
Muchas veces una canción nos conoce mejor que nosotros mismos. Por mucho que pudiera empeñarme en dibujar un estado de ánimo, un presentimiento, una sensación, siempre hay una canción que puede decirlo mejor. (Esto, para colmo, ya lo he escrito aquí. Parezco un viejecito, siempre con la misma historia).
He estado nadando, he ido a la compra, me he demorado escogiendo un vino (y he acertado -enlace-), he paseado con Mus bajo la lluvia y he regresado feliz y empapado, pensando en esa sensación del pelo mojado de cuando niño (el barro al lado de casa de mis padres, en una huerta donde ahora hay pubs -en la calle Trajano de Granada-, a donde se iba a jugar al fútbol y a comprar claveles). El tacto de la toalla al secarme el pelo.
He vuelto a escuchar a Los hermanos Dalton (gracias, Miriam) y le he dado vueltas a esa fidelidad de uno a ciertas músicas; he concluido que el mérito no es de uno, sino de esa música, cuando consigue incrustarse, como las partículas del granito, en nuestra alma que, al cabo de los años, ha dado mil vueltas. Volver a esas canciones es reconocernos más allá del tiempo.
He estado pensando en que muchos novelistas deberían ver esa sucesión en House, de la penúltima a la temporada que ahora se emite, en lo ejemplar de esa vuelta de tuerca: pasar de una trama donde todo está agostado y agotado a un despliegue de personajes secundarios que no añaden nada al personaje principal, pero que dan brillo a la narración.
Por un momento he tenido un tono, una certeza de música, para un conjunto de poemas en segunda persona. El tema, muy viejo: lo que se queda pendiente de decir. Lo que no se llega a decir. Lo que diríamos hoy si tuviéramos cinco minutos, una bola extra.
He leído la prensa, un trozo de una novela policíaca, algunos poemas. He escuchado un disco que me ha gustado ( El guincho, Alegranza), he visto una película mala que me ha hecho reír un par de veces. He dormido la siesta, he tomado café, he madrugado. He agrupado mis enlaces a favoritos, sección música, subsección descargas, mp3s, canciones. He estado haciendo el borrador de un informe (debería haberlo terminado), he preparado un par discos para la semana, para oír en el coche, he ordenado a medias mi mesa de trabajo, he actualizado mi agenda, he visitado mi pastelería preferida (enlace), y he pensando que me hace falta un corte de pelo.
Me he sentido justo como esta canción, Hobart Paving, de Saint Etienne, de su disco de 1993, So tough.
Aunque sigo confiando en la literatura, sin embargo, yo no podría describirlo mejor.
Hace un año y dos días: Javier Marías y la AVT + ZP y Zelig + Viernes, día del calentón + Calamaro: nuevo disco
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