Como ven, no traigo mucho para este viernes, tan sólo unas fotos que me han gustado (cada una por varios motivos) y dos canciones que hace ya tres años y medio que traje por aquí (enlace).
A lo mejor, me digo, la misma desolación y grandeza que desprenden las fotos de abajo, se emparentan, a base de hilos finos, con los dos trallazos tremendos de Micah P. Hinson.
Ha querido esta semana que, al cruzarme con uno de estos temas en la banda sonora de una peli, volviera a darme cuenta de lo grandísimo que es Hinson, de lo mucho que me gusta, de lo que necesito esa épica desolada de lo que es de verdad y llega y te hace daño y te consuela. Qué lujazo, mis queridos niños y niñas. No se lo pierdan. Beneath the rose y You're only lonely. Y, como les dije con Umbert, preparen los pañuelos.
Y no mucho más, queridos niños y niñas. Viene bueno y, la semana que viene, subirán un poquito las temperaturas. Que se vea el cielo azul y que luzca el sol me ponen, irremediablemente, de buen humor. Las ganas de ver muchachas en minifalda no voy a repetirla. Tengo cuerpo de siesta y de paella, de vaso de vino, de caña y calamares en una terraza . Habrá que buscar esas cosas. Les agradezco su paciencia, su tiempo y su generosidad con este, cada vez más, torpísimo artefacto. Les mando besos y abrazos. Biba Brigitte Bardot y Biba el Hinson. Qué cosas.
Cuando hace algunas semanas hubo ese esplendor de buen tiempo y de primavera prematura, me sorprendió la multitud de gente que se congregó en el Monte del Pilar, donde suele ir Mus por las tardes, a desparrame a sus anchas.
Al lado de Majadahonda (se puede ir andando), es una superficie enorme de pinos, caminos y algunas zonas de jardines y columpios para los niños.
Es un sitio perfecto para dar un paseo, para caminar un poco; tiene la ventaja de que siempre, o casi siempre, se puede controlar dónde anda Mus, al que alguna perrilla suele desviar de su camino (eso es lo que tienen las cosas, como sabrá más usted, querido niño).
Unas fotos de Tod Papageo, que pongo más abajo, me han recordado una peli que vi hace nada, Scenes of a sexual nature, una especie de historias cruzadas alrededor del parque que, no siendo una gran película, se deja ver, y es agradable.
Del amor en los parques (no sé quién escribió esto) y de la juventud en los parques, cuando no hay otro sitio para la urgencia del amor.
Ahora, cuando uno es algo más mayor, se da cuenta de que la afluencia mayor a los parques y a éste del Monte del Pilar, se debe, sin duda, a la tan traída y llevada crisis económica: un parque, entre otras cosas, es gratis, y en los centros comerciales (que es donde los padres de por aquí suelen llevar a los niños) siempre se termina gastando algo. Sirva algo malo para algo bueno, de nuevo.
Llevo un tiempo con estas fotografías de Joseph Szabo en la recámara, mirándolas de vez en cuando. He pensado hoy en la palabra tumultuoso, en un verano de tumultos, en un verano tumultuoso. Me ha gustado por lo que tiene de sugerencia, de calor, de combustión, de encendido, de paisaje feroz, de lo que se inflama y arrastra.
Quizá fue porque me pasé parte de mi infancia jugando en una piscina abandonada (para espanto de mi madre) que había al lado del apartamento de mis padres en la playa, pero el caso es que siempre me ha atraído ese fin de ciclo, la ruina, el abandono (volveré sobre esto).
Ya no nos duele Ya casi no te quiero Me lo prometiste Ya no están tus zapatos cuando quiero ir a bailar Te quise más que a nadie hijo de puta Hoy un beso y una bofetada más
Un fogonazo. Eso ha sido lo que he sentido al ver estas fotografías de Antía Moure (Monforte de Lemos. 1981). Las he encontrado vía Espacio sin título.
El encuadre y la luz, el propósito, la intención de mirarse y reconocerse más allá del tiempo en un escenario que es desolación, pero sólo en apariencia.
Lo que es del recuerdo, de la emoción y del dolor en un triple tiempo: vividos, recobrados -como quería Proust- y fijados, a lo mejor, para siempre.
Dejo también un texto de ella, genial y muy gráfico y este enlace para ver y leer, para sentir.
"Un encuentro, una conversación o un movimiento vivido se inscribe en un espacio determinado. Pero las paredes y los objetos que presenciaron esas escenas y conocieron nuestra historia, tampoco se han quedado a mi lado. De ahí esa búsqueda desenfrenada por encontrar sus réplicas en esos paisajes desolados, en esos escenarios de acción y pasión, vacíos por nuestra ausencia, pero cargados de la misma intimidad y secretos que nos rodeó. Lugares anónimos cuyo vínculo emocional se debe al mismo abandono que compartimos y sufrimos. "
No he podido evitar acordarme de uno de los libros que prefiero: Hacia la boda, de John Berger (enlace) Si no lo han leído, no deben perdérselo. Si lo han hecho, a ver si esta historia les trae algún sabor, algún olor. Las fotos son de John Hong y ganaron un premio en 2006 (enlace).