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lunes, octubre 19, 2009
Un texto de Agustín Fernández Mallo
El viernes, cuando ya reposa en el disparadero de mi mesita de noche Nocilla Lab, leí en El Cultural este texto -formidable- de Fernández Mallo, de la serie Ctrl + Alt + Supr. (Por cierto, no dejen de bajarse y ver la película Proyecto Nocilla (en enlace está en el blog) o esperen al viernes, que la pondré aquí (duran una hora y es un buen proyecto para el fin de semana). Ahí va el fragmento:
Ctrl + Alt + Supr
A fecha de ayer, -lo dijo el telediario- un felino se escapó de un circo perdido en algún lugar de Cataluña, pero no había circos ayer en Cataluña. El felino ha entrado en una granja de pollos y ha devorado cientos, algunos lugareños lo han visto a lo lejos, es grande, es serio, es bello, es felino. Lo imagino rondado un mundo que no es suyo, tratando de entender qué es un pollo, qué es un lugareño, qué es un circo, qué son cien pollos. Lo imagino perdido, con toda su animalidad perdida también, tan fuera de contexto, un cigarrillo encendido bajo el mar, Makoki invirtiendo en bolsa, algo así. A fecha de hoy -lo ha dicho también el telediario- el felino ya no es un felino, sino un perro salvaje, -asusta pensar en la contradicción “perro salvaje”-, la policía ha tomado sus huellas, pero no hay perros salvajes en Cataluña. Mañana -dirá el telediario-, será un escritor buscando un Cervantes, una subvención, una Ley del Cine, un reino animal y felino que no comprenda, con sus 100 pollos que devorar y todo su humor diluido en los desechos de una liposucción.
Hace un año y dos días: Más Jordi Vadell y más José Ignacio Lapido. Una felicitación.
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lunes, enero 05, 2009
El tiempo, de Manuel Vicent
No se ocurre mejor manera de comenzar el año que poner aquí esta columna de Manuel Vicent que publicaba ayer El País. Una lección, un recordatorio, un camino.
El tiempo
El tiempo no existe. El tiempo sólo son las cosas que te pasan, por eso pasa tan deprisa cuando a uno ya no le pasa nada. Después de Reyes, un día notarás que la luz dorada de la tarde se demora en la pared de enfrente y apenas te des cuenta será primavera. Ajenos a ti en algunos valles florecerán los cerezos y en la ciudad habrá otros maniquíes en los escaparates. Una mañana radiante, camino del trabajo, puede que sientas una pulsión en la sangre cuando te cruces en la acera con un cuerpo juvenil que estalla por las costuras, y un atardecer con olor a paja quemada oirás que canta el cuclillo y a las fruterías habrán llegado las cerezas, las fresas y los melocotones y sin saber por qué ya será verano. De pronto te sorprenderás a ti mismo rodeado de niños cargando la sombrilla, el flotador y las sillas plegables en el coche para cumplir con el rito de olvidarte del jefe y de los compañeros de la oficina, pero el gran atasco de regreso a la ciudad será la señal de que las vacaciones han terminado y de la playa te llevarás el recuerdo de un sol que no podrás distinguir del sol del año pasado. El bronceado permanecerá un mes en tu piel y una tarde descubrirás que la pared de enfrente oscurece antes de hora. Enseguida volverán los anuncios de turrones, sonará el primer villancico y será otra vez Navidad. La monotonía hace que los días resbalen sobre la vida a una velocidad increíble sin dejar una huella. Los inviernos de la niñez, los veranos de la adolescencia eran largos e intensos porque cada día había sensaciones nuevas y con ellas te abrías camino en la vida cuesta arriba contra el tiempo. En forma de miedo o de aventura estrenabas el mundo cada mañana al levantarte de la cama. No existe otro remedio conocido para que el tiempo discurra muy despacio sin resbalar sobre la memoria que vivir a cualquier edad pasiones nuevas, experiencias excitantes, cambios imprevistos en la rutina diaria. Lo mejor que uno puede desear para el año nuevo son felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina. Que te pasen cosas distintas, como cuando uno era niño.
Hace un año y tres días: La alambrada de mi boca, de Ana Pérez Cañamares (II)
Hace un año y dos días: El juego de las versiones: This magic moment (I) por The Drifters y Lou Reed
Hace un año y un día: Un juego: Traveller IQ Challenge + Uno de los discos de 2007: Strawberry jam, de Animal Collective
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