miércoles, julio 30, 2008

Un vídeo para los niños: Tiji Tv y the balloon

Ligero, en eso he pensado cuando he visto este vídeo vía Llámame Lola. Sirva como homenaje a los hijos de muchos de los que pasan por aquí: a los hijos del compa Manuel, de Andrés, Candela -de Miriam-, mis sobrinos, Laura y Clara, las hijas de Marsu, aunque ya le gusten otros vídeos, la niña de Soler, Guillermo, y a ésos que vienen de camino (Cuti y Miguelito) y de todos aquellos que no recuerdo ahora o no me da tiempo a poner. Para eso están de vacaciones, ¿no?.



Hace un año: Lo que me dejo pendiente

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martes, julio 29, 2008

El verano según Joseph Szabo

Llevo un tiempo con estas fotografías de Joseph Szabo en la recámara, mirándolas de vez en cuando. He pensado hoy en la palabra tumultuoso, en un verano de tumultos, en un verano tumultuoso. Me ha gustado por lo que tiene de sugerencia, de calor, de combustión, de encendido, de paisaje feroz, de lo que se inflama y arrastra.











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lunes, julio 28, 2008

Juego de niños, de Carlos Marzal



Juego de niños


Cuatro o cinco palabras aprendidas
en la noche del tiempo, siendo niños,
nada más que esas cuatro o esas cinco
palabras aprendidas son precisas,
para nombrar los dos o tres asuntos
que merecen nombrarse en esta vida.

El resto es lo que queda cuando a la poesía
le hemos quitado todo lo que es la poesía.


Carlos Marzal
(Valencia.1961). El poema pertenece a su libro Los países nocturnos (Tusquets.1996), del que ya se han publicado otros dos poemas en este blog (enlace + enlace).


Hace un año y dos días: Publicidad: perrillo enamorado y traicionado + Tetas y cine

Hace un año y un día: Los británicos, by Pussy + Lo que traerá el otoño + El nuevo single de The Go Team!


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viernes, julio 25, 2008

Narración y Literatura (un banco, una recién nacida, Nabokov y un pastor)

Hace dos o tres días, en la cola de la ventanilla de un banco, me quedé mirando a una recién nacida, que tenía los ojos muy abiertos. La llevaba, en su canasto, la que supuse la abuela, pues delante de ellas estaba la madre, ya con las tareas de la caja. La abuela, en cuanto se dio cuenta de que estaba mirando a la pequeña, comenzó a hablarme, a contarme que tenía 25 días, que había pesado casi 4 kilos, que tenía las manos enormes y las piernas muy largas, que estaba espabiladísima, que dormía fenomenal. Entre las frases, la madre de la niña se daba la vuelta desde la ventanilla y añadía o puntualizaba algo: los pies también muy grandes, iban a hacerle los orificios para los pendientes en la farmacia de al lado del banco porque ya no lo hacen en los hospitales, comía muy bien, con mucha hambre...

Ni que decir tiene que salí encantado del banco por el encuentro. En el coche, ya de regreso, me di cuenta de que yo no había preguntado nada, que simplemente había sonreido al mirar a la pequeña. La iniciativa fue de la abuela, secundada por la madre y con pequeñas intervenciones, en un ir y venir continuo, de la directora de la sucursal.

Seguramente ellas no lo sabían, pero estábamos asistiendo a un nacimiento de una forma de literatura, o a un ejemplo de cómo nace, al brote de la narración en un estado puro y me explico.

Todo lo que abuela y madre me comentaban, ya lo sabían ellas. Eran reflexiones que ya habían hecho, cosas que se habrían dicho mil veces en la familia, que habrían relatado a los amigos. Además de la externalización de un motivo de alegría para ellas, también de orgullo, estaban creando un lazo invisible que se nutría de literatura. Esa necesidad de contar, el hecho de contar estaba dando realidad a la hija y nieta. Si un desconocido escuchaba sus reflexiones, sus pensamientos, sus sentimientos, se hacía más realidad -si vale esta expresión- la realidad de la pequeña. Sólo lo que es expresado y comunicado es literatura, narración, historia, relato. Sólo a través de la literatura llega a existir lo que también existe, pero de otro modo.

Cuando se lo comenté a María, me contó algo de Nabokov que me tiene entusiasmado desde entonces. Decía éste que la literatura nació justo en el momento en el que ese pastor que siempre iba gritanto que viene el lobo, que viene el lobo, volvió a gritar que viene el lobo y era mentira. Ahí radica ese nacimiento de la literatura, no ya por la ficción (Nabokov se refería a esto), sino porque hay una transformación de la realidad, un enriquecimiento (no es la palabra), es decir, la construcción de otra realidad, la literaria, que es más realidad que la realidad misma.

Y no mucho más, mis queridos niños y niñas. Ayer, además de no tener demasiado entre manos, me quedé dormido. Pesa el año y pesa julio, con su carga y su calor. Me queda una semana para las vacaciones, y me encamino hacia la ligereza. Voy a intentar hacer una recopilación de canciones para dejarla aquí. Hoy es fiesta en estos andurriales y el tiempo irá desde el no mucho calor de hoy hasta el mayor calor del domingo. Poco más. Mandarles un fuerte abrazo y agradecerles su tiempo. Gritaré lo de avanti.


Hace un año y un día: Vaya semanita: Megane euskadi + tangas

Hace un año: Hay días, de Eugènio de Andrade

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miércoles, julio 23, 2008

Novios abandonados

Muy poco tiempo hoy y un spot de lujo, del portal de venta de segunda mano Más oportunidades. Se titula Novios abandonados y me ha encantado. Lo he visto en Amo la publicidad.





Hace un año: Lo que queda en las tardes (Enrique Andrés Ruiz y Juan Carlos Lázaro)

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martes, julio 22, 2008

Un poema de Descubrimiento de la lentitud


Una de las satisfacciones mayores de hacer un blog son los correos que, de vez en cuando, uno recibe. El otro día, Victoria, desde un sitio fuera de España que desconozco, mostró interés por este libro, Descubrimiento de la lentitud, que publiqué allá por 1992. En agradecimiento por sus amables palabras, dejo hoy aquí un poema de ese libro (en este enlace puse otros tres), y mando un abrazo muy fuerte a Victoria.

Quince de noviembre


No ser nada en la tarde. Abandonarme
tan sólo en su respiración
pausada
y pensarte como hilos
de agua tras mis cristales.
No ser nada y estar cansado
como los puertos
con memoria y sin estandartes.

Sería preciso llamarte
aunque no sirviera de nada.

Sentirse roto como un almanaque
y estar triste porque anochezco
sin prodigios de arquero.
Estar solo, quizás arrebatado,
en este cuarto que sabe de ti,
de tus labios pretéritos y mansos
en la fotografía.

No ser nada, mujer, y estar cansado
como una lenta historia junto al fuego.



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