lunes, septiembre 04, 2006

Luz de Agosto


Uno. Siempre lo he imaginado con diecisiete o veinte años, entre 1957 y 1960, cuando comenzó a subir a la sierra y no había estación; subían en tranvía y andando y aprendieron solos a esquiar, algunos, al principio, con esquís fabricados con la madera de una caja de pescado.

Siempre le preguntaba qué le llevó hacia Sierra Nevada y él me hablaba de tormentas y ventiscas, de técnicas extrañas que alguien había traido de una estación de esquí lejana o había oido (esquiaban de oidas), me hablaba de la extrañeza de la gente de Granada cuando los veían regresar con aquellas vestimentas y aquellas enormes maderas, me hablaba de sus primeras botas, me hablaba de amistad, de Jerónimo, de Manrique, de Henry.

Mi padre ayudó a que se levantara esa Virgen de las Nieves que reposa en una extraña pirámide y que parece, recortada en el horizonte, una cumbre más de la sierra.



Dos. De esas veladas interminables con sus amigos en la calle Santa Teresa, lo recuerdo cantando con Arcadio la sevillana La promesa, de Amigos de Gines, que estaba en un disco del año 1973 que se llamaba Sevillanas del buen rociero. Sé que era uno de sus discos favoritos. A mí, que no me gustan las sevillanas, me encanta ese disco.

Lo recuerdo entonando: "Tamborero de Bollullos / maestro de los maestros" y comentando que ya no había sevillanas como ésas. A mí me extrañaba una palabra como Bollullos en una canción y él me decía que eso era porque no conocía Bollullos.

Tamborero de Bollullos
maestro de los maestros
que juntos hicimos el camino
del verano rociero
Con el tambor a las espaldas
heraldo de cien romeros
le ibas anunciando a los pinos
que Gines te iba siguiendo
Al que no sienta el RocÍo (bis)
le puede sonar a cuento
que un repique de tambor
aviva los sentimientos.

No, no conocía Bollullos; tampoco las marismas, ni los pinos, ni los caballos, ni ese presagio luminoso y húmedo de mar.

Tres. La luz de agosto viene de él, la manda él, que ilumina todos estos días con una mezcla extraña y perfecta de presencia y memoria.

Porque no quiero hablar del dolor y de la injusticia, de la tristeza y el desamparo, del polvo de irrealidad que lo impregna todo.

Tan sólo quiero invocar todo lo que jamás podrán quitarnos, esta costura nueva de recuerdos, vivencias, palabras y gestos, esta luz que ahora nos ilumina.

Tan sólo quiero mostrar lo que la muerte jamás podrá arrebatarnos.

6 comentarios:

volandovengo dijo...

Te mandé un correo de ánimo que quizás no hayas visto.
Sé que tu padre se sentía orgulloso de ti.
Sé que todos nos sentimos orgullosos de que compartas esos sentimientos con nosotros.
También, en la cortedad de memoria que me caracteriza, yo recuerdo algunos episodios memorables de tu padre.
Estamos contigo.

Francisco Ortiz dijo...

Emotivo, sentido regreso con palabras que emocionan. Un abrazo desde Granada.

Enrique Ortiz dijo...

Muchas gracias a ambos y un fuerte abrazo.

Pam dijo...

Ehhh!! y qué te cuentas de tu periplo por Catalunya???
Saludos!

Enrique Ortiz dijo...

ya contaré, Pam; por cierto, enhorabuena por tu reciente mudanza. Saludos :-))

Miriam G. dijo...

Me permito repetir el último párrafo que has escrito:

Porque no quiero hablar del dolor y de la injusticia, de la tristeza y el desamparo, del polvo de irrealidad que lo impregna todo.

Tan sólo quiero invocar todo lo que jamás podrán quitarnos, esta costura nueva de recuerdos, vivencias, palabras y gestos, esta luz que ahora nos ilumina.

Tan sólo quiero mostrar lo que la muerte jamás podrá arrebatarnos.


Me ha impresionado tanto que casi he tocado tu pena Enrique. Un abrazo muy grande.

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