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sábado, octubre 22, 2011

Una carta

He estado dándole vueltas a esta carta, que he visto en Yo lo dejo cuando quiera. Mágica, hay algo en ella que me gustaría que fuera mío.

lunes, marzo 28, 2011

¿Más de lo mismo? (con Sin Fang y Summer echoes)


No sabrías teclear esa sensanción de ir vaciándote a la vez que te llenas de todo lo que queda. Época de descreimiento, sabes que casi todo es nada.

Una semana antes de cumplir los 44, allá por enero, me recetaron gafas para ver y mirar de cerca, para leer. ¿Otro ciclo? ¿Más de lo mismo? ¿El argumento de Gil de Biedma?.

Un niño de 2 años y una mujer de 67 merendando en una terraza, tomando un batido. ¿Hablando de qué?. Lo hipnótico de ese encuentro en mitad de una tarde atónita de tanta magia.

Una novela en la que sólo se cuente lo previo.

Un poema que cuente todo lo posterior, lo que está más allá de todo esto.

Esperas el calor y, con los años, has llegado a detestar el frío, la lluvia, lo oscuro. ¿Otro síntoma?.

Encontrarle un sentido, sí, pero, ¿a qué?

Un paseo entre los pinos. Las lluvias últimas han dejado los caminos repletos de barro.

El día se ha alargado y la tarde debería ser un columpio desde el que ayudas a subir, desde el mar, a una chica desnuda.

Eso sí: sobrevives a base de Sin Fang, y de su disco Summer Echoes.

lunes, diciembre 27, 2010

Felices fiestas




Que todo va bien lo subraya la fiebre de los últimos días, el virus o lo-que-coño-sea que me ha tenido casi una semana en cama, unos días navideños en los que no ha habido cena de nochebuena, ni comida de navidad, ni renos, pastores o villancicos.

Uno, por aquello de la literatura, siempre buscó la fiebre intentando encontrar aquello con lo que Cortázar abrió Salvo el crepúsculo, la cita de Yourcenar:

Sans doute avait-il la fièvre. Mais peut être la fièvre
permet-elle de voir et d’entendre ce qu’autrement
on ne voit et n’entend pas.


Es decir, aquello que sólo la fiebre permite ver y oír. Pero ha sido en vano. La fiebre sólo me ha traído un sueño ligero y, claro, ninguna revelación. Algo de malestar, sudor y cambios de camisetas y pijamas. Así, ya me dirán ustedes cómo hace uno literatura.

Que todo va bien lo subrayan las luces azules en los árboles de las avenidas, este frío vertical, también azul, las imágenes repetidas todos los años en los telediarios (las compras, el gordo, el baño helado de navidad...) como una especie de condena a la que uno está atado de por vida, los atascos, las aglomeraciones, tanto sinsentido en un ir y venir que, lejos de conducir a algún lado, nos ata más a todo esto.

Que todo va bien lo subrayan estas líneas, el fondo, azul también, de esta pantalla, los dedos buscando las teclas, la noche de este domingo, helado y extraño.

Que todo va bien lo subraya, sobre todo, el sin embargo que cierra estas líneas.

Y sin embargo...

lunes, diciembre 13, 2010

Incarnations

Tarifa.

Un lugar en el que, como en Ibiza, ocurren cosas .

Ah, esos lugares donde se cruzan las líneas invisibles de lo que fuimos, somos y seremos.

Allí se fueron Bart Davenport, Bing Ji Ling y Daniel Collás, donde formaron Incarnations y grabaron With all due respects, uno de mis discos del año.

Porque es antiguo y ligero, repleto, por tanto, de futuro, como me gustaría ser.

Porque suena como, tal vez, un día soné con sonar yo, como un día, si todo va bien, sonaré yo.

viernes, noviembre 26, 2010

La carne en el asador (con Nothern Howl)

Siempre me inquietó la expresión poner toda la carne en el asador y ahora pienso en ella.

A estas alturas, conforme se va acercando mi cumpleaños (apenas quedan dos meses), me hago un firme propósito: que no queden ni las migas. Ir a por todas. Como esta música que descubro gracias a Los mundos de Fede, Nothern Howl, esa música que empieza tras la música, lo que viene detrás de lo que llega tarde, mi vida tras mi vida.

No sé si me explico, pero se trata de eso: de poner toda la carne en el asador, no sabría decirlo mejor.

Feliz fin de semana.



miércoles, octubre 27, 2010

Fuera (The Pines: Tremolo - II -)

Me acuerdo de ellos y sonrío.

¿Qué sienten, qué piensan, cómo son, qué les mueve para acceder al día desde el juego y cerrar los ojos tras el juego, el ir y venir, las risas, la actividad frenética del que sabe, desde el desconocimiento, que no hay que parar, que hay que seguir, y jugar, y reír, y disfrutar, que no tiene sentido dormir la siesta, sentarse, reposar, si hay cerca un columpio, una rampa que subir corriendo, alguien al que hablar, un simple plato que golpear con el tenedor ?

¿En qué momento dejamos de buscar el juego?

¿Por qué no buscamos el juego todo el tiempo?

¿En qué momento, cuando tuvimos delante un plato y un tenedor dejamos de pensar en hacer ruido y pensamos en comer?

Es ese momento el que busco.

Para saber qué pasó.

¿Para darle la vuelta?

¿O será que ahora el juego es justo esto: anotar, al compás de una melodía dulce que te bate en el pecho, que hubo un tiempo de juego, que ya no está?




Hace un año y un día: Casa de citas: Juan Bonilla

lunes, octubre 25, 2010

Alrededor (The Pines: Tremolo - I -)

Cuando desaparece el día.

Cuando te vas limpiando de todo.

Cuando sabes que más allá del día y de las horas, de la música, del ir y venir, hay algo que permanece, intocado.

Cuando vienes de ti y te diriges a ti.



Hace un año y dos días: Toda esta energía, de Joe Crepúsculo + Proyecto Nocilla: la película

lunes, octubre 18, 2010

Del tiempo




De entre las historias que prefiero, hay una que, cuando pienso en ella, me estremezco y quiero extraer siempre una lección que seguramente la propia historia no contiene. No sé dónde la leí ni a quién pertenece, pero la dejo aquí.

Habla de un alpinista que encontró la muerte en una expedición invernal a los Alpes y cuyo cuerpo nunca pudo ser rescatado por lo complicado de la zona donde cayó. El alpinista dejó viuda una mujer embarazada. El niño que nació, creció con una obsesión por su padre, muerto en las montañas, desaparecido, sin una tumba en la que poder recordarlo y llorarlo, como le había contado su madre. Así que un buen día decidió que iría a los Alpes a encontrar ese cuerpo que, según le habían contado, permanecería intacto por el frío abrumador y perpetuo del glacial.

Pero pasaron los años y el niño, ya adulto, no supo encontrar ni el tiempo, ni el dinero suficiente para lanzar esa expedición que daría con el cuerpo del padre; sin embargo, ya casi anciano, un cúmulo de casualidades hizo posible el desplazamiento hasta los Alpes. Tras muchas semanas, debajo de los hielos, donde excavaron siguendo los testimonios de los que sobrevivieron, aquel niño, ya anciano, encontró finalmente a su padre. Pero su padre, que se había conservado con los 23 años de su muerte, en ese momento podría haber sido su nieto o incluso él mismo, por el tremendo parecido físico, muchos años atrás. Él había buscado a su padre, pero su padre, después de tantos años, ya no era su padre, no podía ser su padre, pues era casi 60 años más joven que él. Y, sin embargo, pese a todo, era su padre.

Hoy cumple mi madre 67 años (¡¡¡ felicidades !!!). Cuando murió mi padre -con 66 años- ella iba a cumplir 63. Ahora mi madre es mayor que mi padre, al que nunca podré recordar como un anciano. Si todo va bien, habrá un momento en que mi madre, anciana, sea mucho mayor que mi padre; incluso, si todo va muy bien, llegará un día en el que yo seré mayor que mi padre, que seguirá para siempre ahí, en ese esplendor de una vida que amó y por la que fue amado. El tiempo, además de tirano, es un misterio. Y no carece de magia, de dolor y de belleza, de mucha belleza.

Hace un año y dos días: Publicidad: Lo real y lo irreal + Un discazo de girls, Album

miércoles, septiembre 22, 2010

Mi estado actual

Después de tantos días sin venir por aquí, resumo (no puedo hacer otra cosa) mi estado:

Me estoy riendo, y sonriendo, con algo que me escribió ayer mi primo César (un abrazo fuerte, primo, y muchas gracias) y que me permito copiarles:

"Ya he visto que has estado en la costa da morte y ahora, como todos, en la cuesta de la muerte, menuda broma."

Estoy pensando desde la semana pasada en aquello que escribió Parreño:

Todo hombre es una guerra civil

Y quizá me siento como el andobas de abajo.

No sé si me explico y, lo peor de todo, no sé si me aclaro.



Hace un año y seis días: Canción de aniversario, de Jaime Gil de Biedma.

Hace un año y cuatro días: Si te peinas con petardos, lógico que salga mal (Manos de topo)

Hace un año y un día: Somewhere over the rainbow, por Israel Iz Kamakawiwo'ole

viernes, julio 23, 2010

Como invitado




Asisto (casi como un invitado, como si todo fuera ajeno a mí) a estos últimos días de trabajo antes de marcharme tres semanas (como los muy muy catetos, saldré el día 31 para ver cuántos atascos soy capaz de pillar); además de ciertas prisas de última hora (muy de julio, esto ya lo conozco), me dedico a lo que Martínez (abrazos) siempre llama: a ver si me quito papeles de encima de la mesa.

Me da miedo (y desesperanza, sí) tener que esperar todo un año para escaparme (y retirarme al campo, al lado del mar) tres semanas con mi chica y con mi perro. Y aunque sé que no puedo quejarme, no me gusta ese orden natural en el que estamos metidos, esa trampa en la que, a pesar de todo, no me gustaría caer sin, al menos, poner toda la energía en saltar por encima.

Como en el poema de Brecht, no me gusta de donde vengo y, muchas veces, me da miedo que no me guste a donde voy. Sin embargo, ¿por qué estas ganas de continuar el camino, por qué esta tremenda alegría cuando pienso en el mar, en el atardecer, en la brisa fresca que me da sueño y me abre el apetito?

Somos raros, muy raros. Pienso en estos días, en esta edad, en todo lo que me rodea, y en los días que vendrán. No me gusta esa sensación de estar invitado a los acontecimientos. Ahora sé que hay que parar, hacer una pausa, pensar (o no). Respirar. Feliz fin de semana, mis queridos niños y niñas.



Hace un año y un día: Little man, de Esben Tonnensen

miércoles, julio 21, 2010

Lo masculino (feat. The gaslight Anthem)


Tiene razón María. Cuando, hace ya tiempo, me contaba que la violencia era (casi) intrínsecamente masculina, comenzamos a repasar todas las barbaridades que aparecían en los telediarios o en la prensa. Es automático: detrás de cada atrocidad hay un hombre o un grupo de hombres. No sólo eso: peleas, conducción temeraria, maltrato a animales en fiestas, celebraciones locas...

Por lo visto, es la testosterona la causante de esos picos de violencia, de esa locura colectiva que suele ser, sí, masculina y, sin embargo, hay que empezar a pensar que no sólo debe ser la testosterona porque hay ya noticias de palizas de chicas a otras chicas y, por mi parte, ya he visto -muchas- chicas en torno a los 20 años conduciendo como auténticos kamikazes; eso sí, es esa edad, no mayores, mientras los hombres que pasan a mi lado son de todas las edades.

Sin embargo, me he topado con este (magnífico) disco de The gaslight anthem, American slang, y al compás de esa música arrolladoramente masculina, me he estado preguntando por lo que es del hombre, por lo que es varonil sin que sean actitudes estereotipadas del macho.

Cuando se me ha preguntado por un nuevo nacimiento y la opción de ser hombre o mujer, nunca lo he tenido claro. No sé lo que es ser mujer, pero me gustaría saberlo. Seguramente, me digo, tampoco sé lo que es ser hombre. Seguramente todos somos masculinos y femeninos a un tiempo.

Pero más allá de eso, sé que hay masculino en sí, no sé, una actitud, una forma de mirar y de sentir, una certeza y algo directo. Seguramente, como pedía Cristina Rosenvinge, ese que sacude la cama, sí, pero también ese que sabe quedarse quieto. El que permanece en calma frente al desastre, pero también el que no conoce la calma, energía, impulso, ganas, risas, compañía, camadería, ir algo más allá de lo que uno sabe, de lo que te han contado.

En fin, las cosas que uno se dice cuando se topa con una música que tenía ganas de oír (sin saberlo). A mí me gustaba mucho el disco Gentlemen, de Afghan whigs porque Greg Dulli (antes del bajón y los kilos) supo, como nadie, saber qué sentimos a veces enfrente de una mujer, y aunque se refirió, casi por completo, al tema estrictamente sexual, había algo en ese disco que supo apresar lo que es masculino.

Les dejo estos dos soberbios temas de este grupito que me acabo de encontrar, dos bombazos que, como ven, además de agitarme la testosterona, me han hecho pensar en tonterías. Orphans y Boxer se llaman los tema de The Gaslight Anthem.






Hace un año y un día: Casa de citas: José María Parreño

lunes, junio 21, 2010

Cerca de San Juan


A las seis de la mañana, con Mus, se adivina el día al fondo, hacia el este. Es un indicio, una promesa, un atisbo. Las centellas de lo que será.

A las once de la noche, con Mus, queda al oeste un rastro del incendio del día. Es una mueca, un adiós, también un indicio. Las ascuas remotas de lo que ha sido.

Pienso en mí y me pregunto qué hora interior del día marco yo, si soy un indicio, un atisbo, o un cúmulo de ascuas que ya están diciendo adiós.

Tal vez todo eso a la vez.

No sé.


Hace un año y dos días: Forges, cervezas y Jason Lyte

miércoles, junio 16, 2010

Pues eso


Me he encontrado cómodo sin tener que actualizar este artefacto, sin pensar en qué traer aquí, sin buscar algún vídeo o acordarme de una canción que subir. Un final de mayo más movido de la cuenta, algo de dejadez y mucho darme cuenta de que esto no es lo que pretendía (pero tampoco pretendía nada). Qué extraño es a veces todo.

Pues eso, que no tenía ganas de volver a actualizar este maldito artefacto, pero me daba de miedo cortar uno de los pocos hilos que me unen a mí mismo, tal vez al que fui y, con toda seguridad, al que seré algún día. Inmerso en mil batallas laborales, con miedo por lo que está cayendo, voy con la lengua fuera y eso que he escrito por aquí mil veces de mi vida sin mí.

Pero, si a pesar de eso, cortara con este blog por falta de tiempo sé que abriría un nuevo abismo (y ya son demasiados) con lo que soy y me gusta: unos cuantos libros y unas cuantas canciones, reírme, echar un rato... Esto es lo que he traido siempre por aquí, pero también lo que me digo en voz alta para que no se me olvide, lo que anoto para más tarde, lo que subrayo para no olvidar.

La edad -el tiempo- es un catálogo de renuncias y una lista de proyectos para más tarde. El trabajo, la semana, el ir y venir, nos alejan de eso que, con un poco de suerte y tino, podríamos haber sido o llegar a ser. Hace falta tiempo -y tino- para no olvidarse, por si las moscas.

Por eso -me digo- a lo mejor he contraído esta enfermedad o esta manía de ir dejándome piedrecitas por aquí: para encontrar el camino o, al menos, saber que hubo un día en el que había camino.

Y en esas andamos.

viernes, mayo 21, 2010

The weather prophets + Flamin' groovies + The Smiths + The National: Bloodbuzz Ohio

A solas con los fantasmas, rodeándome de canciones que un día me rodearon.

Me pregunto por qué las escuché tantas veces, por qué formaron una especie de muralla en torno a mí dentro de la que me construía, como esa toalla que se extiende al aire para cambiar el bañador por ropa seca, al lado de un coche aparcado en la misma arena, al filo del mar.

¿Se puede conocer a alguien siguiendo el rastro de los sonidos que han salido de su habitación, registrando y ordenando las canciones que le han atravesado el centro del alma? Seguramente, no, pero queda, seguro, un resto de polvo desde el que esbozar, siquiera, un mapa en el que comenzar a guiarse. A ciegas, eso sí, siempre a ciegas.

Les dejo aquí tres de mis temas de siempre y una canción nueva que descubro en Los colores de los pensamientos (gracias, Viola)

The Weather Prophets: Why does the rain?




Flamin' groovies: Hold on me





The Smiths: Meat is murder (Madrid, 1985)



The National: Bloodbuzz Ohio





Y no mucho más, mis queridos niños y niñas. Ya ven cómo está el tiempo, sí señor y creo que habrán visto alguna chica en minifalda (yo, sí). Pues continúa igual, así que ya saben, a pasear y divertirse. Lo mejor de la semana viene de Rubalcaba. En relación a las últimas detenciones de ETA, alguien le ha preguntado en una rueda de prensa si sabía si estaban preparando un atentado. Y él (me cae muy bien) ha contestado: Pues no lo sé; "les aseguro que no estaban rezando el rosario". Genial. Por mi parte, no estaré por aquí hasta el lunes 31 de mayo; me tomo una semanita de descanso de artefacto para poder atender ese artefacto que me proporciona comida caliente. Besos y abrazos y gracias miles por su tiempo y su paciencia.

Hace un año y un día: Fotografía: Juan Buhler

miércoles, abril 21, 2010

Cuarto aniversario (feat. Luis Muñoz y Dirtmusic feat. Tamikrest)

Han pasado ya (y esto acojona) cuatro años desde que entoné aquel Nunc coepit que abrió este artefacto.

Ni sé todavía por qué comenzé, ni sé ahora porque continúo. Cabezonería tal vez, simple inercia, saber, quizá, que éste es uno de los pocos lujos intelectuales que me van quedando, mientras lo laborable va ganando terreno, como esa escena vista mil veces en la que uno se queda atrapado en una habitación forrada de pinchos que se van acercando cada vez más.

No he logrado articular aquí lo que siento, tampoco lo que pienso, seguramente tampoco lo que soy. Torpeza, falta de tiempo, mucho pudor y mucho Cernuda y Válery, porque, como ellos, siempre me ha resultado muy difícil encontrar lo que amo en lo que escribo.

Ni un blog literario, ni un blog de poesía, ni un blog musical. Tampoco un artefacto publicitario, ni de actualidad. Esto, en el fondo, no es nada, si acaso las vueltas y revueltas de un camino en mitad de ninguna parte que no va a ningún lugar. Pero eso, claro, no me disgusta.

Siempre he creído a pies juntillas en el poema André Gide (Les nourritures terrestres) de Luis Muñoz y he terminado sabiendo que aquí se encuentra mucho de lo que debería ser cualquier cosa que se ofrece a un público:

Que mi poema pueda interesarte
más por ti que por él.

Y que después de eso, te acerque más a todo,
a cada sol de fuera, de lo que llegue a ti.


Por eso he intentado siempre traer un retazo de lo que me conmueve o, como poco, de lo que me ha llamado la atención: un poema recién leído o recordado después de mucho tiempo, alguna canción, la inteligencia de algún spot, las ráfagas -relámpago sobre el agua- de alguna cita que me alumbra... Y he creído (muchas veces en vano), y he querido, compartirlo con ustedes por si pudiera interesarles y servirles de algo.

Seguramente uno es todo eso y no mucho más, una especie de magma inconexo que fluye hacia ninguna parte, un conglomerado de tiempos congelados que sólo emergen de vez en cuando. Y vuelvo a no saber decir lo que quiero decir.

Pues eso, que lo que quiero decir es que les agradezco la paciencia para con esta tremenda torpeza: banal, impura, inconexa, superficial, no es lo que yo querría, pero seguramente, y aunque contara con las 24 horas del día para hacer una entrada, si volviera a empezar hoy, haría lo mismo, igual de malísimamente mal (eso sí, de vez en cuando aparece la foto de un trasero o unas braguitas: no se me quejarán).

Les dejo con el último proyecto de Chris Eckman, de los Walkabouts, Hugo Race, de los Bad Seeds y Chris Brokaw, de Codeine y Come: Dirtmusic, con unos africanos de excepción que me tienen obsesionado: Tamikrest. Preparen los pañuelos.



Hace un año y un día: Tecnología: un poema de Kirmen Uribe

viernes, marzo 26, 2010

La última voluntad, de Javier Fesser + (Uno de los) primos, de Sánchez Arévalo y Tus amigos, de Los Punsetes


Pues eso, que casi no llego ni a comulgar, como decía el guardia civil (Saza) en Amanece que no es poco. Una semana jaleosa me ha impedido acudir a mi cita de los miércoles en la que tenía en la recámara la esquela de este año de Cassaus a Elena Lupiáñez (lo dejo para el lunes después de semana santa) por lo que intento hoy dejarles esto con un poquito de contenido por si tienen tiempo en estos días feriados que se avecinan.

Quería comentar cómo anda el patio por aquí, con la incombustible Aguirre reduciendo el gasto a través de la supresión de 48 coches oficiales (no quiero pensar en los que habrá) o los universitarios y universitarias de los colegios mayores de Madrid protestando porque van a hacerlos mixtos. Estos niños están locos. Que tengo yo 20 años, que estoy en un colegio mayor, y que me dicen que se va a llenar de muchachas, no ya en minifalda, no señor, sino en braguitas, corriendo por los pasillos, haciendo guerra de almohadas, fiestas de pijamas y esas cosas que por lo visto hacen las niñas de 20 años, no sólo no me niego, sino que, en agradecimiento a la divinidad, me hago yo el camino a Santiago o a Lourdes a la pata coja y sin fumar. Qué niños, no sé en qué están pensando. Además, por lo que he podido leer, la mayoría invoca la tradición para que los colegios mayores sigan sin ser mixtos. Pero habrá mayor tradición que las piernas de las muchachas, sus braguitas, sus pijamas, ayyyyyy, qué tropa, señor, vaya tropa, que decía Unamuno (creo).

Pues aquí van los cortos, para disfrute del respetable (y yo me callo).

Javier Fesser: La última voluntad.


Daniel Sánchez Arévalo: (Uno de los) primos

Y el grupo sensación de este año por aquí, son Los Punsetes. A mí me ha gustado este tema, no ya por la canción en sí, sino por los recuerdos que me trae. Me acuerdo de una época (bendita) en la que todas las novias que uno se echaba, en un momento dado, siempre te planteaban la disyuntiva: o tus amigos o yo. Qué tiempos, señor, qué disyuntivas más inocentes, qué vida aquella en la que todo consistía entre elegir a la novia (que te llevaba al cine, a tomar un café, a hacer manitas, y tú a intentar darle un muerdo -que era como se decía- e intentar tocarle las tetas) o tus amigos (con los que te reías, te emborrachabas, procurabas echarte otra novia y hablabas de muchachas, de piernas y de tetas). De ahí aquella frase del Pícaro que ya traje por aquí y que vuelvo a recordar (sepan, queridas niñas, que los hombres, a partir de los 40, solemos contar un millón de veces las mismas 3 batallitas): Hemos salido a no follar y, sin embargo, no hemos follado. Qué maravilla.

Los Punsetes: Tus amigos.



Y no mucho más, mis queridos niños y niñas. Viernes de Dolores, qué dolor, qué dolor, y no viene mal tiempo para la semana santa. Luego ya veremos. Y ojito, que cambian la hora el domingo y vendrán los días más largos, ummmm. Mi plan es perfecto: no ir a ninguna parte. Quedarme en casa, ordenar mi habitación (sí, como lo oyen, ordenar mi habitación) en la que hay que entrar ya con un machete, dormir, comer algo más de la cuenta, hacer algo de ejercicio, disfrutar de ese ángel que se llama Mus y de otro ángel que me suelo encontrar por los pasillos, en la cocina, trabajar un poco, ver alguna película larga, tomar un par de cañas en una terraza y seguir pensando en qué extraño y qué sencillo es esto de estar terminando ya el primer trimestre del año, tener ya 43 años y no tener todavía claro nada, salvo lo mucho que me gusta todo esto. Mil gracias por su tiempo, su paciencia, su generosidad. Les mando un abrazo y un beso y me repito, qué dolor, qué dolor, dentro de un armario.

Hace un año y tres días: A propósito de una esquela de El País

Hace un año y un día: Más sobre las esquelas de Elena Lupiáñez Salanova

viernes, marzo 19, 2010

Un poco de nieba y Axl Rose



Cuando lean esto, mis queridos niños y niñas, y si todo va bien, estaré todavía en la cama, durmiendo el festivo que nos concede Espe (la hora de publicación está progamada, no te asustes, compa Manuel; eso sí, me levanto, de lunes a viernes, a las cinco, como dios manda).

También hay muchas posibilidades de que esté ya levantado, viendo si me ha tocado la primitiva, consultando el pronóstico del tiempo y echando un vistazo a los blogs de la derecha, que no leo cuanto quisiera.

Nosotros y nuestras rutinas, el discurrir -muchas veces exacto- de los días, laborables y festivos, feriados o no. Los horarios, las citas, los trayectos, ese ir para venir, venir para ir en el que -más de lo que quisiéramos- consiste nuestra vida.

A mí me apetece hoy dar un paseo por cualquier de los dos sitios de las fotografías que he dejado arriba. Me apetece un poco de niebla, un pueblo vacío, un camino por el campo, una chimenea, un libro de Faulkner y un poema de Mario Luzi, unas campanas lejanas cuando sea de noche, una manta y un sueño muy largo.

Pero también me gustaría ser hoy Axl Rose, el Rose que me dejaba alucinado cuando, en el concierto de homenaje a Freddie Mercury, el 20 de abril de 1992, en Wembley, aparecía de esta guisa y me deslumbraba: por su chifladura, por su falta absoluta de pudor, por su capacidad de transgredir. Escribir poemas como Axl Rose aparece en este inicio del concierto, buscar un poema que se mueva como él. También pueden ver a Rose terminar Bohemian Rapsody (enlace), junto a Elton John. Feliz fin de semana.





Hace un año y tres días: Memoria, un poema de Josep María Nogueras

Hace un año y un día: Los padres antes de los padres (Luis Muñoz y Alice Munro)

viernes, febrero 05, 2010

Polvos de talco, francesas y píldoras anticonceptivas

















Quiere mi casa, el diseño de mi cuarto de baño, que cada vez que hago pipí me encuentre de frente, en un armarito, en la balda de arriba, dos botes de polvos de talco, ese enigma. (Quede claro que los hombres, cuando hacemos pipí, miramos a cualquier lado con tal de salpicar un poquito tapa y suelo, como dios manda)

Después de muchos años viéndolos, le pregunté a María de dónde habían salido, por qué los teníamos, y, sobre todo, de dónde venía uno de ellos que gira bajo la marca Evans, un prodigio de vintage.

Ni que decir tiene que María no recordaba haberlos usado; yo tampoco, pero me gustó mucho lo que me contó.

Según ella, en el momento en que decidimos vivir juntos, hizo su listado de cosas que necesitábamos para no olvidar nada en la compra primera de cosas imprescindibles para entrar a vivir en un piso absolutamente vacío. Me contó que, al ver siempre, de niña, en su casa polvos de talco, consideró que tener un par de botes era algo absolutamente imprescindible.

Y ahí están los botes de polvos de talco, en la balda de arriba del armarito blanco de cristales que habita en el baño. Sin usar, sin abrirse siquiera, pero con ese sentido -mágico- que les dio el juzgar que lo que había en casa de nuestros padres era necesario en nuestra casa, a pesar de no tener muy claro ninguno (no tenemos hijos) para qué sirven los polvos de talco.

Que yo sepa, o que recuerde, sólo he usado polvos de talco (mezclados con ese prodigio que gira bajo el nombre de Halibut) en un momento maravilloso: siempre en verano, cuando las caminatas con el bañador mojado te producían unas horrorosas rozaduras, que el agua del mar, la arena, hacían aun más dolorosas.

Esas caminatas, en una primera época (más niño) eran para ir a pescar a La Joya (una de las playas más maravillosas del mundo), al lado de Torrenueva (uno de los pueblos más feos del mundo), cerca de Motril, en Granada.

Las caminatas con el bañador mojado para pescar se convirtieron luego en caminatas con el objeto de buscar francesas, que solían frecuentar una urbanización, Acapulco, a la que se llegaba después de recorrer los 3 kilómetros de ese rectilíneo paseo marítimo que tenía el mágico nombre de Acera del mar (así tituló Luis Muñoz uno de sus primeros libros).

Íbamos a buscar francesas, recorríamos 3 kilómetros de paseo marítimo, padecíamos de rozaduras (era algo muy común; de hecho, nos la enseñábamos, en un ejercicio comparativo entre amigotes, a ver quién la tenía más larga, por mucho que fuera sólo una rozadura). A lo que iba, que me he perdido: que íbamos a buscar francesas, el caminar con el bañador mojado nos producía rozaduras, porque un chico francés, amigo nuestro, Alain (un bicho malo), nos había contado que en Francia, a las chicas, en cuanto cumplían 14 años, las madres le echaban en las comidas pastillas anticonceptivas para que follaran lo que quisieran. Para nosotros, claro, aquello era un sueño, lo mejor que habíamos oído nunca, y padecíamos de rozaduras por ir a buscar a esas chicas de 14 años que consumían -por un tubo, según nos contaba Alain- píldoras anticonceptivas sin siquiera saberlo.

Ahora que lo pienso, quizá, hay un hilo fino de plata entre esa inocencia nuestra en pos de las francesas de 14 años totalmente pildoradas y ese momento en el que María apunta en su lista de la compra polvos de talco pensando en lo que había en casa de sus padres. Son un brindis al sol ambos, un gesto de confianza y un acto de fe en un camino. Imagino por un momento una unión imposible y atemporal de los dos momentos y vuelvo a descubrir que el mundo, muchas veces, es un mecanismo hermosísimo, y está bien hecho.

Y en esas andamos.

Y no mucho más, como ven. Gracias por su tiempo y su paciencia, disfruten del finde. Un abrazo enorme y muchos besos. Biban las francesas, biban las píldoras anticonceptivas y biban, claro, los benditos polvos de talco.

Hace un año y tres días: A6, un poema inédito

Hace un año y un día: Vaughan Williams: Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis

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lunes, enero 25, 2010

43

Fotograma final de París-Tombuctú (1999) Vía Kinodelirio


Pues eso: 43. Si lo mira uno bien, son muchos años; bien mirado, tampoco son demasiados. Lo más extraño de la edad es donde te pone: en un lugar que parece distinto y que, sin embargo, es el mismo.

¿Qué me diferencia de aquél que cumplió 19, 27, 34? Creo que nada, a pesar del tiempo y su carga de vivencias, experiencia, descreimientos, alegrías y pesares. Uno sigue siendo el mismo, para bien y para mal. Como decía le Carré, el secreto es hacerse viejo sin hacerse mejor. Yo he aplicado su máxima y aquí me tienen, alegre (como unas castañuelas) y aterrado, absolutamente acojonado.

He estado estos últimos días pensando en el último fotograma de la que será (a lo peor) la última película de mi queridísimo Berlanga, ese tengo miedo rotulado debajo del toro y la gitana y un simple L. (Luis), que culminaba su película París-Tombuctú, de 1999. (Les dejo abajo el vídeo con el final de la película para que vean la inserción del miedo de Berlanga; no me gusta la canción de Aute, pero el final es genial, pues Berlanga se apunta a la tesis -en mi opinión acertada- de alguien que no recuerdo, que sostenía que llegará un día en que las pateras vayan en sentido contrario).

Lo malo de la edad, lo malo del tiempo, es el miedo, la cara de susto que se te pone, la broma -quizás- en que consiste todo, el acojone torero siempre a flor de piel.

Y sin embargo, como escribía Javier Egea, y a pesar de tanta ruina rondándonos, hay que seguir en pie. Sí, en pie, acojonados y reconfortados, acordes, felices, asombrados...

Les invito a un ronda. Salud.




Hace un año y cuatro días: Cumpleaños, de Felipe Benítez Reyes

Hace un año y dos días: Un poema y un disco (Idea Valariño y Sin fang bous)

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miércoles, enero 06, 2010

Un llavero digital o vida y porno o lo locos que estamos

Anteayer me regalaron un artefacto marrdito y extrañísimo: un llavero cuadrado en el que, debidamente conectado al ordenador (a través de eso, ya indispensable, que se llama USB (llegará un día -que no veremos- en el que los tiempos se dividan en A.USB y D.USB en vez de A.C y D.C)), puedes poner unas foticos que van pasando. El llavero viene a ser, en miniatura, como otro artefacto marrdito que sólo he visto de lejos -da pánico- (y que me llamó la atención no por el artefacto en sí, sino por el precio ignominosiamente caro): los marcos digitales, donde, debidamente apoyados en los aparadores, van pasando las fotos.

Estamos locos, sí señor.

Vaya por delante que a mí los llaveros, qué quieren que les diga, no sólo no me hacen gracia, sino que son uno de esos objetos que uno detesta porque sí, sin muchos motivos ni demasiada profundidad en su rechazo. Y es que no hay imagen peor que ésa del andobas que, en la barra de bar, junto al sempiterno móvil, deja un montón de llaves coronadas por un llavero en el que figura, a tuttiplen, el logo de lujo de una marca de automóviles de lujo. Bueno, si uno lo piensa, sí hay algo peor: el andoba que lleva todas esas llaves en el bolsillo del pantalón (normalmente ceñidito), por dentro (clavándoselas, es así, las llaves se clavan), y deja por fuera del bolsillo, atadito en corto, el mismo llavero con el mismo logo lujosísimo de la marca de coche de lujo.

Pues eso, si ya de por sí un llavero ya es detestable (sí, llevo las llaves a pelo, en su anillita), un llavero donde puedas poner fotos que vayan pasando, eso ya es el acabóse.

Imaginen por un momento que están en un barecito y por una de esas cosas que pasan en las pelis porno, una señorita -un pimpollo reventón- se te acerca con intenciones aviesas. Además de santiguarte, de dar gracias a todos los dioses, lo primero que tienes que hacer es esconder el llavero. Iré más lejos para que se me entienda: es agosto, estás de rodríguez, y el pimpollo reventón te propone ir a tu casa (a las casas se va a lo que se va, si no se queda uno en el bar): ¿cómo haces para arrancar el coche? Y si has sido tan precavido de no llevar en el llavero foto-usb la llave del coche (si eres como yo y esperas que la vida, algún día, se asemeje al porno o que se nos recompense en la otra vida, en la de después de ésta, y resucitemos en una eterna peli porno), ¿cómo narices haces para abrir la puerta de tu casa y esconder esas fotos tan simpáticas que hiciste en aquella barbacoa, sí la de tu mujer con el chándal rosa de pryca rajado -explotado-, tus cuñados -ya borrachos y con las cabezas coronadas con unos cuernos de reno de tres navidades anteriores- bajándole el pantalón a tu suegra y tus tres hijos con la cara repleta de tarta de merengue?.

Un artefacto tan marrrdito y diabólico no puede traer nada bueno, no señor. Eso sí, uno tiene que reconocer que a lo mejor le pilla mayor este llavero usb fotos; quizá, en otros tiempos, uno lo hubiera llenada con las heroínas de su primera juventud: Deborah Wells, Moana Pozzi, Draghixa y la mejor: Simona Valli, ayyyy aquellas heroínas que nos inyectaron unos valores que, aún hoy, perduran.

Pero hay más, mis queridos niños y niñas. Si una de las virtudes de una fotografía era esa especie de detención del tiempo, una radiografía del corazón, una especie de red sobre la que se atrapaba algo de lo que había sido, estos tiempos vuelven a estar equivocados (o a lo mejor no, no lo sé) insuflando velocidad incluso a los marcos estáticos de los aparadores. Si a través del tiempo pasamos al lado de una fotografía que nos muestra lo que fue nuestra vida, la mayor virtud de esa foto detenida y eterna es que se mueve con nosotros. Miro una foto mía, de hace 10 años, y lo que veo hoy no es lo que vi hace un par de años. La foto no ha cambiado, es un instante eterno, pero se ha transformado. Se ha volcado sobre ella todo el peso estéril o no de lo que he sido desde el tiempo de la fotografía. Me miro y no sólo soy yo hace 10 años. Soy yo hace 10 años y cada uno de los años e instantes que han pasado hasta el momento en que la miro, que es hoy.

Una de las magias mayores es la fotografía. Titulé a mi primer libro Tormenta alrededor de una fotografía. A lo mejor, pienso, si hubieran existido entonces los llaveros-fotos-usb o los marcos digitales, no habría podido acertar en decir cómo sentí, por primera vez, el paso de tiempo, y el miedo que me rondó entonces y siento ahora.

Como les decía: estamos locos.

Hace un año y un día: El tiempo, de Manuel Vicent

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