miércoles, enero 30, 2008

El talento de los demás, de Alberto Olmos


Conocí a Alberto Olmos en 1998, cuando fue finalista del Premio Herralde con su novela A bordo del naufragio. Lo curioso es que lo leí a él antes que al ganador de aquel año, un estelar Roberto Bolaño con la imprescindible Los detectives salvajes (que he leído estando ya vigente el artefacto éste: enlace). El motivo fue sencillo: que alguien ocho años menor que yo se hiciera con el título de finalista de un premio muy apetecible (basta con echar un vistazo a algunos nombres) me hizo comprar el libro y leerlo, sin que me volviera loco, según recuerdo o intento recordar, que esa es otra (pero, claro, en ese juicio -sin que me volviera loco- seguramente hay o había mucho de envidia)

Sin embargo, sí me ha gustado, y mucho, El talento de los demás (Lengua de Trapo. Madrid. 2007). Está dividida en tres partes muy diferentes: en la primera, El talento de Mario Sut, asistimos a un relato en primera persona en la que el protagonista nos cuenta su flamante carrera como niño prodigio violinista, que termina un día de repente, sin más. A través de este itinerario, Olmos nos presenta a un personaje que reflexiona sobre el talento y el genio, que se puede resumir en esta especie de aforismo: "Todos tenemos talento... pero sólo unos pocos consiguen saber en qué".

La segunda parte, El talento de los demás, es un desfile de personajes que, entre la veintena y la treintena, malviven con trabajos insufribles o viven de sus padres, pero todos tienen en común dedicarse a actividades artísticas: hay un escritor de once novelas inéditas, un director que anda pensando y rodando el mejor cortometraje de la historia, poetas que persiguen a los amigos recitándoles poesías, cantautores que van a las manifestaciones para que les dejen cantar un poco, es decir, personajes en busca de sí mismos y de ese algo más que pueda demostrarles que son poseedores de talento. Está compuesta de fragmentos más o menos breves, en los que van entrando y saliendo los personajes, en primera persona, y con algunos toques humorísticos muy muy divertidos y, ante todo, muy fresca y muy natural. Abajo dejo un trocito para disfrute del respetable.

En la tercera parte, Un final para Mario Sut, se retoma al protagonista para ingresarlo en una competición de falta de sueño, es decir, a ver quién aguanta más horas sin dormir y todo ello para un experimento científico. Escrita en segunda persona (magnífica) y en un solo párrafo (como Al borde del naufragio), lo importante aquí es una prosa hipnótica y, a veces, repleta de hallazgos muy luminosos.

En definitiva, un buen libro, que hay que leer. No hay tantos jóvenes que entreguen en nuestro país novelas de este calibre y de esta intención. Además, tiene momentos muy divertidos, y, eso, queridos niños y niñas, se agradece.

Otras reseñas de esta novela:

Ricardo Senabre en El Cultural (enlace)

Oscar Esquivias en La tormenta en un vaso (enlace)

Y el trocito prometido:

"Le dije a Olga Tere que mandara su currículum. La cogían seguro porque estaban echando a todo quisque. Podríamos currar juntas y reírnos entre llamada y llamada. Había un montón de gente interesante dándole a lo del teléfono. Tampoco estaba tan mal pagado, coño. No daba para una casa como la del capullo de Carlos, pero era mejor que estar tirada en un sofá mirando las lámparas. No me hizo mucho caso Olga Tere. Se lio con el novelista de la diez en línea y me dejó con el novelista de la novela en diez años. Qué pesadito era. Me daban igual sus "estrategias narrativas". Era feo. Ni siquiera fumaba. Me fui detrás del primer chico guapo que pasó por delante de mí. Le pedí fuego. Se llamaba Pablo. Hacía cortos y vivía en una buhardilla él solo. Trabajaba de director de un periódico. "Joder, qué nivel", dije. No era para tanto. Él solo hacía el periódico, desde las cartas del director a las cartas al director. Me cayó bien. No te estaba todo el rato dando por el culo con su talento. Le dije que quería ver sus cortos. Me dijo que no los llevaba encima. Miré mi reloj. Puse cara de aburrimiento y dije que la fiesta era un coñazo. Él dio un trago a su copa y no. Entonces le dije que dónde vivía, que me encantaban las buhardillas. Siempre he querido vivir en una buhardilla. Esto pareció entenderlo y me dijo que no estaba lejos de allí, que luego podiamos irnos unos cuantos a acabar la fiesta en su casa viendo sus cortos y bebiendo vino barato. Dijo vino barato como si dijera "la tengo pequeña". Decidí darle cuartelillo. Me fui a hablar con el cantautor. Estaba mirando a Nacho poner vinilos. Estaba un poco colgado. Le pregunté cuántas canciones había compuesto en toda su vida. Me dijo que cuarenta y siete. Luego le pregunté cuántos conciertos había dado en su vida. Me dijo que diecinueve. Luego le pregunté que a cuántas tías se había follado en toda su vida. Me dijo que no era asunto mío. Volví con Pablo. Estaba hablando con una tía que pintaba. Me partí la caja viendo cómo la pintora no tenía ni idea de maquillarse. Nunca había visto a una mujer con los labios peor pintados. Más que comerse el carmín el carmín se le estaba comiendo a ella. Por favor. Se largo en cuanto pegué mi cadera a la cadera de Pablo."

Hace un año: Meme: cinco cosas que no sabes de mí

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12 comentarios:

Miguel Ángel Muñoz dijo...

Hola, Enrique. Buen comentario, que despierta el interés hacia la lectura del libro. Me llamó la atención el comienzo, aunque el fragmento que incluyes es demasiado deudor de ese estilo literario "Lengua de Trapo" que tanto se ha impuesto, quizás para mal, entre muchos jóvenes escritores, sobre todo claro de "LEngua de Trapo". Un abrazo fuerte.

Enrique Ortiz dijo...

Gracias, Miguel Angel. Creo que es un buen libro, que merece la pena. Tienes mucha razón en cuanto al fragmento; sin embargo, razones blogueras (para hacerlo más divertido) me llevan a incluir ese fragmento. La novela, salvo esa segunda parte, está repleta de hallazgos estilísticos que me han interesado. Sobre todo, la forma de usar, en la última parte, la segunda persona (por la que tengo una especial predilección). Pero me ha gustado mucho eso de estilo "lengua de trapo". Un abrazo fuerte, Miguel Angel.

Miriam G. dijo...

Escuche al autor hablar de este libro en la ciudad invisible, hace cosa de un mes o dos, y lo apunté en la lista de pendientes muy arriba, tengo ganas de leerlo, muchas.

Bueno Enrique, ¿y donde te dejas tú que me haya salido una doble? Ja, ja, ja

Un beso, Miriam G.

Enrique Ortiz dijo...

Te gustará, Miriam, merece la pena. Esta mañana, cuando leía el comentario, no daba crédito: otra Miriam G. y en el sur, no me dirás que es mucha casualidad?? Pensaba que eras tú, que te habías levantado por la noche, sonámbula, y habías escrito el comentario :), luego ya vi que era otra Miriam G. No sé si has visto La doble vida de Verónica, de Kiewlovski, pero si no, merece la pena (mucho, muchísimo) Un beso, Miriam G. de Málaga.

Miriam G. dijo...

Miriam G., la original ;-)

Un beso

el loco oficial dijo...

Leyendo esto que comentas sobre la juventud de los autores premiados estoy pensando que se me va a pasar el arroz...ya son varios, entre ellos Miriam G., la original (como los Kellogs jaja) que me instan a escribir algo...si te soy sincero, tengo miedo escénico....Un abrazo.

Enrique Ortiz dijo...

Eso, Miriam, la original, que luego se habla de copias, y derechos, y, claro, de camino, de pasta. Un beso, Miriam.

Querido Loco, el arroz no se pasa nunca y menos cuando hablamos de novela, que requiere años, madurez y formación. Así que ánimo y nada de miedo escénico, eso no existe, Loco :)) Un abrazo muy muy fuerte y avanti.

Manuel Márquez dijo...

Pues sí que tiene un aspecto interesante, compa Enrique, aunque también haya de reconocerte que a mí, esos estilos de pintas tan "moernillas" no siempre terminan de convencerme. También, eso sí, como ya le he dicho a la compa Miriam, en su casa (¿o en la de su cibercopia...?), tengo el bufer lleno, voy a dejar de apuntar cosas en listas de pendientes, que no puede ser, no puede ser...

Un fuerte abrazo.

P.S. entre unos y otras, otros y unas, acabereis conmigo, ya vereis...

Pussy Galore dijo...

qué gracioso, justo me estoy leyendo ahora Los detectives salvajes. Buenisima!

Neus dijo...

Leer...
Leer...
No me viene nada por leer :S

Aura dijo...

He leído el fragmento que adjunta y me resulta un poco topicazo tot plegat, ¿soy yo? ¿estoy abuela? Es que con mis novelas decadentistas y demás esto me suena a chiste. No sé.

J, Martos dijo...

No pude pasar de la segunda parte.

Lo de este libro, la Generación Nocilla y el marketing viral por la blogosfera del aplauso mutuo es lamentable.

Sigue siendo mejor leer a Loriga y los de antes que a sus epígonos.

"Todos tenemos talento... pero sólo unos pocos consiguen saber en qué."

Es la peor frase chachi-guay eslogánica que he leído en mi vida.

Segundo y último libro que leo de la Gran Estafa de los Nocilleros.

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