poesía como la única forma de atrapar ciertas verdades, para que no se escapen, a base de metáforas, como manera de ir descubriendo lo que ya sabíamos o hubiéramos sabido a base de camino y tiempo.
La literatura como lugar para la emoción, como un balance donde rendir las cuentas invisibles del tiempo y la memoria.
Hace un año y dos días: Un misterio (donde se habla de tetas y vello púbico), un anuncio genial, una entrevista a Antonio Luque y un vídeo de Ismael Serrano y Nach.
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lunes, septiembre 08, 2008
Casa de citas: Günter Eich
Los castaños florecen.
Tomo nota,
pero me abstengo de opinar.
Tomo nota,
pero me abstengo de opinar.
Hace un año y dos días: Dos poemas de Berta Piñán
Hace un año y un día: El día que nací + Chicas y chicos + Soy un pelele + José Luis López Vázquez
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lunes, julio 28, 2008
Juego de niños, de Carlos Marzal
Juego de niños
Cuatro o cinco palabras aprendidas
en la noche del tiempo, siendo niños,
nada más que esas cuatro o esas cinco
palabras aprendidas son precisas,
para nombrar los dos o tres asuntos
que merecen nombrarse en esta vida.
El resto es lo que queda cuando a la poesía
le hemos quitado todo lo que es la poesía.
Carlos Marzal (Valencia.1961). El poema pertenece a su libro Los países nocturnos (Tusquets.1996), del que ya se han publicado otros dos poemas en este blog (enlace + enlace).
Hace un año y dos días: Publicidad: perrillo enamorado y traicionado + Tetas y cine
Hace un año y un día: Los británicos, by Pussy + Lo que traerá el otoño + El nuevo single de The Go Team!
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miércoles, mayo 14, 2008
Resaca Hank over ( II ): Dos poemas de Pablo Casares
Otra gratísima sorpresa en este brillante homenaje conjunto a Bukowski: Pablo Casares (San Sebastián.1972) con el que comparto, según leo en Las afinidades electivas, haber publicado en Vitolas del Anais, en el mismo año, 2004, y un número del Kiosco de Poesía de La Plaza Humana (enlace)
Me ha gustado su voz clara, su forma de llevar de conducir el poema a través de versos cortos, como ráfagas, y su fina ironía. Poemas brillantes, que te dejan ganas de leer más, mucho más.
Copio una poética que encuentro en Las afinidades y dos poemas de Resaca:
Poética
Lo que me empuja al precipicio de la escritura es el aspirar a escribir, ojala lo logre algún día de estos, un buen poema. Un poema con el que logre de manera penetrante y concluyente la intensidad de algún momento vivido o que nos quede por vivir.
Ahora
Ahora
que han acabado
las noches de júbilo,
las largas tardes apostado
tras el humo de un pitillo
observando cómo
se esfuman las horas;
la universidad y sus novias;
el coqueteo y el posterior
estertor de las drogas;
ahora
unos años después,
nos parapetamos en la normalidad
de un trabajo, de un hogar,
o tras el lánguido pentagrama
de un tema de Jimmy Scott.
Aun así, sentimos con toda certeza
que la ansiedad sigue latiendo en nosotros
como una pantera enjaulada:
Todavía alerta.
Todavía al acecho.
20 segundos
Unas miradas
que se encuentran
en un café desierto,
un lunar
en tu cuello
que es capaz
de volverme loco,
y 20 segundos
para enceder un pitillo,
dar un trago al vino blanco
y ver cómo llega un tipo
que te besa
con la mitad de ganas
que lo hubiera hecho yo.
Hace un año: Nocilla dream, de Agustín Fernández Mallo (llevo varios días intentando terminar para hoy mis reflexiones sobre Nocilla experience, pero no ha podido ser)
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Me ha gustado su voz clara, su forma de llevar de conducir el poema a través de versos cortos, como ráfagas, y su fina ironía. Poemas brillantes, que te dejan ganas de leer más, mucho más.
Copio una poética que encuentro en Las afinidades y dos poemas de Resaca:
Poética
Lo que me empuja al precipicio de la escritura es el aspirar a escribir, ojala lo logre algún día de estos, un buen poema. Un poema con el que logre de manera penetrante y concluyente la intensidad de algún momento vivido o que nos quede por vivir.
Ahora
Ahora
que han acabado
las noches de júbilo,
las largas tardes apostado
tras el humo de un pitillo
observando cómo
se esfuman las horas;
la universidad y sus novias;
el coqueteo y el posterior
estertor de las drogas;
ahora
unos años después,
nos parapetamos en la normalidad
de un trabajo, de un hogar,
o tras el lánguido pentagrama
de un tema de Jimmy Scott.
Aun así, sentimos con toda certeza
que la ansiedad sigue latiendo en nosotros
como una pantera enjaulada:
Todavía alerta.
Todavía al acecho.
20 segundos
Unas miradas
que se encuentran
en un café desierto,
un lunar
en tu cuello
que es capaz
de volverme loco,
y 20 segundos
para enceder un pitillo,
dar un trago al vino blanco
y ver cómo llega un tipo
que te besa
con la mitad de ganas
que lo hubiera hecho yo.
Hace un año: Nocilla dream, de Agustín Fernández Mallo (llevo varios días intentando terminar para hoy mis reflexiones sobre Nocilla experience, pero no ha podido ser)
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lunes, enero 14, 2008
Un poema de Ángel González
CONTRA-ORDEN (POÉTICA por la que me pronuncio ciertos días)
Esto es un poema.
Aquí está permitido
fijar carteles,
tirar escombros, hacer aguas
y escribir frases como:
Marica el que lo lea,
Amo a Irma,
Muera el…(siencio),
Arena gratis,
Asesinos,
etcétera.
Esto es un poema.
Mantén sucia la estrofa.
Escupe dentro.
Responsable la tarde que no acaba,
el tedio de este día,
la indeformable estolidez del tiempo.
Hace un año y dos días: Palabras y política + Lo nuevo de Axe + Un blog ejemplar: (sexy) Rocío Guirao + Te clavo la sombrilla + Nina Simone al piano.
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martes, octubre 23, 2007
La poesía según Jesús Munárriz
Poética
haz lo que quieras, pinta como quieras;
el impoluto lienzo de la página
pasivamente aceptará tus huellas.
hiéndela libremente, sin perjuicios.
pero no te abandones a las facilidades,
no desmayes la guardia,
sé siempre muy exacto.
que lo que digas surja desde dentro,
que las cosas se nombren a sí mismas,
que las palabras jueguen
a juegos de palabras, si les gusta,
y que tu propia vida
vaya manchando el verso con sus botas gastadas.
Generoso, mi primo el de Volando vengo me mandaba este poema de Munárriz para el blog. Yo lo vi muchos meses después porque ya no frecuento la cuenta de correo donde lo recibí. Vuelvo a leerlo y me acuerdo de una historia.
Tengo ese poema en la edición Joven poesía española de Cátedra, edición de Concepción G. Moral y Rosa María Pereda. Este libro fue una de las benditas lecturas obligatorias de mi COU y, como leo en la primera página interior, lo compré en Abril de 1985 -o sea, cágate lorito, hace 22 años- (el sentido de propiedad en los libros es algo del joven, que pone, orgulloso, su nombre y la fecha en ellos y, como aquellas migas de pulgarcito, pretende que algún día le marquen algún camino que en el fondo no existe; de hecho, más tarde, ese joven deja de anotar su nombre -las fechas también, claro, porque uno es como una actriz que se quita años en la tele- porque sabe que un libro no es nada, que todo lo que tuvo que quedar ya quedó y que hay pocos libros a los que se vuelve; bueno, no tan pocos)
Para nosotros (Martínez, el Pícaro, Pepito, Juan Carlos) aquel libro fue algo fundamental, nos lo sabíamos de memoria. Llevábamos ya unos cuantos años cometiendo poemas y ver a tantos autores, y tan buenos, juntos, era un lujazo, me imagino, además, que eran los primeros autores que nos decían algo que nos interesara o inquietara entonces.
Ese poema-poética de Jesús Munárriz es, además, uno de los que mejor recuerdo; de hecho, fue el poema que nos pusieron en Selectividad para el comentario de texto (estoy casi seguro; si no fue en Selectividad, fue en un examen) Me gustaría leer ahora lo que escribí entonces sobre este poema.
Ahora mi comentario de texto es éste: Jesús Munárriz nació en 1940, como mi padre, en San Sebastián. Ha publicado libros de poemas fundamentales que habría que releer: Esos tus ojos, Otros labios me sueñan, libros agrupados en una antología que se llamó Peaje para el alba (que creía que hizo Inmaculada Menjíbar -poeta que tengo que poner aquí- ) y que hizo Angela Vallvey. Munárriz, además, es un excelente traductor de Rilke, Celan y Pessoa, entre otros. Dirige la editorial Hiperión, sin la que no se entendería la poesía española de hoy y la de los últimos 30 años. Hace tres veranos leí Flores del tiempo, publicado en Point de Lunettes, en 2003, y mi verano se cubrió de una poesía necesaria y estuve pensando -me obligó el espléndido libro- sobre qué tipo de poemas se deben escribir hoy.
En este enlace se pueden leer otros poemas de Munárriz, poeta que volveré a traer aquí.
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haz lo que quieras, pinta como quieras;
el impoluto lienzo de la página
pasivamente aceptará tus huellas.
hiéndela libremente, sin perjuicios.
pero no te abandones a las facilidades,
no desmayes la guardia,
sé siempre muy exacto.
que lo que digas surja desde dentro,
que las cosas se nombren a sí mismas,
que las palabras jueguen
a juegos de palabras, si les gusta,
y que tu propia vida
vaya manchando el verso con sus botas gastadas.
Generoso, mi primo el de Volando vengo me mandaba este poema de Munárriz para el blog. Yo lo vi muchos meses después porque ya no frecuento la cuenta de correo donde lo recibí. Vuelvo a leerlo y me acuerdo de una historia.
Tengo ese poema en la edición Joven poesía española de Cátedra, edición de Concepción G. Moral y Rosa María Pereda. Este libro fue una de las benditas lecturas obligatorias de mi COU y, como leo en la primera página interior, lo compré en Abril de 1985 -o sea, cágate lorito, hace 22 años- (el sentido de propiedad en los libros es algo del joven, que pone, orgulloso, su nombre y la fecha en ellos y, como aquellas migas de pulgarcito, pretende que algún día le marquen algún camino que en el fondo no existe; de hecho, más tarde, ese joven deja de anotar su nombre -las fechas también, claro, porque uno es como una actriz que se quita años en la tele- porque sabe que un libro no es nada, que todo lo que tuvo que quedar ya quedó y que hay pocos libros a los que se vuelve; bueno, no tan pocos)
Para nosotros (Martínez, el Pícaro, Pepito, Juan Carlos) aquel libro fue algo fundamental, nos lo sabíamos de memoria. Llevábamos ya unos cuantos años cometiendo poemas y ver a tantos autores, y tan buenos, juntos, era un lujazo, me imagino, además, que eran los primeros autores que nos decían algo que nos interesara o inquietara entonces.
Ese poema-poética de Jesús Munárriz es, además, uno de los que mejor recuerdo; de hecho, fue el poema que nos pusieron en Selectividad para el comentario de texto (estoy casi seguro; si no fue en Selectividad, fue en un examen) Me gustaría leer ahora lo que escribí entonces sobre este poema.
Ahora mi comentario de texto es éste: Jesús Munárriz nació en 1940, como mi padre, en San Sebastián. Ha publicado libros de poemas fundamentales que habría que releer: Esos tus ojos, Otros labios me sueñan, libros agrupados en una antología que se llamó Peaje para el alba (que creía que hizo Inmaculada Menjíbar -poeta que tengo que poner aquí- ) y que hizo Angela Vallvey. Munárriz, además, es un excelente traductor de Rilke, Celan y Pessoa, entre otros. Dirige la editorial Hiperión, sin la que no se entendería la poesía española de hoy y la de los últimos 30 años. Hace tres veranos leí Flores del tiempo, publicado en Point de Lunettes, en 2003, y mi verano se cubrió de una poesía necesaria y estuve pensando -me obligó el espléndido libro- sobre qué tipo de poemas se deben escribir hoy.
En este enlace se pueden leer otros poemas de Munárriz, poeta que volveré a traer aquí.
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jueves, julio 12, 2007
Lonchas de vida cortadas y envueltas por el maltrecho, envejecido y cansado charcutero Enrique Ortiz en Granada, el 17 de febrero de 1995 ( y II )
Otra explicación: traigo aquí la segunda parte, y última, del cuadernillo, cuya primera parte se puede leer en este enlace Es curioso que en las devociones sólo ha cambiado el verano por el invierno y casi todo sigue igual 17 años después. Eso sí, el texto, hoy, tendría cinco líneas y compruebo, alarmado, el derroche de palabrería para decir dos cosas mal contadas.
Lonchas de vida cortadas y envueltas por el maltrecho, envejecido y cansado charcutero Enrique Ortiz en Granada, el 17 de Febrero de 1995
Mi personaje (como me enseñó Carlos Barral a nombrarme) sometido a las directrices y coordenadas de este Buen Gobierno, se desnuda y muestra -en la aduana sin vigilancia del país que perfila un proyecto y un sueño- su humilde valija y comienza a declarar en contra suya, para que sea utilizado en su contra, para que no quede ni una sola duda de que sigo suscribiendo lo que en mi último libro, Páginas Amarillas, puse en boca de Ingeniero (Juan Benet, claro, con Schubert, su Viaje de invierno, al fondo): " Y miro / y permanecen intocados / la primera visión, / los proyectos innumerables / y el trabajo a pie de obra / mirando cómo lo primero / deviene obra última / y sólo aproximada al sueño / que la impulsó.//"
Quiero decir que mi personaje prefiere esa primera visión, los proyectos, el trabajo -el oficio- y que sabe que la obra última será siempre inferior al sueño, pero superior al hombre. Me basta ese accidente insignificante por el que llega una idea y me atraca -nunca la denuncio, claro- en plena calle, en un sueño, en la imagen de alguien que reparte periódicos, en cualquier lugar y en cualquier tiempo. Claro, el atraco conlleva una serie de secuelas -que ojalá fueran como el hermosísimo Síndrome de Estocolmo- que terminan, si el atraco ha sido bueno, con un toque de ternura o ultrajante, es igual, en un proyecto que, a su vez, si continúa cumpliéndose, arrojará una estructura, la introducción -para mí necesaria- de cierto orden en el caos o al contrario. Y luego llega por fin el placentero castigo de escribirlo, de partir de esa intuición primera para terminar con la racionalidad de corregir y volver a corregir. Al final está el poema, el libro, la narración. Sí, creo que este es el proceso, el más hermoso que conozco y tal vez el que prefiero. Creo, además, que no es diferente la vida, el tiempo redondo de cada día, atarse los zapatos, no fastidiar a los vecinos, amar, la misma muerte. A estas cosa últimas intento y procuro seguirlas, acompañarlas. A los poemas no, a los libros tampoco. Que ellos se defiendan por sí mismos o que se hundan en la más mísera de las miserias. Ellos verán. Como Gould y como Benet, creo que debe suprimirse al intérprete para que prevalezca la música.
Por lo demás, mi personaje es fiel a ciertos nombres, a ciertas horas, a toda la música -¿acaso es otra cosa la vida?- Prefiero un largo invierno, el viento, a veces me salto algún semáforo y sonrío; otras, paro en los pasos de peatone y también sonrío. Creo que todo está por hacer, a pesar de que todo ya esté hecho. He visto morir al niño y al jovencito que fui, pero sé que la muerte cede ante la memoria y procuro no olvidar, aunque a veces me quede, como decía Cernuda, el recuerdo de un olvido. Más dramático que Válery, no he encontrado lo que amo ni en lo que amo, ni en lo que escribo, ni en lo que vivo. Tampoco he encontrado lo que escribo en lo que amo. Sé, también, que me gustaría que la dicha acompañara, como un torpe y enorme y tierno guardaespaldas, a ciertas personas.
Para terminar, Buen Gobierno, este ciudadano está cansado, descreído, y es poseedor de una buena dosis -que deben incautar en su aduana de hilos invisibles- de indignación y de rabia. Siguen diciendo aquéllo que dijo en su Tormenta primera: que el tiempo sigue pasando, a pesar de uno, y que comprende todo, pero que no se resigna. Aquí les dejo el último intento de Poética (y van cien mil millones de millones, como decía el niño un instante antes de que otro niño dijera "pues el infinito") que recojo en Páginas Amarillas. Esto no es todo, hay más, pero importa tan poco como todo lo anterior. Un abrazo.
Poeta
Si pudiera escribir del mismo modo
que un autobús se llena y recibe
y acoge a cincuenta y dos huérfanos
para llevarlos de excursión
un viernes radiante de mayo
y siente sus pequeños cuerpos
-felices-
moviéndose en los asientos
mientras las ciento cuatro manos
ensucian los cristales
palpando el tacto de un paisaje
perplejo por tanta caricia.
Si escribir fuera ese autobús
que es padre y madre
y hermano mayor.
Si un poema pudiera ser
ese cristal manchado por sus manos
diminutas y churretosas.
El poeta tiene que ser
un autobús.
El poema tiene que ser
un cristal sucio.
Hace un año: Publicidad: sueños (Coco de Mer) y pantys (nur die)
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Lonchas de vida cortadas y envueltas por el maltrecho, envejecido y cansado charcutero Enrique Ortiz en Granada, el 17 de Febrero de 1995
II
"- Sin embargo, debe haber cosas que lo conmueven, que le gustan y le disguntan.
- Mis aversiones son simples: la estupidez, la opresión, el crimen, la crueldad, la música dulzona. Mis placeres, los más intensos conocidos por el hombre: escribir y cazar mariposas."
De una entrevista a V. Nabokov.1962
"- Sin embargo, debe haber cosas que lo conmueven, que le gustan y le disguntan.
- Mis aversiones son simples: la estupidez, la opresión, el crimen, la crueldad, la música dulzona. Mis placeres, los más intensos conocidos por el hombre: escribir y cazar mariposas."
De una entrevista a V. Nabokov.1962
Mi personaje (como me enseñó Carlos Barral a nombrarme) sometido a las directrices y coordenadas de este Buen Gobierno, se desnuda y muestra -en la aduana sin vigilancia del país que perfila un proyecto y un sueño- su humilde valija y comienza a declarar en contra suya, para que sea utilizado en su contra, para que no quede ni una sola duda de que sigo suscribiendo lo que en mi último libro, Páginas Amarillas, puse en boca de Ingeniero (Juan Benet, claro, con Schubert, su Viaje de invierno, al fondo): " Y miro / y permanecen intocados / la primera visión, / los proyectos innumerables / y el trabajo a pie de obra / mirando cómo lo primero / deviene obra última / y sólo aproximada al sueño / que la impulsó.//"
Quiero decir que mi personaje prefiere esa primera visión, los proyectos, el trabajo -el oficio- y que sabe que la obra última será siempre inferior al sueño, pero superior al hombre. Me basta ese accidente insignificante por el que llega una idea y me atraca -nunca la denuncio, claro- en plena calle, en un sueño, en la imagen de alguien que reparte periódicos, en cualquier lugar y en cualquier tiempo. Claro, el atraco conlleva una serie de secuelas -que ojalá fueran como el hermosísimo Síndrome de Estocolmo- que terminan, si el atraco ha sido bueno, con un toque de ternura o ultrajante, es igual, en un proyecto que, a su vez, si continúa cumpliéndose, arrojará una estructura, la introducción -para mí necesaria- de cierto orden en el caos o al contrario. Y luego llega por fin el placentero castigo de escribirlo, de partir de esa intuición primera para terminar con la racionalidad de corregir y volver a corregir. Al final está el poema, el libro, la narración. Sí, creo que este es el proceso, el más hermoso que conozco y tal vez el que prefiero. Creo, además, que no es diferente la vida, el tiempo redondo de cada día, atarse los zapatos, no fastidiar a los vecinos, amar, la misma muerte. A estas cosa últimas intento y procuro seguirlas, acompañarlas. A los poemas no, a los libros tampoco. Que ellos se defiendan por sí mismos o que se hundan en la más mísera de las miserias. Ellos verán. Como Gould y como Benet, creo que debe suprimirse al intérprete para que prevalezca la música.
Por lo demás, mi personaje es fiel a ciertos nombres, a ciertas horas, a toda la música -¿acaso es otra cosa la vida?- Prefiero un largo invierno, el viento, a veces me salto algún semáforo y sonrío; otras, paro en los pasos de peatone y también sonrío. Creo que todo está por hacer, a pesar de que todo ya esté hecho. He visto morir al niño y al jovencito que fui, pero sé que la muerte cede ante la memoria y procuro no olvidar, aunque a veces me quede, como decía Cernuda, el recuerdo de un olvido. Más dramático que Válery, no he encontrado lo que amo ni en lo que amo, ni en lo que escribo, ni en lo que vivo. Tampoco he encontrado lo que escribo en lo que amo. Sé, también, que me gustaría que la dicha acompañara, como un torpe y enorme y tierno guardaespaldas, a ciertas personas.
Para terminar, Buen Gobierno, este ciudadano está cansado, descreído, y es poseedor de una buena dosis -que deben incautar en su aduana de hilos invisibles- de indignación y de rabia. Siguen diciendo aquéllo que dijo en su Tormenta primera: que el tiempo sigue pasando, a pesar de uno, y que comprende todo, pero que no se resigna. Aquí les dejo el último intento de Poética (y van cien mil millones de millones, como decía el niño un instante antes de que otro niño dijera "pues el infinito") que recojo en Páginas Amarillas. Esto no es todo, hay más, pero importa tan poco como todo lo anterior. Un abrazo.
Poeta
Si pudiera escribir del mismo modo
que un autobús se llena y recibe
y acoge a cincuenta y dos huérfanos
para llevarlos de excursión
un viernes radiante de mayo
y siente sus pequeños cuerpos
-felices-
moviéndose en los asientos
mientras las ciento cuatro manos
ensucian los cristales
palpando el tacto de un paisaje
perplejo por tanta caricia.
Si escribir fuera ese autobús
que es padre y madre
y hermano mayor.
Si un poema pudiera ser
ese cristal manchado por sus manos
diminutas y churretosas.
El poeta tiene que ser
un autobús.
El poema tiene que ser
un cristal sucio.
Hace un año: Publicidad: sueños (Coco de Mer) y pantys (nur die)
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miércoles, junio 27, 2007
Lonchas de vida cortadas y envueltas por el maltrecho, envejecido y cansado charcutero Enrique Ortiz en Granada, el 17 de Febrero de 1995 (I)

Una explicación: Traigo aquí, copiado directamente, un cuadernillo que se editó en esa fecha, con motivo de una lectura de poemas en una galería de arte de unos amigos, El buen gobierno. Creo que es el único intento público de poner por escrito mis impresiones acerca de la poesía, de la literatura. Me he tropezado con él y me he dicho, venga, al artefacto; más que nada porque el año ya va pesando y no tengo tanto yo que poner aquí. Espero sepan entenderlo. ( La afortunadísima expresión Lonchas de vida pertenece al dibujante francés Lauzier y a su serie de historias sobre la clase media francesa. Hoy, esa expresión, Traches de vie, hace referencia al cómic de trazos costumbristas)
Lonchas de vida cortadas y envueltas por el maltrecho, envejecido y cansado charcutero Enrique Ortiz en Granada, el 17 de febrero de 1995
I
"La resistencia se organiza en todas las mentes puras"
T.Tzara
Por error, omisión, falta de memoria del que escuchaba o transcribía, una cinta utilizada mil veces en una grabadora demasiado cascada -claro, fueron tantos los génesis- la biblia erró en su comienzo. No, al principio no era la Nada; todo lo contrario: al principio era Todo y ese Todo estaba ahí, horrible o hermoso, pero con esa línea plateada que dicen que tienen los comienzos, donde todo cabe, donde todo es posible, donde todo lleva, de forma inevitable, a esa mezcla de ingenuidad y nerviosismo de lo que va a terminar siendo superior a sí mismo, superior a nosotros mismos.
Me imagino que me refiero a esa manía que llaman Literatura, que intento trazar un símil para esa doble manía, enfermedad, tic, defecto o desahucio -de por vida, claro está- que llamo Poesía y que uno contrae como un accidente pequeño e íntimo, como cae un libro de una estantería, como se quema algo en el fuego azul de una hornilla, como se enreda una cinta en un casete, es decir, como suceden las cosas que para mí tienen algo de importancia: hermosas, sin explicación y, sobre todo, sin remedio conocido, inevitables.
Y sí, en el principio está todo ahí, delante de uno, dispuesto y envuelto para la sorpresa, para que se intente -al menos- esa mezcla prodigiosa de la que hablaba, ingenuidad y nerviosismo, que debe terminar entregando una obra (poema, relato, lienzo, catedral, pero también una cama hecha o deshecha, un albornoz, un tejado, unas ojeras...) superior a uno mismo. Más tarde, uno regresa -como dicen que regresa el asesino al lugar de la tragedia- y descubre que empiezan a faltar cosas de ese todo primero, y que los paquetes carecen ya de lazos, que se puede adivinar lo que contienen, y que la geometría organizada y antigua tampoco es ya tan hermosa. Pero hay que seguir eligiendo -avanti siempre- y uno continúa y coge del todo mermado lo que se le antoja para seguir entregando algo que vuelva a ser superior a uno mismo. Y así sucesivamente, hasta hoy, donde todo ese Todo parece un escaparate desvencijado de un Todo-a-cien. Pero hay que entrar, y si es necesario, hasta coger un carrito, y dar una vuelta y volver a escoger entre lo que va quedando para entregar otra obra superior a uno. Y eso, creo, es la creación, la literatura, la vida al fin y al cabo.
Y si uno consigue mantener, ante tanta ruina y desmantelamiento y liquidación y saldo (de todo a la nada) la misma mezcla exacta de ingenuidad y nerviosismo, pues no está mal, que sigan la imaginación y la emoción trazando su laberinto intrincado de causas y efectos para que emerja el poema -como un bostezo, como un disparo despiadado y certero, como el silencio de un pájaro, como la pétrea solemnidad de un milenio, como quiera, como sea necesario- desde la intuición primera hasta la racionalidad última.
Olvidaba que de tanto entrar y asistir a esa tienda o mundo donde estaba todo, uno termina conociendo -sólo aproximadamente- el mejor horario, el idioma prieto de los estantes, el día en que entran las nuevas mercaderías, lo que merece la pena y lo que, en fin, es un timo. Uno aprende a sonreir a la cajera, al vigilante jurado, a comentar en voz alta para que otro comprador -que ha entrado más que tú y desde siglos antes- al que llamas mi mayor, te diga "uf, eso ya lo compré yo y no vale un duro". Me refiero a lo que también me importa: a la dignidad del oficio -como cualquier otro- y a la dignidad del idioma. La herencia de la tradición, partir desde ahí hasta donde sea.
(Continuará...)
Hace un año: Lo que un poeta puede hacer con las manos atadas a la espalda y otro poemas de Jorge Riechman
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miércoles, mayo 23, 2007
La poesía según José María Parreño
"Yo querría que mis libros provocaran un cataclismo en el lector. Que mis palabras fueran grabadas sobre las cunas de los niños y las guardara en la cartera el enamorado, en el bolsillo el aventurero, sin importarles el autor. No fundar un estilo, sino una nación. Y no aparecer en las antologías sino en los atlas, no por haber descubierto metáforas, sino continentes del alma, simas del corazón..."
José María Parreño: "Las guerras civiles" (Anaya & Mario Muchnik. 1995)
Hace un año: Publicidad: Love life + Televisión: un dato espeluznate. Juan Benet y la crítica
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lunes, abril 30, 2007
La poesía según Javier Egea
"Y me mantengo firme gracias a ti, poesía,
pequeño pueblo en armas contra la soledad."
Javier Egea
pequeño pueblo en armas contra la soledad."
Javier Egea
Javier Egea (Granada, 1952-1999) es autor de Troppo Mare (1980), Paseo de los tristes (1982) y Raro de luna (1990), entre otros.
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lunes, abril 02, 2007
La poesía según Kepa Murua
"Podemos rebelarnos y aceptar que la poesía, siempre en crisis, es un mal menor que se adapta a cualquier circunstancia, no sólo para sobrevivir, como diría el poeta, sino para adueñarse de un espacio que influye en el mundo de las ideas, del gusto y la conciencia humana. Sin rechazar la presencia oral de la poesía frente al academicismo imperante, reivindicando al mismo tiempo cualquier espacio poético, la reinvención de la poesía pasa por la propia responsabilidad y atracción de la poesía, con el poema tras el lector interesado, como un primer peldaño para su posterior expansión. Mientras existan poetas habrá poesía, si muriesen habría poesía, también sin lectores habría poesía, sólo es cuestión de aprovechar todas las circunstancias de la comunicación, todos los soportes y los mensajes de la literatura para demostrar que la difusión de la poesía se descubre si salimos con los poemas a la calle y optamos por tomar el pulso a los lectores y al mundo en general."
Kepa Murua: "La poesía SI ES QUE EXISTE" (Calambur.2005)
Kepa Murua (Zarautz.1962). Ha publicado Cavando la tierra con tus sueños, Siempre conté diez y nunca apareciste, Un lugar por nosotros, Cardiolemas y Las manos en alto. Es el editor de Ediciones Bassarai y de la revista electrónica Espacio Luke (enlace). Aquí se puede ver una entrevista con él.
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