jueves, mayo 17, 2007

Perros verdes, de Agustín Cerezales


Plantearse escribir un libro de relatos con ocho historias de extranjeros que terminan viviendo en España es, en mi opinión, algo diabólicamente difícil por el componente inevitable que tiene de forzar argumentos.

Sin embargo, Agustín Cerezales (Madrid.1957) consigue superar ese reto en este libro de relatos, Perros verdes, editado en 2005 por la nueva editorial Menos cuarto, en su colección Reloj de arena, dirigida por Fernando Valls y dedicada al género corto, con lo cual no queda sino felicitarla y felicitarnos.

Originalmente publicado en 1989 en Lumen, Perros verdes es anterior a la novela Mi viajera (Alfaguara.2001), una de las mejores novelas españolas de los últimos años, bien recibida por la crítica en su día y que enseguida, desgraciadamente, dejó de ser nombrada a pesar de ser un ejemplo de construcción, de saber hacer y de demostración de las cualidades de un soberbio novelista. Como no creo que Cerezales tarde en publicar una nueva novela, volveremos, sin duda, a hablar de él.

Como decía, Perros verdes está compuesta por ocho historias que tienen en común un personaje central, extranjero, que por una razón u otra, termina en nuestro país. Los relatos narran las idas y venidas de esos personajes, sus sueños, sus derrotas y su victoria final sobre las circunstancias. Alrededor de una mirada dotada de ternura y piedad hacia ellos, es común a todos una buena construcción y un humor soterrado contínuo que a veces desborda en carcajada.

Expediente en curso (Basii Afanasiev) nos cuenta la historia de amor platónico entre el protagonista y una desconocida, a través de un curioso lenguaje de tuberías, agua y ducha. El pan y la sal (Marcel Langrage) relata cómo una pasión culinaria puede llevarte a cambiar de vida, a arriesgarla y a volverla a encontrar. Sin respuesta (Inés Pereira) es la historia de un desbordamiento amoroso de un personaje marginal, que se llama punk, hacia otro absolutamente convencional. Moraleja (Ana Perurena) es la odisea de la protagonista en la búsqueda y recuperación de sus seis hermanas por toda nuestra geografía al tiempo que comienzan a abrirse puestos de castañas. Juicio final (Aldo Petucci) cuenta la historia de una devoción hacia el protagonista, un personaje tranquilo, pasivo, inquietante y asesino. Huella leve (Mitu Fit Sin) relata la historia de un japonés que llega a España a escalar el Mulhacén buscando la Verdad y cómo termina encontrándola en el pie de una mujer, volviendo a perder esa Verdad y lanzándose de nuevo en su búsqueda.

He dejado para el final el relato Increíble (Nastassia Filipovna), soberbio, que cuenta el deslumbramiento de un hombre maduro al ver una bailarina rusa, una odisea en una ciudad de provincias, un tremendo olvido y un final delicioso. En prosa (Dora Kronen) relata cómo la alemana protagonista, por un equívoco, llega a una España de la que no tiene buenos recuerdos y que la vuelve a meter en una espiral de equívocos y disparates que son, justamente, los que van a ir delimitando su destino. Divertido y ejemplar, un gran relato.

Llegué a este libro por recomendación de mi librería, Altazor, que, por cierto, descubro que ha abierto un blog: La tertulia de Altazor.

Tan sólo puedo añadir que siendo reacio a esa construcción que al principio pensaba como forzada, los relatos de Perros verdes, sin embargo, poco a poco, me han ido convenciendo de que estaba leyendo lo que es: un magnífico libro de relatos que no hay que perderse.


Hace un año: No tires las cartas de amor, de Joan Margarit


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18 comentarios:

Miriam G. dijo...

Lo dicho Enrique, tú nos quieres matar a recomendaciones ja, ja, ja... Me lo anoto, pero de momento voy a descansar de extranjeros, estoy ahora con Ucrania y no estoy disfrutando como lo hice con las anteriores de Pablo Aranda, y mira que no creo que el autor buscase cuando la escribió la reivindicación, si no la literatura, pero aun así veo algo forzado en ella. Si tú me dices que en estos cuentos no lo hay, te creo, pero me los voy a dejar para cuando tenga mejor disposición.

Gracias, un día más.

Un beso, Miriam G.

Enrique Ortiz dijo...

Pero no olvides el título, Miriam, que merece la penas disfrutar de estas historias. Pablo Aranda me parece un escritor con mucho futuro, con mucho que decir y mucho que contar. Un beso, Miriam.

Anónimo dijo...

Tantos Títulos que estoy abrumada, a ver si llegan las vacances y por lo menos uno o dos caerán. El de los extranjeros me atrae, ya me aconsejarás. Una pregunta ¿te los has leído todos?. Un beso Mam.

Miriam G. dijo...

Que a mí Pablo Aranda me gusta mucho como escritor ¡eh! Y sin conocerlo me cae muy simpático ¡eh! Sólo que Ucrania, pues eso, la temática, que me pone muy nerviosa, que soy un poco avestruz.

Un beso, Miriam G.

Enrique Ortiz dijo...

Mam, este te gustará y, claro, me los he leido y conste que leo poco y que no todos los pongo aquí, sólo los que me han gustado. Un beso.

Jejeje, Miriam, qué es eso de avestruz en cuanto a la temática??. Un beso, eh.

Anónimo dijo...

Anonadada me dejas, q lees poco? que no pones todo lo que lees, solo lo que te gusta? no tengo palabras; definitivamente creo que mi organización del día deja mucho que desear y mi lista de pendientes es casi infinita. Un beso grande. Cuti

Enrique Ortiz dijo...

Leo mucho menos de lo que debería, Cuti y eso lo noto: en otras épocas compaginaba como mínimo 3 libros y ahora casi siempre sólo sigo uno. Además, ahora leo más novela y antes me llevaba por delante más ensayitos, más teoría poética, etc. Eso sí, aprovecho el tiempo todo lo que puedo pero, claro, eso siempre es poco. Un beso fuerte, Cuti.

Pussy Galore dijo...

muy propio para mi situación, desde que soy emigrante, me interesan más este tipo de argumentos. Los entiendo mejor.
El otro día ví Strangers in Paradise y a pesar de que ya la habia visto le encontré un sentido nuevo. Es maravillosa.

Enrique Ortiz dijo...

El hacer esta entrada me acordé de ud y fíjese que pensé y me pregunté. ¿qué intricados caminos habrán llevado a Mrs. Galore a tierras escocesas?. Un beso emigrante y emigrado.

Miriam G. dijo...

Lee poco, pues a la hoguera con él. Cuti no desesperes, yo estoy igual o peor. Lo del avestruz es por intentar escapar de la máxima de que sólo los buenos sentimientos no bastan.

Un beso, Miriam G.

Marsu dijo...

Eso, a la hoguera, por leer poco o por mentir, porque si leer poco es eso....¿que c*** hacemos los/las demás? Mi día tiene las horas que tiene, y punto; pero seguro que en mi pueblo las horas van más deprisa que en el tuyo, Enrique, demonios, porque no sé cómo lo haces.

En fín. Que a mí sí me ha apetecido el libro. Así que lo encargaré, lo pondré en la pila (de libros acumulados, no en el lavabo, vaya...), y ya le llegará el turno, digo yo.

Y como siempre, gracias por la recomendación.

Enrique Ortiz dijo...

Pues un día voy a contar en un post cómo es mi día y vais a ver cómo no es diferente al vuestro y como se puede leer, al menos, una hora u hora y media todos los días. Marsu, te va a gustar este libro, ya verás. Un beso

magda gonzález dijo...

Me lo apunto también. Pero leyendo tu blog ha subido notablemente la pila de los libros por leer.
Gracias por pensar en todos nosotros cuando algo te gusta. Es tal el batiburrillo editorial, que bucear para sacar partido al poco tiempo que tenemos para leer, es toda una aventura.

Enrique Ortiz dijo...

Gracias, Magda; para mí apuntar libros que comentan en los blogs de la derecha se ha convertido en uno de los modos principales de encontra suculentas lecturas. Un beso fuerte.

Pam dijo...

Madre mía, menudo listado de llibros... se me acumula la fanea!
Saludos!!! Paseando con mi Vespaaaaaaaaaa, yeah!

Enrique Ortiz dijo...

Jejeje, pero ve con cuidado, Pammmmm.

Francisco Ortiz dijo...

Recuerdo cuando salió el libro, las buenas críticas, lo mucho que se esperaba de este autor (emparentado con un personaje muy querido y valorado de nuestra literatura española). Y qué raro que luego todo quedó en apenas nada. Un abrazo.

Matilde dijo...

Hago un comentario porque hoy buscando cositas en internet me encuentro con que Agustín Cerezales ha escrito un libro en el que su protagonista (o eso creo ya que no he leído el libro) se llama como yo Matilde Aguiar y resulta que el propio Agustín nación en el mismo año que yo 1957... casualidades de la vida. Un saludo a todos.

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