miércoles, febrero 07, 2007

Mis canciones (III): Los Fabulosos Cadillacs, Mano negra y Neneh Cherry

Los Fabulosos Cadillacs: Manuel Santillán, el León.

Justo en una de esas épocas en las que uno está cansado de música, me llegó a mí el disco El León, que es el que incluye esta canción. Se editó en 1991 en Argentina y por aquí llegó, de la mano de Dro, allá por 1993.

Los Fabulosos cadillacs han sido una de esas formaciones que le dan perspectiva y futuro a la música. Hablar de fusión sería pasar por ellos. Originariamiente mirando al rock, en su faceta más punk, fueron enriqueciéndose a través de la absorción de todo un catálogo de estilos (ska, reggae, salsa...) que dar forma a una manera de entender la música muy rica.

El León ya es confusión total e incluye auténticos himnos salsa (Carnaval toda la vida), baladas, tangos, y joyas skatalíticas como Arde Buenos Aires.

Manuel Santillán, el León (el cedé incluye dos versiones: salsa y reggae; desgraciadamente tengo el vinilo) es una canción poderosa, de esas que se te queda dentro y a la que, por supuesto, se vuelve una y otra vez. Con una introducción de un grito a los Clash, es un ejemplo de precisión y de emoción. (Dejo pendiente una o varias entradas analizando la carrera de este enorme grupo argentino) En este enlace hay un pequeño reportaje sobre esta formación.




Mano Negra: Mala vida

A todo el mundo hay una canción que le puede, que es superior a él. A un buen amigo, Juan Carlos Gun, le podía la música de B-52's; recuerdo que se ponía a bailar como un loco allá donde la oyera y estuviera quien estuviera presente (tenía una novia que se mosqueaba por esto).

A mí la Mala vida de Mano negra me pone muy chori, saca algo de mí que me abre las ganas de beber kalimocho, hacer hogueras y bailar, cosas que, por otro lado, no suelo hacer a menudo.

Pero, sobre todo, Mala vida es un ejemplo de algo que no debe olvidar a veces la música: su vocación popular, su vocación de verbena. Es tal su fuerza, su precisión, que se convierte en un arma, en un estallido de sonido absolutamente físico. Es, en definitiva, una de las canciones más poderosas que conozco.



Neneh Cherry: I've got you under my skin

A mí me encantaba Neneh Cherry; su segundo disco, Homebrew, es uno de esos discos que me han acompañado siempre. Ya no sólo por su novedad para mí (fue ella la que me introdujo en unos estilos que yo no frecuentaba: hip hop, rap...) sino como ejemplo de actitud artística. Si en buena parte su primer disco, Raw like sushi, fue alabado por el vídeo donde Cherry mueve el culo de una manera fenomenal, ella, en respuesta, saca Homebrew y se presenta, en las fotos interiores del disco y en los vídeos, en delantal, tendiendo, con el pelo lleno de rulos y cuidando a sus niños.

Esta canción de Cole Porter, I've got you under my skin, formó parte del proyecto (que sigue vivo) Red Hot + Blue, homenaje a Porter y con la misión de recaudar fondos para investigaciones sobre el Sida.

La lectura de Neneh Cherry sobre el tema de Cole Porter es un ejemplo de personalidad, de visión futurista de la música (algún crítico dijo, con razón, que Neneh Cherry era la música de futuro y ello a raíz del tema Move with me, que colocó en la peli Until the end of the world, de Wim Wenders) y de fuerza.

El vídeo lo dirigió Mondino y a mí no me disgusta. También tengo pendiente una entrada sobre Neneh Cherry.



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9 comentarios:

Olvido dijo...

Ahh!!Los Fabulosos Cadillacs... tantos recuerdos.
Gracias Quique (o es con K?)
Buen día

Miriam G. dijo...

Me ha encantado el comentario: “algo que no debe olvidar a veces la música: su vocación popular, su vocación de verbena”

Me gusta mucho Mala Vida, aunque curiosamente no la asocio, ni a hogueras, ni a bailes. Me gusta casi tanto como La Vida que Mala Es.

Un beso, Miriam G.

Anónimo dijo...

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¡ Que mala suerte no poder oir la música en mi ordenador!. Por poco que la entienda sería mas agradable que lo que estoy haciendo ahora mismo. Trataré de ponerme al día en grupos. Un beso Mam

Anónimo dijo...

Mi amigo Javier anda poniéndome al día en música, dice que en el rock más punk hay mucha sustancia y que debo ampliar el "espectro". Cadillacs (que nunca me emocionaron) en todo el viaje a Donosti...lalalala

Me ha encantado lo de la vocación de verbena, el estallido absolutamente físico. Gráfico, gráfico. Mano negra, grandísimo ejemplo. Quién se resiste a no mover aunque sea el pie, mano o cabeza?

Seamos sinceros, no hay quien le haga sombrita a una negrita/o moviendo el trasero. Tienen don, está claro. Anotada "La Cherry", gran desconocida.

(Empecé por abajo y me quedé sin tiempo, tenía mucho atrasado. Mañana más)

Un abrazo.
Aylandara

Anónimo dijo...

Voy a estar toda la tarde escuchando Mala vida, a ver si se me pega algo y me animo. Los Cadillacs..jo..me traen recuerdos de un clio con la puertas rotas, entrando por el maletero y yendo por avda de la constitución a toda leche al trabajo..q me emociono. Un beso. Cuti

Enrique Ortiz dijo...

Gracias, Olvido. La verdad es que sí que son un recuerdo, no lo había pensado. Quique lo pongo con q; lo que pasa es que Monste Vega quiere desprestigiarme y lo pone con K, para que parezca más joven y contestatario :)). Buena tarde y noche para ti.

Jeje, Miriam, ya sé que te gusta más La vida... Fíjate que lo de la vocación popular es importante; también lo es que aquí en España no ha habido un grupo equivalente a los Cadillacs; nadie ha sabido darle al rock un componente de sus raíces (no, no me vale Triana). Es importante y habría que estudiarlo. Un beso.

Mam, lo único que te quedaba es poder oir música. Los funcionarios debeis tener limitaciones. Si no, me imagino la verbena. Un beso.

Aylandara, tú tranquila, que solemos estar por aquí. Efectivamente, la música nació con vocación de baile y todo lo que se sigue llamando música negra así lo entiende (a salvo de una parcela del jazz). Tiene razón tu amigo: el rock más punk tiene sustancia, mucha. Sin embargo, el punk por sí solo es algo pobre. Fíjate que los Sex Pistols en el fondo era un grupo algo aburrido (para mí), mientras que los Clash, que eran muy inquietos y muy parecidos a estos Cadillacs, fueron algo prodigioso. Oye, de verdad, a Neneh Cherry.Sobre todo su disco Homebrew es una maravilla. Tiene una canción, Somedays, que es espeluznate. Un beso, guapetona.

Ayy, Cuti, qué risa lo del clío. Los fabulosos cadillacs fueron muy importantes para mí: me marcaban una pauta de una intención: la de estar alerta, la de querer enriquecerse. Fue un grupo popular y a una gran altura. Una delicia. Todavía no he oido con tranquilildad a Vicentico, pero creo que su segundo disco es bueno. Lo oiré estos días. Un beso.

Sergi Bellver dijo...

Los “seven seconds” de Neneh Cherry con Youssou N’Dour vinieron a preceder (junto con otros claros ejemplos que os ahorro, aunque, ya que te pones cinéfilo, Ry Cooder con Ali Farka Toure podría ser sólo uno) una ola de fusión y mestizaje de la que ahora no sé distinguir muy bien la espuma de la sal. Parece, hoy en día, que más probaran fórmulas como quien ensaya sabores para sacar yogures, pero, bueno, tal vez me esté poniendo pesimista, el caso es que ciertos mestizajes me parecían antes más genuinos, a veces más torpones, pero sinceros.

Ay, Mano Negra… hay otras canciones, pero esa en particular me recuerda una época de bailes desaforados (como tú, sospecho, nunca fui de caderas vacilonas en público), y de inusitado éxito con las chicas (un terreno en el que casi nunca fui pez en el agua, más bien las cosas han llegado siempre lentas, trabajosas, sin escándalo, y no antes de cien fracasos y negativas). Pero a Manu Chao y a Mano Negra, sobre todo, los llevaré siempre en mi equipaje emocional por un disco y un viaje, unas canciones que me teletransportan automáticamente a microbuses polvorientos en carreteras australes, a mochileros de sonrisa amable, más locuaz que el inglés, a niños rojos de mocos secos y manitas de cerro, a orcas en un fiordo, al sabor de amar y ser libre de veras por primera vez… Con “Casa Babylon”, cada vez, vuelvo a tener 23 años y a exprimir tres meses en el sur de Chile, estoy un poco más vivo y mudo la piel de las tristezas.

Enrique Ortiz dijo...

Ufff, mestizaje, fusión, qué complicado, pero qué sencillo resulta, en este terreno, aparte el polvo de la paja. En cuanto lo oyes, sabes lo que es autético y lo que no. Es lo malo y lo bueno que tiene. Fíjate, si no, en eso que cuentas de Ry Cooder y Farka Toure, también en el Ry Cooder de Chavez Ravine.

Me encanta agrupar las músicas por vivencias, y las que cuentas, Sergi, suenan de maravilla. Uno, más tristemente burgués, sigue queriendo leer Un tren de hielo y fuego, de Ramón Chau, para saber qué es eso o esperar a que tú lo cuentes, Sergi.

Un abrazo fuerte.

Ana Pérez Cañamares dijo...

No sabes cómo te comprendo. En mi verano más bandarra vi dos veces a Mano Negra, una en Aranjuez y otra en las fiestas de Bilbao. Jesús, qué energía, recuerdo que no hacían pausas entre una canción y otra y yo a veces pensaba si me da un infarto no tengo ni suelo para caerme. Recuerdo también a uno del grupo, que en el primer concierto se movía como un poseso por el escenario y en el segundo concierto salió con muletas (me perdí el concierto de la caída, debió de ser entre los dos que vi) y el tío !seguía bailando! !Acojonante!

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