viernes, enero 16, 2009

Preguntando al respetable: Gustos inconfesables (culinarios) + Jeremy Jay: Heavenly creatures

Venía ayer del curreleo a la caída de la tarde cuando, en la radio, en el programa de Julia Otero, hablaban de la merienda de cuando éramos niños. No hubo unanimidad en cuanto a los gustos -claro-, pero sí me acordé -y hablaron- del pan con mantequilla y chocolate y de los bocadillos de mantequilla con azúcar, exquisitio manjar al que algún contertulio hizo ascos. (Soy de una generación que vio cómo llegaba la madurez -esa mala pécora- a la par que Julia Otero presentaba 3x4 a la hora de una comida que nunca nos engordaba). Otro día hablaremos de la merienda y de un maravilloso artículo de Juan Benet sobre el tema.

En fin...

Todos tenemos algún gusto culinario inconfesable, estoy seguro. Algo que alguna vez, en voz alta y orgullosos, le hemos contado a alguien que ha dicho: pero qué asco.

Suele suceder en los primeros días del amor, cuando los enamorados se cuentan todo: en qué trabajan los padres, el primer amor de verano, el primer beso, las rubias o las morenas, el sitio de veraneo, el color preferido, el número mágico -que siempre nos ha dado igual, pero que inventamos para la ocasión-, esa canción que nos vuelve locos...

Más tarde, se entra en materia y se comienza a confesar lo inconfesable: el primer polvo, el primer polvazo, la parte que menos nos gusta de nuestro cuerpo, y la que más (que, sí, es ésa, pero nunca decimos ésa, sino los ojos, o las manos), en lugar más extraño en el que se ha hecho el amor (que realmente es ninguno)...y el número alto o bajo de amantes previos al interlocutor -que siempre dará para unos días de conversación y alguna que otra mala cara-.

Cuando ya se ha confesado lo inconfesable, se confiesa lo más absolutamente inconfesable: que nos gusta mojar las gambas en leche, que nos hacíamos bocadillos de crispis, que untamos el queso con queso y cosas similares (el robo de las bragas a la vecina del octavo, los tacones que nos pusimos de nuestra prima, las pajas colectivas en un cementerio, cosas así, maravillosas).

(Luego, después de tanta radicalidad, se vuelve a la confesión normalizada: cuántos hijos, si vivir en la ciudad o en las afueras, si un perro o un gato, playa o montaña, etc).

Por mi parte, he de confesar aquí que he cometido desmanes culinarios variados y abundantes y que la edad, esa cortarrollos, ha ido suavizando o suprimiendo. De todos mis desmanes y desviaciones y patologías, hay una por encima de todas que cometería ahora mismo (y hace años, añísimos diría mi padre, que no la frecuento), cuando son las siete y media de la tarde del jueves 15 de enero de 2009: unas tostadas de sobrasada (da igual lo caliente o frío del pan) mojadas en un colacao bien caliente. Qué delicia. Si ustedes pudieran imaginar cómo se calienta la sobrasada al amor del colacao y cómo ese fuego hace que esa pasta roja de los dioses se derrita, soltando el aceite y la grasa que contiene, como digo, si pudieran imaginarlo, irían, como yo seguramente haré, al supermercado y se agenciarían los ingrendientes: pan, sobrasada, leche y colacao. (Lo bueno de lo excelso es que suele ser sencillo)

Así que la pregunta es: ¿Qué desviación culinaria, qué gusto inconfesable al comer tiene usted, querido niño o querida niña? Vaya por delante que se admiten anónimos, como dios manda, y hasta pseudónimos y antónimos e interrogaciones retóricas para los más sofisticados; aquí que cada cual se esconda bajo lo que quiera.

Y para que no piensen que soy un bribón glotón, les dejo una de las canciones que más me ha gustado del recientemente cerrado 2008. De Jeremy Jay, Heavenly creatures, un tema espectacular en su sencillez porque parece el esqueleto de una canción que es, a su vez, canción, que se va armando, que va creciendo. Espero que les guste esta joya.



Y no mucho más. Hablar del tiempo en España es llorar (como dijo alguien que no recuerdo acerca de la literatura u otra cosa). Pero qué frío y qué nieve y qué lluvia y cuánta, cuantísima niebla, queridos niños y niñas. Irá algo mejor -no es difícil- pero me dice un pajarito (enlace) que hay posibilidad de una nortada seria la próxima semana. En fin... Les deseo un buen fin de semana y una buena compra de sobrasada y colacao. Mil gracias por su generosidad y, claro, su paciencia. Besos y abrazos a doquier.


Hace un año y un día: Las canciones de mi vida: Fox in the snow, de Belle and Sebastian y Les hauts quartiers de peine, de Dominique A.

Hace un año: La alambrada de mi boca, de Ana Pérez Cañamares (y IV)

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19 comentarios:

Anónimo dijo...

En fin, tengo dos guarradas culinarias, una la galletada: en un vaso de leche caliente con colacao (si es que es lo mejor) empezar a echar galletas en trozos, hasta que se forma una pasta que se pueda comer con cuchara, vamos, que no quede nada de líquido, nada, nada. Una bomba maravillosa para tomar un domingo resacoso (de los que ya no tengo). POr cierto, esta guarrada la hacíamos juntos en casa, no??.

Otra guarrada, mojar galletas en el té (que no dejar de ser agua caliente), me encanta y ya lo hago abiertamente en el despacho, ante la cara de asco de mis compañeros.

Se ve que soy el monstruo de las galletas. Un beso. Cuti

Enrique Ortiz dijo...

Dos clásicos, Cuti, dos clásicos; a mí el té, no sé, aunque me gusta no le he encontrado el provecho guarrindón, pero todo es ponerse...Lo mejor es las caras de los demás, jeje. Un beso, Cuti :)))

Olvido dijo...

Agggg que asco!!! Quique sobrasada y colacao. ufff! jajaj
Me encanta leerte. Yo nunca he hecho esas guarrerías y las 'otras' no te las voy a contar aquí;-)
Un abrazo y buen fin de semana

Anónimo dijo...

¿Y que os parece el bocata de nocilla con foigras? Eso es insuperable. Lo juro.
La mujer de Soler

Anónimo dijo...

Cuando era niña, después de cenar, me obligaban a tomarme hasta la última miga de un tazón de casi medio litro de leche caliente con galletas desmigadas. Me provocaba arcadas. De vez en cuando las galletas eran sustituidas por trozos de pan con azúcar: ésa fue la gota que que comenzó a forjar mi rebeldía a la autoridad. No he vuelto a probar ninguna de esas dos cosas, ni creo que lo haga a menos que mi vida dependa de ello. Así que lo de la grasa de la sobrasada mezclándose con el colacao no me seduce especialmente (aunque tengo una hermana que mojaba en él las croquetas, ahí queda eso). Por mucho que lo pienso, no logro dar con ninguna guarrada culinaria particular, y mira que me gustaría tenerla, pero los traumas de la niñez son insalvables. ¿Vale que me guste tomar el agua con hielo en cualquier momento del día y en cualquier época del año? Es una desviación, ¿no?
Me encantan estas entradas largas, personales y cuajadas de reflexiones. Voy a oir la canción. Un beso. M.

funes dijo...

Me confieso vulgar y ortodoxo en lo que se refiere a estos temas.

Lo de mojar, por supuesto! ¿Para qué es una galleta, o croissant, o cualquier otro tipo de alimento ablandable al ser mojada en café, te o chocolate? ¿Y ese fondito espeso que queda? Creo que en eso los españoles somos los mejores y ahí hemos alcanzado una cumbre mundial con el chocolate con churros, summun de la mezcla de la grasa y el dulce que tu has llevado al extremo con la sobrasada...

Pero que todo es muy cultural, por estos lares es una guarrada comer caracoles, que a mi me matan. Y sin embargo ellos se desayunan sus salchichas de carne fresca hervida, embadurnadas en mostaza dulce y acompañadas con cerveza de trigo. Y está recojonudo.

buen finde y a disfrutar de esas guarradas!!!

Anónimo dijo...

Mujer de Soler creo que ganas, aunque lo de las croquetas tampoco está mal, hermana de M.

Que me gustan estas cuitas ajenas.

Un beso. Cuti

Enrique Ortiz dijo...

Gracias, Olvido; eso me demuestra que no lo has probado; venga, inténtalo, y verás cómo se abre ante ti un mundo nuevo. En cuanto a lo otro, ya iremos poniendo más temas. Un beso y buen finde :)))

Gracias, Magdalena; desde luego, tu proposición es de matrícula de honor; qué fino paladar habrá dado con esa mezcla que ahora mismito voy a proponer a Arzak mediante correo electrónico; tengo que probarlo, desde luego; el foigras será Apis, ¿no?. Muchos besos y hazlos extensivos al cónyuge :))

Gracias, M. Desde luego, desde luego... tus padres poniendo ante ti una de las cumbres culinarias de todos los tiempos y tú revelándote, ayyyy, qué juventud. Lo de las croquetas en el colacao me suena muy bien, desde luego y habrá que intentarlo buscando una cajita de Findus. El agua con hielo es mala y te deja las manos congeladitas; besos :)))

Funes, gracias :). A mí los desayunos (y no suelo desayunar) me gustan salados y eso que cuentas del pueblo alemán suena de miedo; las salchichas son la demostración de que hay vida inteligente en este planeta y la mostaza una conquista cultural; he de confesar, sin embargo, que la cerveza de trigo para desayunar no me entraría, pero eso sí, con un cafelito o un colacao, un desayuno bárbaro. Biban los caracoles. Buen finde, Funes :))

Marsu dijo...

Mira que te hago caso con los libros, pero lo del colacao con sobrasada... se me va a hacer durillo.

Pero estoy con Cuti; las galletas en el te, qué delicia, y si son shortbreads de esos que saben a mantequilla de verdad, buenísimos. Mi madre lo llevaba mal, eso de verme mojar en el te, jejeje.

Pero así, sin pensar, no se me ocurre ninguna lindeza culinaria extraña que yo haga. Seguro que haberla hayla, porque yo comiendo soy muy rara, pero no viene al coco ahora. Lo pensaré, lo pensaré...

Buen finde, y a abrigarse toca, me temo.

Enrique Ortiz dijo...

Gracias, Marsu :)), pero pruébalo, verás tú cómo la vida es otra y te sonríe (parece un anuncio). Eso sí, piénsalo y me cuentas que la historia de los ejecutivos y los condones del otro día me encantó:)) Buen finde también para ti y no se lo digas a nadie, pero parece que hace sol ahora :)

fab dijo...

Vuelvo a la infancia y a la juventud. Yo no he mojado el pan con sobrasada en el colacao. A mí donde me gustaba era en el café con leche. Qué bueno. Y lo de meter galletas hasta conseguir la densidad pastosa adecuada. Y ahora todos con dietas light. Qué se le va a hacer.

fab dijo...

Mi mujer me recuerda que lo de verdad bueno no era el colacao con la pasta de galletas sino con panquemao, porque llegabas antes a la densidad adecuada y así además habían las dos texturas, la de la miga y la de la corteza.

Deconstrucción pura, antecedentes del Adriá.

Y otro clásico, el plátano entre pan.

Vamos, que nos has puesto nostálgicos.

Francisco Ortiz dijo...

Lo lamento: no tengo ninguna rareza culinaria. En todo caso, puedo contar que dejé de comer carne cuando me obligaron a a ir a una matanza y tuve que coger de la pata al cerdo mientras lo mataban. Además, me parecía extrañísimo que, justo después de matarlo, comieran los asesinos más jamón recién cortado, del año anterior. Ya digo: me volví anticomedor de carne. Y hasta hoy.
Un saludo, Enrique.

Cayetana Altovoltaje dijo...

Qué grande eres, y qué mallorquina tu guarradita culinaria. Yo he asustado a bastante gente con lo que llego a mojar en el café con leche. ¡Qué bonito eso de mojar! También he provocado iras de puristas al tomarme refrescantes cafés con leche CON HIELO en una terracita al sol.
Las mezclas de dulce con salado me fascinan, y la última que he añadido a mi repertorio es la de sobrasada (sobre tostada o volován) con mermelada de naranja... amos eso no es una guarrerida, es una delicatessen.
En cuanto a las guarraditas infantiles, recuerdo que me encantaban las salchichas esas prefabricadas (que ahora no comería ni loca), hechas no en la sartén, sino EN LA TOSTADORA. Y embadurnadas de ketchup, ¡p'adentro!. Otra cosa que me encantaba era mojar las porras kojak (ésas rojas tan ricas) en un vaso de agua... no sé por qué.
Besitos mallorquines ;)

Cayetana Altovoltaje dijo...

¡Ay! Se me olvidó otra delicia que todo el mundo debe probar:

Un sandwich de plátano y mantequilla de cacahuete (gran invento yanqui), bien aplastadito... mojado en el café con leche.

El desayuno de los campeones, se lo digo yo.

Anónimo dijo...

La última guarrada que he descubierto es meter en el café con leche polvorones, se mezcla hasta que se hace una "masilla". Un desayuno riquísimo, eso sí, poco recomendable para la dieta postnavidad.
Besos,
Raquel

maria elena dijo...

A ver confieso... galletas saladas con miel... Sandwiches fritos de queso... arroz con platano, sandwich de duvalin (esa cosa espesa azucarada mantecosa de sabores... debe ser lo peor que he hecho...) Cualquier cosa medio dulce que se ablande al remojarla con leche/té/café/chocolate (eso sigue siendo un placer)

saludos

Marsu dijo...

Sólo se me ha ocurrido una guarrería que hacía de pequeña, pero creo que es más estética que culinaria. Una barra de pan, cortar un trozo largo del extremo, con el carolo (que es como mi padre llamaba al final del pan), vaciar la miga, untar con gracia las paredes interiores de mantequilla, y rellenar el "vasito" con miel. Al comerlo el espectáculo cochino-gastronómico está asegurado, porque se pone una pringosísima, jeje.

Anónimo dijo...

Vaya, Marsu! Yo hacía lo mismo con leche condensada. Pringue total :-)

Raquel

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