lunes, septiembre 14, 2009

Ser feliz


Ayer llovió, cayó una tromba de agua, casi tormenta, en el momento justo, cuando estaba comenzando a quedarme dormido encima de la cama, con la parte de abajo del pijama y las sábanas revueltas, como en pleno verano.

Quedarse dormido, a las tres y media de la tarde, después de haber comido albóndigas con un toque lejano a nuez mozcada y un poco de pasta con tan sólo Grana Padano por encima, mientras suena la lluvia, cada vez más lejana por el sueño, y un viento húmedo mueve las cortinas blancas, es una de esas cosas a las que sé que no renunciaré nunca. Más que placer, es uno de esos lujos que uno se reserva para darse un empujoncito.

Me pregunto si, al igual que sucede con otros, existe el talento para ser feliz, o si es un aprendizaje, una predisposición, un destino.


Hace un año y dos días: Centrándonos: Seat girls + Los niños y el amor + Vuelve el fútbol

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7 comentarios:

Marsu dijo...

Existe el talento natural en los niños, pero lo perdemos al crecer, sustituyéndolo por esa desconfianza y disgusto constante propio de adolescentes y jóvenes. Luego, con la edad y ese aprendizaje que mencionas, se recupera. Se aprende a necesitar menos pero a ser más feliz.

Creo...

Anónimo dijo...

Estoy con Marsu, con la edad recuperas a ser feliz con las sensaciones que pudiéramos llamar simples, pero que no lo son, es decir a apreciar lo cotidiano que antes ni reparábamos. Un beso. Mam.

Anónimo dijo...

No puedo estar más de acuerdo con Marsu y con Mam, acabo de salir de la adolescencia y empiezo a ser feliz con cosas pequeñas, aunque no sé si es por eso o porque necesitas buscar cualquier motivo para ser feliz y te conformas con pequeñas cosas, porque ya sabes que la felicidad absoluta no existe, ni sería bueno que existiera. Ea, ahi queda eso. Un beso. Cuti

Superwoman dijo...

Quien fuera tan sabia, chicas... creo que no solo es la edad, tambien la condicion personal de cada uno. Yo lucho contra mis fantasmas... y supongo que en cierto modo soy tambien feliz.
Un supersaludo

Elèna Casero dijo...

yo ya disfruto con esas cosas pequeñas, será por la edad. Tal como lo describes, yo también hubiera sentido el aguijón de la felicidad.

Manuel Márquez dijo...

Yo aún no sé muy bien con qué soy o no feliz, compa Enrique; pero si me mandas un "tupper" con un par de albóndigas de esas (que alguna, digo yo, te habrá sobrado), igual pillo fuerzas para reflexionar sobre el particular. Ya te vale, ya...

Un abrazo muy fuerte.

Viola Tricolor dijo...

Estos posts ya sabes que me encantan, a mi no me gusta la siesta porque me sienta fatal pero me dais mucha envidia los que sois siesteros, el Toby sin ir más lejos no es persona sin su siesta, acompañado mejor. Asi que esos placeres de quedarme dormida con el viento los dejo para la noche, oyendo los árboles del parque. Y el olor del suelo mojado es especial. A mi me parece que la felicidad si es un aprendizaje que dan los años, la madurez y la serenidad, pero siempre fijarse en lo que se tiene no en lo que nos falta. Perfecto como lo explica Marsu.
He tenido que mirar lo que era el grada padano, una vez estuve en una pizzeria en ciudad lineal, muy cerca del cruce y tenian uno gigante gigante, no he vuelto a verlo ni a probarlo.
Ah y también me pido una albondiga!!
Besos.

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