lunes, febrero 04, 2008

Las cosas que me digo: Saint Etienne, So tough, Hobart Paving


Muchas veces una canción nos conoce mejor que nosotros mismos. Por mucho que pudiera empeñarme en dibujar un estado de ánimo, un presentimiento, una sensación, siempre hay una canción que puede decirlo mejor. (Esto, para colmo, ya lo he escrito aquí. Parezco un viejecito, siempre con la misma historia).

He estado nadando, he ido a la compra, me he demorado escogiendo un vino (y he acertado -enlace-), he paseado con Mus bajo la lluvia y he regresado feliz y empapado, pensando en esa sensación del pelo mojado de cuando niño (el barro al lado de casa de mis padres, en una huerta donde ahora hay pubs -en la calle Trajano de Granada-, a donde se iba a jugar al fútbol y a comprar claveles). El tacto de la toalla al secarme el pelo.

He vuelto a escuchar a Los hermanos Dalton (gracias, Miriam) y le he dado vueltas a esa fidelidad de uno a ciertas músicas; he concluido que el mérito no es de uno, sino de esa música, cuando consigue incrustarse, como las partículas del granito, en nuestra alma que, al cabo de los años, ha dado mil vueltas. Volver a esas canciones es reconocernos más allá del tiempo.

He estado pensando en que muchos novelistas deberían ver esa sucesión en House, de la penúltima a la temporada que ahora se emite, en lo ejemplar de esa vuelta de tuerca: pasar de una trama donde todo está agostado y agotado a un despliegue de personajes secundarios que no añaden nada al personaje principal, pero que dan brillo a la narración.

Por un momento he tenido un tono, una certeza de música, para un conjunto de poemas en segunda persona. El tema, muy viejo: lo que se queda pendiente de decir. Lo que no se llega a decir. Lo que diríamos hoy si tuviéramos cinco minutos, una bola extra.

He leído la prensa, un trozo de una novela policíaca, algunos poemas. He escuchado un disco que me ha gustado ( El guincho, Alegranza), he visto una película mala que me ha hecho reír un par de veces. He dormido la siesta, he tomado café, he madrugado. He agrupado mis enlaces a favoritos, sección música, subsección descargas, mp3s, canciones. He estado haciendo el borrador de un informe (debería haberlo terminado), he preparado un par discos para la semana, para oír en el coche, he ordenado a medias mi mesa de trabajo, he actualizado mi agenda, he visitado mi pastelería preferida (enlace), y he pensando que me hace falta un corte de pelo.

Me he sentido justo como esta canción, Hobart Paving, de Saint Etienne, de su disco de 1993, So tough.

Aunque sigo confiando en la literatura, sin embargo, yo no podría describirlo mejor.



Hace un año y dos días: Javier Marías y la AVT + ZP y Zelig + Viernes, día del calentón + Calamaro: nuevo disco

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18 comentarios:

m dijo...

Será una tontería, pero me has recordado a esos pasajes que tanto me gustan de Chandler en los que Marlowe vuelve a casa y hace las cosas que hace la gente normal: se hace mayor, se agota, echa de menos, vive, respira.

Tengo una mañana muy rara. Me he levantado una hora antes de la que me toca, me he duchado, me he vestido, he salido a la calle y me he dado cuenta de que estaba haciendo el idiota y que todavía me quedaba una hora para tener que marcharme.

Miriam G. dijo...

La inmobiliaria que vendi� mi apartamento cuando me fui de Madrid, me manda todas las navidades una caja con dos magnums de Matarromera, yo se lo agradezco, je, je, je, buen vino.

Pero dejemos lo anecd�tico, cuando he le�do tu entrada me he emocionado Enrique, justo quer�a yo hoy hablar de lo mismo, de la m�sica y la vida, despu�s de leerte claro, no he tenido m�s remedio que citarte.

Un beso, Miriam G.

cuti dijo...

Estupenda entrada para empezar la semana, no se como lo haces cuando escribes, pero me relajas, me serenas, gracias. Un beso.

NB y ese mail con la consulta que me ibas a enviar??

Enrique Ortiz dijo...

Gracias, M. Lo que cuentas es lo que quería contar, esos días extraños, donde estamos en otra cosa, donde parece que nuestra vida está ahí, al lado, pero como si no fuera nuestra. Me gustan esos momentos de Chandler; sobre todo cuando Marlowe le da de comer al gato. Hice un poema de eso, se llamaba Lázaro (algún día lo traeré por aquí). Un abrazo, Matías.

Miriam, he leido que el Matarromera, en magnum, es mejor (cuando en otros ni quita ni pone) porque el vino está más suelto (que no sé exactamente qué significa). La música es importante, estaría bien una biografía sentimental musical, un recorrido por la canciones que nos han marcado. Es un proyecto que tengo, pero que me viene algo grande. Lo intento hacer aquí, con el tema de Las canciones de mi vida, pero debería ser mucho más ordenado. Cuando grupos como los dalton, o los ceros (o los que sean) vuelves a escucharlos y, de repente, te devuelven un momento exacto de tu vida, hay como una especie de abolición del tiempo, como un ahora eterno. Es un lío, pero intentaré explicarme mejor. Un beso, Miriam, y me alegro mucho de esa emoción, que yo he sentido gracias a tu maravilloso regalo de empetreses :))

Enrique Ortiz dijo...

Cuti, gracias. Mira, me alegro de ese relax :)) El mérito, desde luego, no es mío; seguramente es que estabas predispuesta a comenzar así la semana, no? La consulta te la enchufo en un rato, que no me organizoooo ni pá trás, uffff. Un beso, enana, y sigue relajada, que eso es muy muy bueno :)

Anónimo dijo...

M, qué acertado tu comentario. En las novelas policíacas siempre resulta extraño y reconfortante ver cómo el protagonista-detective se desenvuelve en su vida íntima cotidiana. Creo que es un fenómeno de identificación, de reconocimiento de nuestra propia intimidad, de ese otro yo que surge cada día al llegar a casa, dejar el maletín y quitarse los zapatos. Y es que, quizá, todos somos un poco Marlowe durante muchas horas al día. O, como en el caso de Enrique, dos partes de Marlowe y tres de Atticus Finch (agitado, no mezclado :)). Un beso. M

Enrique Ortiz dijo...

Ayyyy, M. que ya estoy yo mayor para tanta agitación :)). Me gusta la deriva de estos comentarios sobre Marlowe. La novela policiaca, además, tiene algo muy interesante (apasionante): las ráfagas de lirismo, de repente, en mitad de una página donde ha habido un diálogo, una descripción de tránsito, puuummm, y de repente, un trallazo de lirismo espectacular. En Granada, hubo una revista o fanzine que se llamaba "Fluyan mis lágrimas, dijo el policía" como homenaje a esto que cuento. García Montero, apasionado de este tema, lo intentó en su primer y poco conocido libro: Y ahora eres dueño del puente de Brooklyn. Gracias, M. Un beso :)

Enrique Ortiz dijo...

Y se me quedó, que como homenaje a Philip K, Dick, creo que a una novela suya. Me refiero a ese título (Fluyan mis lágrimas, dijo el policía)

volandovengo dijo...

Es estupendo, un domingo relajado. Eso precisamente es lo que haría yo si tuviera un domingo relajado, un domingo para mí. (O irme al campo. Tú sabes que yo era muy montañero.) Pero ya no tengo un domingo relajado. El precio, mi precio, por hacerme mayor es que mi tiempo ya no me pertenece.

Enrique Ortiz dijo...

Querido primo, no pienses que tan relajado. Justo ayer, a la noche, me andaba quejando de no tener tiempo para hacer nada con calma; hago mucho, pero todo deprisa. Eso que tan bien has dicho (mi tiempo ya no me pertenece) es lo que a veces creo que me sucede. Todo rápido, nada con calma. Eso sí, a veces, como este fin de semana, consigo que todo vaya lento. Un abrazo muy fuerte, primo.

Marsu dijo...

Pues yo he acabado agotada, sólo de leerte. Me alegra que para tí fuera relajada tanta actividad.
Buen tema, por cierto.

Buena semana

Olvido dijo...

No deja de ser curioso que tú hayas estado haciendo todas esas cosas y que yo hoy las lea. Una vez escritas, se reafirman, somos conscientes de ellas. Parece que la vida cotidiana si se escribe, se establece. De alguna manera, los simples actos vitales pasan a ser protagonistas como nosotros mismos. Las dejamos ser por segunda vez, además de cuando han sido.
En fin Marlowe, buen día

Enrique Ortiz dijo...

Jejeje, gracias, Marsu. Parece mucho, verdad?, pero te digo que en el fondo no es nada, soy un vagorro de los buenos. Me alegro que te guste el tema. Es una versión de The bandits y lleva arreglos de Van Dyke Parks, que fue el responsable de que los Beach Boys, en momentos, fueran gloriosos. Buena semana también para ti, Marsu :)

Enrique Ortiz dijo...

Me gusta eso que dices, Olvido. No lo había pensado y tiene mucho sentido. A lo mejor es por eso (además de contrapunto) lo feliz de esas escenas de Marlowe. Me interesa eso. He hablado mucho aquí de la intimidad y creo que tiene mucho que ver. No sólo como algo cotidiano, sino como una parte de realidad esplendorosa. Jejeje, Marlowe, ya quisiera yo, ya... Un beso, Olvido y buen día también para ti :))

Jesús Alonso dijo...

Reconfortante texto. Dan ganas de volver a uno mismo y darse caprichos.

Enrique Ortiz dijo...

Querido Jesús, (estoy algo retrasado contigo, ufff), leí un texto tuyo delicioso a través de Miriam y todavía no te he dado mi felicitación. Nada, lo que quería decir es que los caprichos, para uno y para los de al lado, son importantes. Eso sí, que luego no nos quejemos cuando nos digan caprichosos, no? Un abrazo muy fuerte, Jesús.

Aura dijo...

A mí me sucede que cuanto más tiempo tengo más me detengo, en una suerte de inmovilidad creadora. Tal vez encuentre una canción para expresar ese estado :)

Enrique Ortiz dijo...

Jejeje, Aura, justo eso. En la calma, mucha más calma. De hecho espero una época muy achuchada a ver qué pasa. En cuanto a la canción, estoy seguro de que la encontrará y, claro, quiero escucharla :). Un beso, Aura.

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