miércoles, septiembre 24, 2008

Tres historias europeas, de Lolita Bosch

Tenía muchas ganas de leer algo de Lolita Bosch (Barcelona.1970). Me había tropezado con su nombre varias veces en internet y me gustó -mucho- una entrevista que leí en Yes, you are right (enlace). Ni que decir tiene que ese nombre -Lolita Bosch- ejerce un poderoso influjo, lo cual nos llevaría a hablar de los escritores y sus nombres, pero, como escribiría Lolita Bosch, ésa es otra historia.

Así que he comenzado con Tres historias europeas (Caballo de Troya.2005) y digo comenzado porque pienso seguir con todo lo que ha ido publicando esta escritora, que me ha entusiasmado.

Tres historias europeas consta, está claro, de tres relatos o, mejor, de una novela corta -nouvelle- y dos relatos: Pingüinos, Una: la historia de Piiter y Py y Elisa Kiseljak.

Pingüinos, la nouvelle, es una pieza maestra, una obra soberbia, perfectamente diseñada. Cuenta la historia del doctor Gladov-Klass, que, a través del estudio de una migración de los pingüinos, encontró un remedio para la ceguera y, de hecho, curó a la hermosa Mónica.

Basta leer el arranque, las dos páginas extraídas del tratado del doctor, y una magia -poderosa y lírica- se te mete muy dentro y te empuja a seguir leyendo esta historia. Pues se trata de eso, de una historia, con unos recursos de la narrativa oral -espléndidos- y un deambular del narrador (como los de Faulkner y Onetti) en torno a una niebla de acontencimientos que, no sabemos cómo, han llegado a él.

Pero nunca llegó a preguntárselo..., pero no se ha podido certificar..., Se ignora por qué..., Pero los motivos por los que la madre sentía aversión por el país en el que había residido durante casi treinta años son difíciles de discernir... El relato está repleto de este tipo de expresiones que señalan ese camino que podría abrirse ante nosotros si, en la encrucijada, tomáramos otro, en vez del que continúa la narración. Este tipo de narrador, que está tan perdido como el lector, es imprescindible en la narrativa moderna y Lolita Bosch borda esta voz que va modulando el soberbio relato.

La arquitectura narrativa de Pingüinos es, además, un ejemplo de buen hacer. A través de idas y venidas, el relato avanza en círculos que se expanden y contraen, abarcando un montón de años. De esta manera, el lector tiene la historia y la prehistoria sin que se haya forzado nada, fluyendo el relato con una naturalidad prodigiosa.

Una: la historia de Piiter y Py es el retorno de un judío de Nueva York al campo de concentración en el que murieron sus padres. Doble tiempo: el de la vuelta, remota, y el de la ida, que será también camino de vuelta. Lo mejor es una especie de temperatura ambiente que casi ni siquiera está mencionada en el relato, una atmósfera, algo que no sabemos qué es pero que percibimos, como pasa siempre con la alta literatura.

Elisa Kiseljak es un relato que, a través de la suavidad, busca la aspereza del dolor y la memoria. Articulado en torno a ese prodigio que halló Faulkner y que tantas veces he mencionado por aquí (La memoria sabe antes de que el conocimiento recuerde), Lolita Bosch arroja luz sobre el sentido que buscaba Faulkner y lo encuentra en un discurso caótico e interior que es demoledor, pura literatura, perfecta y, por tanto, directa al alma. Un gran relato sobre un tema muy peligroso -el abuso infantil- por lo difícil que era, a priori, escapar a algunos tópicos.

Así que, queridos niños y niñas, no lo duden: Tres historias europeas es un libro enorme de una escritora que sé que va a ser enorme. Iré desgranando sus otros libros por aquí muy pronto.


Hace un año: Felicitando el otoño: un poema de José María Álvarez

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8 comentarios:

Anónimo dijo...

En cuanto acabe con el que tengo entre manos empiezo con éste, que me has hecho la boca agua con tu espléndida crítica. Un beso. M.

Manuel Márquez dijo...

Pues está claro, compa Enrique, que la amiga Lolita te debe, como poco, un par de cañas: difícil le va a resultar encontrar reseña que la glose con más esmero y entusiasmo. Apuntado queda el nombre, para cuando haya ocasión.

Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

Hoy más tarde que nunca y de nuevo lo que siempre digo: uno más a la lista, pero apúntalo a la tuya de regalos, no?? así seguro que lo leo mucho antes. Un beso. Cuti

Isabel Romana dijo...

Tomo nota, tu reseña no ha podido ser más favorable. Y ya he visto que tiene un currículum muy estimable. Saludos cordiales.

Miguel dijo...

Con una crítica así, no hay quien se sustraiga de no ir a por el libro.
Y no te había agradecido el elogio aun poema mío en un comentario.

Marsu dijo...

Pues muchas gracias, apetece de verdad después de tu reseña.

Asha dijo...

Anotada esa propuesta de lectura otoñal...
Volví!! Con nuevo look y con otra ventana. Ésta con vistas a todas las kumaris de la India y a la madre "ganga".

Un beso enorme.
(¿¿Has visto a Aylandara??) :)

Olvido dijo...

Hace unas semanas me encontré por primera vez con ese nombre, Lo-li-ta de la que no he leído nada, cotilleando llegué a su“Elisa Kiseljak” (me gusto mucho este nombre) y decían algo así como: escrito en primera persona donde la protagonista recuerda episodios dolorosos de su infancia y entonces me dije no, no la leeré hasta que se acabe ‘La ballena en el tejado’ ;-) (sin ánimo de comparar, por supuesto) pero ahora leyendo tu emocionada reseña y aunque estoy con otras cosas, lo apunto en mi memoria, esa de la que habla Faulkner. Me apetece mucho también el de ‘La persona que fuimos’.
Muchísimas gracias Quique. Un abrazo.

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