jueves, marzo 06, 2008

El mundo natural, de Carlos Marzal



El mundo natural

Sucede en cuestión de unos segundos,
como todo lo que es definitivo,
igual que un bisturí se abre paso en el cuerpo.
En Kenia. En la sabana. Un león
acosa el pánico veloz de una gacela,
y, cuando la acorrala, de un zarpazo
la lanza por el aire, abierto el vientre
por donde asoma su futura cría.
Ya en el suelo, el león, fatigado,
devora el corazón de la gacela.

Unos días más tarde, ese mismo león
se acerca amenazante a un campamento.
Los cazadores blancos deciden acosarlo.
El león huye herido, se oculta en la espesura,
y los blancos, entonces, recurren a un masai,
para que con su lanza lo remate.
El guerrero persigue la huida del león,
lo acorrala, y es herido, y lo hiere,
y cuando le da muerte,
arranca el corazón del animal
y orgulloso lo come, aún palpitante.

Unos meses después, ese masai
acude a la ciudad. Va a intercambiar,
humillado, su imagen, por monedas,
para que los viajeros, en otro continente,
ilustren sus relatos con más veracidad.
Las cosas no resultan como se calculaban.
El masai, acosado, agrede a los turistas,
y un policía negro, temoroso,
desenfunda y dispara. El masai cae a tierra,
partido el corazón por un trozo de plomo.

Por regla general, estos poemas
de imágenes y tiempos superpuestos
exigen desenlace, exigen una clave.
Juzgue el lector, desde su corazón,
mientras lo tenga.


Hace un año: Ensayo de conversación con mi hija fregando los platos, de Jordi Virallonga

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4 comentarios:

Anónimo dijo...

De Carlos Marzal tengo dos libros de poemas que me encantan, los leo a menudo, pero este (que no conocía) me resulta más difícil, me ha dejado extraña, lo leeré más veces a ver, no se si es el tema en si, como lo trata, el final, o seré yo, no se. Un beso. Cuti

Enrique Ortiz dijo...

Gracias, Cuti. No, no es difícil, todo lo contrario. Me gusta por lo que tiene de juego y de metapoética, es decir, por la propia referencia al poema que hace en la última estrofa, rompiendo el molde que se supondría que debería de tener. Además, el guiño final es genial, cuando le dice al lector que juzgue, mientras tenga corazón. Duro e irónico, muy muy bueno. Un beso, enana.

Miriam G. dijo...

¿Y los que no tenemos? Corazón, digo.

Un beso, Miriam G.

Aura dijo...

Preferiría que me devoraran el corazón en la sabana.

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